¿De dónde procede la imprudencia de Dios? Si Dios quiere ser bueno, pero no puede serlo, es posible que la imprudencia divina proceda de su juventud. Los jóvenes son buenos por naturaleza, pero no son lo suficientemente buenos debido a su inexperiencia. Dios se autoproclama bueno. Por lo tanto, cree serlo. En la práctica no lo es. Esto refuerza la hipótesis de la juventud de Dios.
En última instancia, Dios es un producto cultural, una metáfora que usamos para intentar paliar el abandono al que nos tiene condenados la naturaleza indiferente. Y sin embargo, sabemos, por la belleza y el bien, que Dios es excelente creador.