Los niños juegan a ser adultos y los adultos desean volver a ser niños. Es parte del juego del universo, en el cual nos niños nos enseñan que es más importante jugar que competir.
Una niña juega con una cuerda a ver cuántos saltos da en un minuto porque anhela desafiar la gravedad. Cada salto es un grito de independencia. Sin embargo, esta niña descubre que la gravedad se desafía mejor colgada de los árboles, saltando de una rama a otra. Para moverse en un árbol son necesarias las cuatro extremidades. La cuerda es más bonita saltarla en compañía (tres niñas).
Un niño juega con un trompo, y descubre que su amiga desafía la gravedad. Los niños y las niñas desafían la gravedad jugando rayuela o “avioncito” dibujando con gis una figura que deben saltar en el piso. Los niños saben que para bailar hay que levantar mucho las piernas, porque cada salto es un himno a la libertad.
A muchos niños y niñas les gusta ver llover. Para ellos es como un concierto de rock de la naturaleza con sonidos, olores y muchos colores. Y claro, salen a la calle y se mojan en los charcos. Papá y mamá deberán estar pendientes de su salud.
En fin, ser niño es algo tan fácil, que yo no sé cómo le hacemos los adultos para olvidarlo.