lunes, 28 de mayo de 2007
La divina creatividad


Enrique Arias Valencia

Lo más parecido al amor de Dios que podemos encontrar en este mundo es una amorosa madre educando a su hijo.
La historia nos enseña que en la Tierra han surgido ciertas religiones que bucan tanto la estabilidad como colmar la totalidad del ser humano.
Estas religiones comprendieron profundamente la armonía cósmica que brota de la capacidad de materializar, sin la cual ningún proyecto podría consumarse. Esta capacidad es el principio femenino, dulce y accesible, compasivo pero firme, el cual forma parte del latido creador del mundo.
Este tipo de religiones son sedentarias, como las que encontramos enn la India, Egipto o la Europa Latina, y se caracterizan por el hecho de que desde la más remota antigüedad han otorgado al principio femenino de creación tanta consideración como al masculino. Señalesmo ahora que si el principio femenino se identifica con la ternura receptiva, el principio masculino se identifica con la voluntad.
El arte religioso más elevado es producto de la filosofía que reconoce al principio femenino como elemento esencial del ser humano y se inspira en este principio para llevar a cabo su obra.
Entre los pueblos latinos de Europa el amor al principio femenino se expresó en la veneración a la Virgen María. Durante la Edad Media, las grandes catedrales fueron construidas con el propósito de que fueran sus moradas en este mundo. Recordemos que la Catedral de Chartres está dedicada a la Virgen Madre.
Las artes inspiradas en el principio femenino se rigen por normas tan precisas como las de la ciencia, y a veces más, como lo demostraron las obras de Leonardo Da Vinci. Esto es así porque nuestra madre naturaleza se revela hermosamente ordenada, dándonos una pauta de conducta.
Evidentemente, una tormenta en un bosque no parece algo tan ordenado como el postulado anterior nos invita a creer. La violencia del agua precipitándose desde el cielo, ahogando a muchos animales, y los relámpagos derribando y quemando árboles son imágenes del caos que también reina en el universo.
Pero el Dios del rayo es un principio masculino y el agua seguro que fecunda a la madre tierra. Las religiones sedentarias descubrieron el valor de los sentimientos dulces, accesibles y compasivos de la madre que acude a interceder por el creyente.
El magnífico mural “El hombre, contralor del universo”, de Diego Rivera, se presenta como uno de los más optimistas sitios del Palacio de Bellas artes, en la Ciudad de México. Es la expresión de la fe del hombre en su inteligencia y poderío. Al centro de la pintura, un obrero decide el destino del mundo. Se trata de un homenaje exclusivamente al optimista principio masculino; pero este optimismo es engañoso.
La desquiciada tecnología del controlador del universo ha dado origen a una monstruosa amenaza a la naturaleza entera. El hombre parece empeñado en aniquilar toda forma de vida. Si la Edad Media también es llamada la Edad de las Tinieblas, ¿cómo le llamaremos a la edad que amenaza con instaurarse por culpa de nuestro egoísmo? Es necesario reconsiderar la humana terenura que se expresa en el amor de una madre hacia sus hijos.

Tags: filosofía

Publicado por Ariastoteles @ 1:45
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