Quizá los neoliberales no se han dado cuenta de que no todos los mortales tenemos los millones de Hildebrando, que no todos somos amigos del amigo de un señor que no vino a la fiesta, pero que sí fue capaz de conseguir un puesto de alta política, y que en consecuencia, quizá la madre que decide abortar lo hace para librar a su hijo de un mundo dominado por la pobreza, la indiferencia y el neoliberalismo.