¿Qué es, si es que es algo, la realidad?
Enrique Arias Valencia
“Por muchas objeciones que se les hagan, las compilaciones de fragmentos producen numerosos efectos benéficos. No siempre estamos tan dispuestos ni tan ingeniosos como para comprender una obra entera en su valor intrínseco. ¿Acaso no marcamos en un libro, los pasajes que parecen referirse directamente a nosotros?”[1]
Goethe
Es así como Goethe rescata la estimación de las antologías en su libro Poesía y verdad, obra que no consulté completa, sino en una antología de obras de Goethe titulada Fragmentos del saber superior. Se trata de un modestísimo librito que se atreve a compendiar varios textos del inmortal poeta alemán. Y su aliento feliz me impulsa a seguir su ejemplo.
Si podemos contestar preguntas al amparo de la experiencia, y también podemos formar preguntas auxiliados por las matemáticas y demás ciencias formales, todavía nos falta dar respuesta a otras preguntas, como las siguientes: ¿Conforman los pensamientos a la realidad o la realidad conforma el pensamiento? ¿Son reales los pensamientos? ¿Es la realidad un pensamiento? ¿Qué es un pensamiento? ¿Qué es, si es que es algo, la realidad? ¿Y qué sigue? Por eso, Isaiah Berlin se pregunta:
“¿Cuál es la materia de estudio, el tema u objeto de la filosofía?”[2]
Isaiah Berlin nos introduce en la que considero una de las más importantes preguntas. Berlin sostiene que la filosofía se encarga de las preguntas que no tienen una respuesta empírica ni formal. Por ejemplo, él mismo plantea que la pregunta: “¿Cuál es la finalidad de la vida humana sobre la Tierra ?” no puede contestarse ni por la vía empírica ni por la formal. Se trata, por tanto, de una pregunta filosófica. Ahora, yo pregunto: ¿Y si la finalidad de la vida fuera aprender a hacer bien las cosas? ¿Qué podría implicar tal finalidad? ¿Qué es la finalidad en verdad? ¿Qué es en verdad la finalidad? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es el mundo? ¿Qué es el lenguaje con el que articulo estas preguntas? Ya Wittgenstein había sostenido que “Las fronteras de mi lenguaje significan las fronteras de mi mundo”. El lenguaje es frontera que limita, pero también engloba al mundo permitiendo su manifestación. Los límites permiten la existencia del mundo en su interior. El lenguaje es el lugar donde puede brotar la verdad. El lenguaje es el límite.
Sobre el problema de la verdad, Nietzsche nos lleva a considerar las relaciones humanas como el lugar donde se presenta la adición que llamamos “verdad” y se pregunta: “¿Es el lenguaje la expresión adecuada de todas las realidades?” La realidad es un producto del lenguaje. El carácter vivo de la realidad en tanto entidad que la sociedad distingue puede ponerse en paralelo con la verdad en tanto producto de las relaciones que se presentan en las sociedades humanas:
“¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son: metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como menadas, sino como metal”.[3]
De todo el ejército al que se refiere el filósofo alemán, concentrémonos en un caso concreto: la metáfora. Cuando un elemento lingüístico se refiere directamente a un objeto de atención, el tema aparente, y a su vez señala una referencia directa o tácita a un objeto diferente, nos encontramos con una metáfora. Por ejemplo, en la siguiente reflexión de Wilhelm Von Humboldt se habla de un hilado interior y un trazo exterior:
“Por el mismo acto por el que el hombre hila desde su interior la lengua, se hace él mismo hebra de aquélla, y cada lengua traza en torno al pueblo al que pertenece un círculo del que no se puede salir si no es entrando al mismo tiempo al círculo de otra”.[4]
Es así que el lenguaje es una frontera que permite la existencia en su interior, de un mundo humano. Humboldt propone que lenguaje y hombre se encuentran profundamente imbricados en una trama cuya expresión es la sociedad.
El lenguaje no sólo limita el mundo, sino que es la condición de posibilidad de la existencia del mundo en el interior del lenguaje. Por eso, la pregunta: ¿Qué es, si es que es algo, la realidad? Está acotada por el lenguaje. Y de aquí en adelante perseguiré a la inspiración como un perro de caza, y cuando la tenga cerca, la sujetaré de un mordisco.
Hace mucho tiempo leí un libro titulado La cuarta dimensión, del matemático Rudy Rucker. Entre otras linduras, el libro se encargaba de presentar y comentar lo que sobre dimensiones superiores habían escrito varios filósofos, matemáticos y escritores.
Es así que en dicha obra Rucker también hizo una excelente antología explicada de varios de los pensamientos en torno a las realidades superiores. En uno de los capítulos del libro, Rucker está convencido, de al menos dos cosas verdaderas:
“Sólo dos cosas parecen de verdad ciertas: existo y tengo percepciones”.[5]
Por lo tanto, la única certeza es que existo, y en consecuencia, quizá pienso; y sin embargo, percibo. Y así tenemos que Rudy Rucker nos comenta que en la novela de 1885 Una comunicación incompleta, Charles Howard Hinton expone su idea de que:
“la vida se repite una y otra vez, pero con pequeños cambios en cada ocasión. Después de «hacer» nuestra vida un número suficiente de veces, acabaremos por hacerla correctamente”.[6]
No necesito leer la novela de Hinton para sentirme embargado por la posibilidad que plantea. Sólo necesito reflexionar en el impacto que la idea provocaría en mi propia vida. Independientemente de dogmas religiosos o de otra clase, ésta es la idea que me resulta más atractiva de todas con respecto a lo que es la vida. Tiene cierto aroma nietzscheano, pero corregido y aumentado. Es un eterno retorno progresivo. De entre la vorágine de posibilidades tras la muerte, ¿no es ésta una bella idea? Renacer a algo mejor. Si tuvieras oportunidad de vivir de nuevo tu vida, pero con la ventaja de que podrías corregirla; ¿aceptarías? Y al final, sin embargo, no deja de ser cierta la sentencia de Heráclito: “A los hombres les aguardan cuando mueran tales cosas que ni esperan ni imaginan”.
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[1] Johann Wolfgang Goethe, Fragmentos del saber superior (antología), prólogo y selección: Lía Tummer, Traducción: Mario Alarcón, Buenos Aires, Errepar, 2000, p. 13.
[2] Isaiah Berlin, Conceptos y categorías. Ensayos filosóficos, Fondo de Cultura Económica.
[3] Friedrich Nietzsche, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, Tecnos, Madrid, 1998.
[4] Wilhelm Von Humboldt, Sobre la diversidad de la estructura del lenguaje humano y su influencia sobre el desarrollo espiritual de la humanidad, Trad. Ana Agud, Anthropos, Barcelona, 1990.
[5] Rudy Rucker, La cuarta dimensión, Salvat, 1989, p. 231.
[6] Rudy Rucker, La cuarta dimensión, Salvat, 1989, pp. 268-9. Tags: Cuarta dimensión, física, Ciencia ficción