Äriastóteles Platónico

viernes, 01 de junio de 2007

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

SISTEMA UNIVERSIDAD ABIERTA



EL ARTE REDENTOR



TESIS

que para obtener el título de

LICENCIADO EN FILOSOFÍA

presenta:

ENRIQUE ARIAS VALENCIA


Asesor: Dr. Crescenciano Grave Tirado

México, D. F., 2002





Dedico esta obra a todos los seres,

vivos y no vivos, y aun aquellos que no sé

en qué clasificación están, como por ejemplo,
Dios.



A mis padres, señor Enrique Arias Hermida

y señora Concepción Cristina Valencia de Arias,

con cariño, admiración y respeto.



A mi hermano Alejandro, con cariño y veneración.



A mi maestro, señor doctor Crescenciano Grave
Tirado,

con admiración y gratitud.



A David, Jaime, Oscar, Tania, Veronika y Ruth.



Pero sobre todo, dedico este trabajo a Julia, a
quien doy un beso estridente, impúdico,
transgresor y escandaloso.


INTRODUCCIÓN


“A ti te interrogo alabado ángel de Dios

que me mostraste la condición salvadora.

¿Fui sólo mísero objeto de tu burla,

al anunciarme redención?

¡Vana esperanza!

¡Terrible y loca ilusión!

¡La eterna felicidad no existe en la tierra!”

Richard Wagner[1]



En esta tesis intentaremos exponer y confrontar
ciertas sentencias escogidas que sobre el arte
sonoro se encuentran contenidas en la estética
musical de Schopenhauer, en un ensayo
estético-político de Richard Wagner (así como fragmentos de
algunas de sus obras) y en El nacimiento de la
tragedia de Nietzsche. Nuestro objetivo principal es
mostrar el carácter metafísico de la música.



También, en menor medida y para apoyar nuestro
trabajo, consideraremos de manera tangencial
algunas reflexiones de Pascal y Goethe, cierto poema de
Schiller, y las convicciones de Beethoven
expresadas en su testamento espiritual; para así tratar
de completar nuestra presentación del carácter
metafísico del arte musical.



Con estos elementos, en este trabajo veremos cómo
puede, quizá, ser el arte un vehículo redentor,
para lo cual partiremos de las siguientes
preguntas: Ahora que Dios ha muerto, ¿podemos todavía
contestar a la pregunta, qué es el hombre? ¿puede el
hombre satisfacer su anhelo de redención? ¿Hay
puntos en común entre las opiniones que sobre la
armonía musical sostienen estos autores? ¿Puede un
poema puesto en música inspirar una reflexión
filosófica? Schiller habla de música cuando se
refiere a la inspiración poética, Beethoven sostiene
que “La música es una revelación más elevada que
toda la sabiduría y la filosofía”[2]. Schopenhauer
afirma que la música es un género apartado de
todas las artes porque es una lengua universal, cuyo
efecto sobre el espíritu humano produce un gozo
con el que podemos ver “expresarse lo más íntimo
de nuestro ser”,[3] en palabras del propio
Schopenhauer. Con música podemos contemplar la
manifestación de la voluntad de manera directa. Y la
voluntad e!
s el núcleo del mundo, el centro metafísico, la
cosa en sí, la cual es siempre una, y que sólo por
medio de la metafísica o la música puede
revelársenos. La voluntad está ocultada por el mundo
visible, el mundo como representación, que como un
velo, esconde al mundo esencial. Y el arte, al ser
la cúspide de la apariencia, nos alcanza a
divisar el mundo esencial, porque los contrarios son
complementarios, y la apariencia y la esencia se
complementan en la cúspide.



Arthur Schopenhauer en el capítulo LII de El
mundo como voluntad y representación muestra el
carácter metafísico de la música, por eso
compartiremos muchos de sus argumentos.



Ahora bien, a lo largo de varios pasajes de su
obra, Nietzsche habla de la importancia del arte,
así en su obra príncipe El nacimiento de la
tragedia, este filósofo afirma la redención por medio
de la tragedia, y en los Fragmentos póstumos
sostiene que “Tenemos el arte para soportar la
verdad”. ¿Y de qué nos redime el arte? Llega un día en
que Sileno nos dice la verdad del mundo, y el
mundo, mostrado como vano oropel, no puede sino
decepcionarnos. Esta decepción puede radicalizarse a
tal punto que, se transforma en una invitación a
buscar la muerte, tal como le sucedió a Beethoven.
¿Qué fue lo que impidió al Sordo de Bonn terminar
con su vida?



En El nacimiento de la tragedia Friedrich
Nietzsche propone un resurgimiento del arte trágico para
redimir a la sociedad en un “evangelio de la
armonía universal” y recurre al final de la Novena
sinfonía de Beethoven para aproximarnos al arte
redentor que El nacimiento de la tragedia anuncia.



Wagner, por su parte, está convencido de que por
medio “de este Arte todos los hombres están
salvados, y que sin embargo, todos pueden llegar a
morir de hambre por Él”.[4] Wagner será llamado el
Mago de Bayreuth porque sabrá transmutar el arte
en un elemento de salvación, una nueva religión
sin Dios. Wagner sostiene que:



“Toda mi obra procede de la Novena sinfonía.
Beethoven se entregó a los brazos del poeta para
liberar a la música de sus elementos particulares,
convirtiéndola en un arte general, hecho
sintomático del cual puede deducirse que la música
instrumental no podía realizar nuevos progresos sino
aliándose estrechamente con el drama”.[5]



El poeta al que se refiere Wagner es Schiller,
autor de los versos que Beethoven incluye en el
final de su obra. El poeta es capaz de acercarse al
lugar donde alguna vez nacieron los dioses y
puede anunciar un mundo que, por un instante,
restablece nuestra unión con la naturaleza. Y Nietzsche
también querrá rendir sus brazos al poeta para
presentar su visión del mundo.



Intentaremos saludar el alba de la labor
filosófica de Nietzsche, cuando la flor de su amistad con
Wagner aún no se marchitaba, y este mistagogo
inició al discípulo en el arte único e indiviso.



La Novena sinfonía de Beethoven es fuente de
inspiración para el joven músico revolucionario y
para el filósofo del escándalo dionisiaco que llama
a la transmutación de todos los valores y que
afirma que la vida sería un error sin música; la
partitura beethoveniana es, en principio, una obra
polémica, no hay que olvidar el cuestionable coro
que Beethoven incluye en el finale de la obra.
Por eso, es toda una fiesta revolucionaria el 5 de
abril de 1846, cuando el entusiasta Wagner se
atreve “a dirigir la Novena sinfonía de Beethoven,
obra hasta entonces considerada un enigma
indescifrable”.[6] Nietzsche también saluda esta obra en
El nacimiento de la tragedia, y la pone como
ejemplo de la transformación que lo dionisiaco
produce en sus adeptos.



¿Hasta dónde llegó la influencia de Wagner en El
nacimiento de la tragedia? ¿Renegó Nietzsche del
Credo wagneriano?, pues éste advierte que “que
aquel que se ha bañado alguna vez en los sublimes
deleites de este Arte superior queda consagrado a
Él para siempre, y jamás podrá ya negarlo”.[7] Y
años más tarde, Nietzsche querrá renegar del
wagnerismo expuesto en El nacimiento de la tragedia,
cuando en Ecce homo afirme que esta obra “Ha
influido e incluso fascinado por lo que tenía de
errado, por su aplicación al wagnerismo, como si éste
fuese un síntoma de ascensión”. Pero, ¿es así?
¿No hay aplicación al wagnerismo en una parte tan
importante de El nacimiento de la tragedia, que
éste puede aparecer en los lugares más
insospechados, digamos, por ejemplo, las figuras de Apolo y
Dioniso?



Desde antiguo se presentará el caso del filósofo
que aspira a ser artista y el del artista que
aspira a ser filósofo, como cuando Sócrates comienza
a escribir poemas la víspera de su muerte; así
también, el artista busca justificar sus creaciones
con argumentos, como el propio Wagner lo hace,
como veremos con su ensayo Arte y revolución.


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[1] Palabras del Holandés en Richard Wagner, El
holandés errante, Buenos Aires, Javier Vergara
Editor, 1992, pág. 31.

[2] Beethoven apud. Marion M Scott, Beethoven,
Barcelona, Salvat Editores, 1985, pág. 138.[]

3
Arthur Schopenhauer, Pensamiento, palabras y
música,
Madrid, EDAF, 1988, pág. 155.[]

4 Wagner apud. Charles Osborne, Wagner,
Barcelona, Salvat Editores, 1986, pág. 52.[]

5 Wagner apud. Marion M. Scott, op. cit., pág.
223.[]

6 Ángel Fernando Mayo, “Wagner” en Los grandes
compositores,
Vol. VIII, México, Salvat Mexicana de
Ediciones, 1983, pág. 27.

[7] Wagner apud. Charles Osborne, op. cit., pág.
52.

Tags: Wagner, Enrique Arias Valencia, Beethoven, filosofía

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