sábado, 12 de mayo de 2007
Arte y humanidad


Enrique Arias Valencia

El arte es el destino del hombre y el hombre es el destino del arte.

Parece que la mayoría de las personas en la actualidad están convencidas de que Aristóteles dijo una gran verdad cuando sentenció que "el hombre es un animal político"; la política debe entenderse como la única actividad propia del ser humano, la rectora de todas las demás, que se ramifica en varias políticas especiales: hay políticas de trabajo, económicas, educativas, etcétera, por lo que este asunto ha terminado por ocupar nuestra vida casi por completo. Para el tiempo que nos sobra, gracias a la magnífica labor desplegada por los medios masivos de comunicación, tenemos motivos para dispersar la mente por medio del arte. Las políticas económicas deciden nuestro trabajo y es una cuestión de moda caprichosa la que dicta nuestras distracciones. Sin embargo, si analizamos el caso con atención, descubriremos que incluso nuestras diversiones están reguladas por la política.

El resultado del presupuesto anterior es la apatía que brota como producto de una rutina inhumana que nos persigue en nuestras labores cotidianas y en nuestros pasatiempos. ¿Hay alternativas para esta gris situación? La respuesta es sí, aunque por razones de espacio veremos sólo una de ellas.

En primer lugar, imaginemos que tras una jornada común de trabajo nuestro ocio se torna reflexivo: de pronto dejamos de entretenernos con los artistas, y entonces el arte revela un carácter más profundo: el de ser un vehículo de integración, de manifestación del ser en último término. Seremos más felices cuando dejemos de divertirnos con el arte, éste es su mensaje. Así alcanzamos el segundo punto: la revelación del arte nos dice que el hombre no es un animal, pero como se trata de una revelación intuitiva no podemos ofrecer una razón de este descubrimiento, por lo tanto, sólo podemos afirmarla. Cuando advertimos que el hombre no es un animal, recuperamos nuestra dignidad y la de la política: ésta se ve absorbida por el arte, por lo que deja de ser una cuestión de animales políticos para convertirse en una actividad humana, la celebración del espíritu.

¿Y la religión no hace eso por nosotros?, preguntará alguno. Al respecto tenemos dos respuestas. En primer lugar, ya advertimos que sólo consideraríamos una alternativa a la crisis de valores humanos que vivimos en la actualidad, y la religión no es una alternativa sino parte de la tradición, la cual tiene sus propios defensores. La segunda respuesta deriva de este carácter tradicional de la religión, pues muchos de nosotros pertenecemos al selectísimo grupo de personas nacidas en el seno de una religión que recibimos como herencia cultural y que aceptamos sin cuestionar; pero, con el paso del tiempo nos dimos cuenta de que esta misma religión es parte del engranaje de la moda actual, pues muchísimos líderes religiosos hablan más de política que de mundos trascendentes, en tanto que hay obras de arte que son una deliciosa invitación al mundo supracelestial. El mundo civilizado puede mostrarse muy ajeno a nuestro espíritu.
Sin embargo, no se trata de evadir esta civilización, sino de abordarla con una nueva óptica, cuyo punto de partida es dejar de ver el arte como distracción para que pueda convertirnos en personas con una nueva mentalidad; si dejamos de matar el tiempo, las veinticuatro horas del día se convertirán en tiempo libre, por lo que nuestro trabajo se transformará por esta intuición de nueva libertad que el arte nos brinda. ¿Cuál es ese arte? pueden preguntarse. Es una mirada nostálgica hacia la vida después de haber intuido la dignidad de nuestra persona; no es el arte que entretiene, insistimos, sino aquel que nos regresa nuestro tiempo y con deliciosas metáforas nos hace exclamar: "Soy un ser humano"; y a veces, sonrojados, descubrimos que lo habíamos olvidado.



Tags: arte, tiempo libre

Publicado por Ariastoteles @ 22:28
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