Äriastóteles Platónico

lunes, 26 de febrero de 2007

El efluvio de lo ridículo

Enrique Arias Valencia

Los músicos son terriblemente irrazonables. Siempre quieren que uno sea totalmente mudo en el preciso momento que uno desea ser completamente sordo.
Oscar Wilde

Cuando la soprano Conchita Julián se levantó antes de tiempo para prepararse a cantar en medio del quinto movimiento de la Segunda sinfonía de Gustav Mahler, el trance bochornoso no pasó a mayores, pues su interpretación vocal sí se presentó en el momento adecuado. También pude advertir que a uno de los miembros del coro se le cayó la partitura a un lugar inalcanzable, con el correspondiente ruidito. Todo esto sucedió el pasado sábado 24 de feberero de 2007, en la Sala Silvestre revueltas, del Centro Cultural Ollin Yoliztli. No obstante, hay algo más sobre el papel del ridículo en la Segunda sinfonía de Mahler. Y éste es el motivo para reflexionar en torno al ridículo en esta nota.
Nosotros los posmodernos ya estamos acostumbrados a los desvaríos melódicos de la hoy rapada Britney Spears; pero los oídos del siglo XIX no estaban listos para las sinfonías de Mahler, y en su tiempo éstas fueron catalogadas como “inejecutables”. Entre otras cosas, debió resultar atroz la representación de una marcha militar en medio de una sinfonía. La vulgaridad y su hermano de leche, el ridículo, tienen un papel pereponderante en el exaltadísimo quinto movimiento de la Segunda sinfonía. ¡Una marcha militar para levantar a los muertos de sus tumbas! Pues el tema de esta obra es la resurrección. No dejó de parecerme risible que los miembros del Coro de la Secretaría de Marina ostentaban sus bien plantados uniformes, mientras las notas paródicas del buen Gustav contrastaban con la supuesta solemnidad del acto.
Por cierto que los expertos saben que el primero que se atrevió a incluir una marcha militar en el final de una sinfonía vocal fue maese Beethoven, ni más ni menos que en su archiconocida Novena sinfonía. Pero en este nuevo milenio, tan neoliberal, tan poco artístico, parece que somos insensibles a las bromas de los grandes compositores.
Punto y aparte merece el primer Scherzo de la obra. Tengo unos amigos, muy entendidos de la lengua italiana, quienes han tenido la gentileza de traducirme Scherzo como una suerte de broma muy especial, aguda, profunda. Las maderas y los bronces de esta pieza son una celebración de la ironía de lo ridículo. Y conste que el último movimiento se abre con un “In tempo des Scherzos”, que es tanto como decir que la ironía aún está por comenzar. Y al son de la fanfarria metafísica, la soprano Conchita Julián se levanta antes de tiempo. Nada que lamentar.



Tags: ridículo, Mahler, Ollin Yoliztli

COMENTARIOS

martes, 27 de febrero de 2007

Por pitagorica @ 4:12


Hola !! Felicidades por el blog, aquí lo estaré leyendo a menudo porque me encanta como escribes. Saludos queretanos con cariño. Y otra vez FELICIDADES. Que sea para bien. María.

miércoles, 28 de febrero de 2007

Por Arias_Ciencia @ 18:37


Hola María, gracias por visitarme.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Por leonardo soria @ 4:57


si es bien cierto lo que comentas, acerca de lo absurdo que es interpretar sin comprender o pretender que la música de tiempos pasados por ponérsele el absurdo nombre de "clásica" debe ser solemne; me parece que es también (rayando en el tema) ridículo tu comentario y que cojeas del mismo pie o sea que ves la paja en el ojo ajeno... y ya se sabe lo que sigue. La soprano Conchita Julián tiene una trayectoria amplísima y además de eso es una voz privilegiada (no tan sólo educada, aunque es otro cantar) y francamente criticar que se paró antes de tiempo es una ociosidad. No iba a pararse sino a cantar, cosa que hizo intachablemente así que reírse del contraste entre un scherzo (según tu propia traducción) y uniformes de gala, y exigir perfecta sincronía en asuntos de ponerse de pie (ceremoniosidad ociosa) no deja de ser, para completar la nota, un ridículo. Saludos!!!

domingo, 16 de septiembre de 2007

Por Arias_Ciencia @ 19:38


¿Leonardo Soria? Ah, sí ahora lo recuerdo. Es el hombre que aplaudió la actuación de Conchita Julián seis meses después del concierto. Parece que el caballero andante que salió a defender a la soprano lo ha hecho con mucho retraso. Yo ya ni recordaba el incidente.
Saludos a todos los Cronopios, tanto los puntuales como los impuntuales…