Schopenhauer dice que los gigantes dialogan saltándose las generaciones, lo cual quiere decir que los grandes hombres no llegan a conocerse entre sí, porque no son contemporáneos. Esto se debe a que nacen muy pocos gigantes. Podemos ver, no obstante, que esto provoca que a veces los gigantes no puedan reconocerse entre sí en caso de que les toque vivir en la misma época. En el caso de Humboldt y Juárez la situación es curiosa, pues si bien fueron contemporáneos, no se conocieron en persona.
Todos recordamos hoy a Benito Juárez como el Benemérito de las Américas; lo laudable de Juárez es que cuando Humboldt murió, Juárez lo nombró Benemérito de la Patria, en 1859. Juárez leyó de Humboldt el Ensayo político de la isla de Cuba y el Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España. Por lo tanto, Juárez era un gigante que admiraba a otro gigante, un benemérito que supo distinguir a un benemérito. Humboldt y Juárez sabían que la gran política se hace con ciencia, y procuraron ser fieles a dicho saber, y así la ciencia debe compartirse por medio de una adecuada política de educación.