Enrique Arias Valencia
¿Qué tienen en común Walt Disney y Kant? Voy a exponer mi versión de la hipótesis de Kant-Laplace sobre el origen del Sistema Solar. Hace mucho tiempo una enorme nebulosa de gas flotaba en el silencioso espacio vacío. Dicha nube comenzaría a girar en torno a un esbozado eje, y al compás de su danza, actuando por gravedad, esta nube se contraería, compactándose, adquiriendo entonces forma de disco abultado. Dicho disco expulsaría un anillo de gas que pronto sería acompañado por otros que empujarían al primero un poco más lejos. Cada anillito formaría un planeta y el centro de la nube estaría ocupado por un enorme soberano estelar que con resplandeciente ley gobernaría toda su corte de planetas.
Casi siglo y medio antes de que Kant enunciara su hipótesis del origen del sistema solar, el astrónomo Kepler comenzó un libro llamado La armonía del mundo, donde demuestra que los planetas cantan continuamente en varias voces, percibidas por el alma, no por el oído. Kepler descubrió que los planetas cantan de distinta forma, según se encuentren más cerca o más lejos del Sol, pues nuestro amigo había descubierto que los planetas se mueven en órbitas elípticas.
¿Sabía todo esto Walt Disney? ¡Por supuesto que sí! Como buen científico físico, Disney quiso expresar en términos visuales y sonoros aquello que Kant y Kepler pusieron como ciencia. Walt tuvo la suerte de conocer a Stravisnsky en persona, y le planteó su idea de usar el comienzo de La consagración de la primavera para mostrar el origen del Cosmos en términos cinematográficos y musicales. A Stravisnsky le encantó la idea, y asesoró a Disney para producir una de las escenas más misteriosas de la historia de los dibujos animados. Por eso, en la película Fantasía un oboe plañidero perfila la nebulosa cósmica primitiva, de la que más tarde brotará el Sistema Solar. La batuta de Stokowsky recorre la historia del mundo natural en unos cuantos minutos; toda una proeza astronómica, geológica, paleontológica y en fin, científica.
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