Yo no afirmo que Dios esté en todas partes, y por lo tanto, no está en un secuestrador. Tal y como dijo la niña que cita Nietzsche en la Gaya ciencia: "Me parece una indecencia creer que Dios está en todas partes".
Sin embargo, te agradezco que compartas tus experiencias con nosotros. Lo que sucede es que tú abogas por el monismo, la unidad de conciencia; y yo soy un veterano del pluralismo, el politeísmo y la filosofía a lo Occidente.
Yo soy católico por nacimiento, simpatizante del paganismo, ateo en todo el mundo. No hay que olvidar que como ya señalé por ahí, aun cuando Dios es el dueño de mi vida, yo soy quien paga la factura del dolor. En realidad, en lo anterior se basa el proceso del castigo eterno: Si Dios fuera el dueño de todo, no podría aplicar la pena del infierno. Debe, por tanto, dejarnos algo a nosotros. En consecuencia, el yo es el dolor. Yo soy mi dolor, y nadie hay quien me lo quite.
Yo soy mi dolor, el dolor es mi más puro yo. La soledad es ausencia, el dolor es presencia. Por consiguiente, el dolor es positivo y la soledad, negativa. Y sin embargo, la soledad es dolorosa.
El dolor es el verdadero asunto de la filosofía. El asunto de la filosofía es la sutancia del alma. Por lo tanto, el dolor es la sustancia del alma.
Saludos a todos y gracias por hacer menos dolorosa mi soledad.