La mitología del alma es la interpretación personal que hacemos de los mitos recurrentes y eternos. Dios es uno de dichos mitos. En el caso de la mitología de mi alma, Dios es todopoderoso pero imprudente.
La tradición acepta que Dios es omnipotente e infinitamente bueno. A mí me parece que tal afirmación es contradictoria. Si Dios es omnipotente, necesariamente habrá de hacer en algún momento algo que no sea bueno. Por la misma razón, Dios no es infinitamente bueno.
En vista de que la experiencia es la fuente del conocimiento, por experiencia propia he podido llegar a esta conclusión: es muy posible que Dios no sea infinitamente bueno, porque nadie con ese atributo podría permitir que padezcamos los horrores de este mundo, salvo por imprudencia.
Sin embargo, en la medida en que terremotos, pestes y guerras son el pan de cada día para muchos de nosotros, es evidente que Dios es omnipotente. Para la mitología de mi alma, queda así demostrado que Dios es todopoderoso, pero imprudente.
Sabemos, por la belleza, que Dios es excelente creador.
Sabemos, por el dolor y la vejez, que Dios es pésimo preservador.
Sabemos, por la muerte, que Dios es un todopoderoso destructor.
Dios es la omnipotencia joven. Los jóvenes son fuertes pero inexpertos. En consecuencia, Dios es joven e inexperto. Por eso vemos que el mundo es un derroche de energía muy mal encausado. Dios no sabe qué hacer con su omnipotencia, y mientras lo averigua, Dios nos crea y nos aplasta como una forma de demostrar su poder y disfrutar su juventud.