Los niños son capaces de transmitirnos su energía y ganas de vivir. Son tan vivaces, que muchas de sus aventuras parecen fruto de la locura. A veces son tan acelerados en sus acciones que éstas rivalizan en esplendor con las de los generales y caballeros andantes más célebres de la humanidad. Muchos adultos sólo podemos sorprendernos frente a semejante despliegue de carcajadas, saltos y demás acrobacias de los pequeñines. Por supuesto que los papás y las mamás buscan la mejor manera de hacer que esa energía se canalice mejor. Por eso los deportes, la danza y los simples juegos son los mejores aliados de la infancia. Es así como nos damos cuenta de que los niños son esos pequeños locos que poco a poco se incorporan a la sociedad. Y llega entonces la hora de llevarlos a la cama a descansar. Como dijo Ralph Waldo Emerson: “Jamás ha habido un niño tan adorable que la madre no quiera poner a dormir”. Porque, aunque los niños no se cansen, un nuevo día los espera mañana en la mañana para disfrutar y descubrir.