Mahler, Profeta musical
2ª y última parte
Fue escuchando la desaparecida estación de radio Estereomil FM 89.7 como conocí a Mahler. Ahí presentaban frecuentemente el vigoroso Scherzo de su Primera sinfonía, y ésta fue la primera impresión que tuve de él. Muchos años después, inspirado en esa obra Primera sinfonía de Mahler, fundé un conjunto musical en el que mis mejores amigos del momento y yo componíamos música casera. Así pues, me convertí en apóstol del compositor austriaco considerado como uno de los precursores de los caminos que tomó la música del siglo XX.
Mahler, en sus cuatro primeras sinfonías, se presenta como un alegre culminador de la forma sinfónica, y para ello se inspira en tres fuentes: primero, en los poemas del libro El corno mágico del doncel, recopilados por Arnim y Brentano, dos de los máximos representantes del romanticismo alemán en la poesía. En segundo lugar, toma de Beethoven las ideas corales y vocales en general, que añadió éste en la sinfonía; y tercero, de Wagner tomará las ideas cromáticas y armónicas de este compositor. Así pues, en las cuatro primeras sinfonías de Mahler, las certidumbres de la vida son firmes y primaverales: la Naturaleza en la Sinfonía número uno posee inocente alegría y la muerte culmina en la Resurrección en la Segunda. En la Tercera Dios mismo vuelve a vivir, como lo explicamos en el análisis anterior. La Cuarta sinfonía presenta una deliciosa y cándida escena del cielo en el Finale de la obra: una madre canta lo que su hijo se imagina del paraíso: San Pedro pesca, Santa Marta es cocinera y Santa Cecilia dirige una orquesta. El lugar está lleno de dulces, frutas, y santos alegres, incluyendo a San Lucas, quien trae “un corderito para sacrificarlo sin sentimientos de culpa, con el asentimiento de todos”, como dice la letra de la obra.
Esta visión del cielo resulta increíble, como todo lo que hizo Mahler. Cuando mis amigos y yo teníamos en 1988 nuestro conjunto musical, entonces yo creía que las verdades poseían solidez y proporcionaban cálida seguridad. ¡Gracias, Mahler, por permitirnos aquellos momentos, evocando tu música!