viernes, 25 de mayo de 2007
Una vez un profesor de filosofía me dijo que había advertido que yo soy el alma bella hegeliana.
Tengo argumentos que me convencieron de que la ley de la conservación de la energía es revocable. Dichos argumentos tienen un origen científico y razonado. Entre otros, el propio Max Plank advirtió que las leyes cuánticas sólo se cumplen en ciertas condiciones en un rango muy estrecho. Basta un sistema de cierta energía para que las leyes dejen de operar.
Por su parte, Douglas Hofstadter en su libro Gödel Escher Bach afirma que las leyes de la física se suspenden si el sistema tiene muchos parámetros activos. En consecuencia, las leyes de la naturaleza, según científicos muy importantes, no son inexorables.
La energía tampoco tiene una muy buena reputación en mi sistema de pensamiento. La definición de energía, es, a lo mucho, dudosa, y siempre la hace desembocar en una equivalencia entre materia y energía. En vez de ambas definiciones, prefiero el papel activo del poder. ¿Dónde reside el poder? En nuestra facultad de transformar el universo. El origen del poder estaría, por lo tanto, en la mente soberana del individuo creador. Dicho poder se enfrenta al mundo, y de la lucha brota un resultado visible en el universo. Si uno sabe qué es lo que quiere y sabe qué hacer, es muy posible que consiga su objetivo. ¿Cuál es el objetivo del alma bella?
Por lo tanto, vuelvo a la pregunta número uno: ¿es posible eliminar un mal recuerdo de una relación incapacitante? Y, ¿Cómo sería posible?


Enrique Arias Valencia


Tags: física, ciencia, filosofía de la ciencia, filosofía

Publicado por Ariastoteles @ 1:40
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