Mahler, profeta musical
1ª de dos partes
Enrique Arias Valencia
“La sinfonía ha de ser como el mundo: debe implicarlo todo”.
Gustav Mahler
El compositor austriaco Gustav Mahler presenta el fenómeno del profeta que, temido, respetado y odiado en su tiempo, cayó en el olvido tras su muerte, acaecida en Viena, el 18 de mayo de 1911, para ser reconsiderado en la década de los sesentas. En este 2007 se cumplen 96 años de su fallecimiento.
Sus cualidades de augur musical quedan ejemplificadas con este pequeño estudio de su Tercera sinfonía. Durante la concepción de ésta, Mahler se lamentaba el no haber utilizado la palabra y la voz humanas en su Primera sinfonía, pero en la Tercera no tiene dudas al respecto: incluirá en esta obra una canción con letra de los poemas populares alemanes conocidos con el nombre de El cuerno mágico del doncel y también del libro Así habló Zaratustra, el final del capítulo “La otra canción de la danza”.
La obra terminada consta de seis movimientos: el primero, Mahler lo llamó alguna vez “La seducción del Verano”, donde un desfile descomunal de las notas marciales de los metales llama al Verano a combatir a su opositor, el Invierno. Mahler comentó: “Este movimiento es algo misterioso, es la manera en que la vida se abre camino paso a paso, surgiendo de la pétrea materia inanimada”. Este movimiento es una alocada empresa instrumental de media hora de duración.
El segundo movimiento presenta a los hermosos vegetales coronados de flores; la ejecución de esta parte es muy moderada en tono de La mayor y un ritmo de baile: ¾.
El tercer movimiento, continuando con el cuadro biológicamente evolutivo de la sinfonía, presenta a los animales en un Scherzo. Interesante resulta recordar que esta palabra italiana significa broma, juego, y es generalmente el movimiento “juvenil” de las sinfonías. Aquí cumple muy bien su función presentándose una “inocente comunión de verano” de los animales.
El cuarto movimiento muestra una versión oscurecida del hombre, al resonar la llamada de atención de Zaratustra con las palabras: “Escucha, hombre…” entonadas por la contralto. Dios sólo es aquí un cadáver yaciente, tal y como lo anunció el filósofo Nietzsche. Las instrucciones para los músicos sobre la ejecución de este movimiento son: “Muy lento, misterioso”.
Pero en el quinto movimiento Mahler presenta una musicalización del poema “Tres ángeles cantaban”, dirigiéndose a Jesucristo, el apóstol San Pedro y los ángeles niños con un coro femenino que irradia sus cálidas notas acompañadas por una contralto. Los cantores religiosos son aquí muy candorosos. Si Dios había muerto, como lo anunció Nietzsche; Dios fue sepultado y resucitado por Mahler.
El último movimiento se lleva la palma: al reflexionarlo nos damos cuenta, con Mahler, de que el tema del movimiento, el amor es equivalente a Dios, pues Dios sólo puede ser comprendido como Amor.
Esta colosal aventura musical conocida como Tercera sinfonía de Gustav Mahler presenta las características holísticas –es decir, que abarcan el universo– a las que pretendía el compositor. Por un lado toma como desarrollo de su obra la evolución de las especies desde los minerales, pasando por las plantas, los animales y los hombres, pero los escalones son coronados por los escaños de los espíritus y Dios-Amor; no obstante, para presentarnos el Cielo, utiliza recursos inauditos: nos narra esta odisea con voz infantil en la canción “Tres ángeles cantaban” y también con voz adulta (Nietzsche y su Zaratustra). Como dice José Luis Pérez de Arteaga, biógrafo de Mahler: “Oír para creer”.