Viernes, 08 de junio de 2007
Hay cierta afinidad entre la verdad y la vida. Si la verdad es la visi?n que nos revela el fundamento del mundo, y este fundamento es la fuente de vida; un fondo terrible donde descubrimos que todo es Uno, entonces el arte tambi?n puede ayudarnos a soportar la vida.[79] Necesitamos soportar la verdad; pero, ?no era ella nuestro soporte? ?Qu? le ha sucedido al soporte?

II

Buscar: ?ste es el papel sempiterno del hombre, papel que se ha acentuado tras la muerte de Dios anunciada y sentida durante el siglo XIX. Dios hab?a muerto, y el arte quiso ocupar su trono. Despu?s de todo, Apolo y Dioniso no son sino met?foras que se refieren a sendos instintos art?sticos. Sin embargo, para soportar la terrible verdad del mundo es necesario contar con algo que satisfaga nuestra b?squeda. Richard Wagner propone un culto al arte y como toda devoci?n, tiene un Credo del que deben jurar fidelidad los adeptos:

?Creo en Dios, en Mozart y en Beethoven, y tambi?n en sus ap?stoles y disc?pulos. Creo en el Esp?ritu Santo y en la verdad del Arte, ?nico e indivisible. Creo que este Arte procede de Dios y vive en el coraz?n de todos los artistas. Creo que aquel que se ha ba?ado una vez en los sublimes deleites de este Arte superior queda consagrado a ?l para siempre, y jam?s podr? ya negarlo. Creo que a trav?s de este Arte todos los hombres est?n salvados, y que sin embargo todos pueden llegar a morir de hambre por ?l. Creo que la muerte me dar? mi mayor felicidad. Creo que en esta Tierra yo fui una inoportuna disonancia que ser? inmediatamente resuelta en forma perfecta por la muerte. Creo en el juicio final, que condenar? a horrendos sufrimientos a todos aquellos que en este mundo se hayan atrevido a traficar con el Arte puro, o que lo hayan violado y deshonrado a trav?s de la maldad de sus corazones y de la obscena lascivia de sus sentidos. Creo que ?stos ser?n condenados para toda la eternidad a oir su propia y vil m?sica. Creo, por el contrario, que los verdaderos disc?pulos del Arte superior ser?n transfigurados en un celestial velo de fragancia, luminosidad y dulces sonidos, y unidos por siempre con la divina fuente de toda Armon?a. ?Ojal? sea la m?a una sentencia de gracia! Am?n?.[80]

Wagner compone este Credo como un homenaje a Beethoven, pues forma parte de un cuento en el que el protagonista, un an?nimo compositor que adoraba al sordo de Bonn, despu?s de fracasar en sus intentos por hacer carrera musical en un indolente Par?s, muere en medio de una angustiosa miseria. El Credo es formulado el ?ltimo d?a de su vida. Y ese d?a el compositor advierte que ?l fue un ?spero sonido en la melod?a del mundo. Este hombre se descubre como ?una inoportuna disonancia?, y Wagner es el ap?stol de un arte nuevo que har? de la disonancia una bandera, porque quiere expresar en m?sica las tensiones del coraz?n del compositor rom?ntico, manifestado en Trist?n e Isolda.

?[...] Wagner debi? tener en claro de antemano, que su m?sica habr?a de expresar la permanente alta tensi?n y la agitaci?n incesante del tema que hab?a escogido para su drama. Y as?, debi? de ir m?s all? de lo existente, no s?lo acumular disonancias, sino hacerlas perdurar ?conscientemente en la historia de la m?sica? como valores propios, sin conducirlos a una disoluci?n en consonancias, como lo exig?a la teor?a desde hac?a siglos. El rigor de las disonancias en Trist?n e Isolda, deja muy atr?s a todas las anteriores.?[81]

Wagner va al m?s all? de lo que existe en el campo del sonido y ah?, aprende a componer los nuevos acordes que engalanar?n el arte del futuro. Wagner har? de la disonancia la regla, y no la excepci?n, porque quiere que sus creaciones ostenten un car?cter arrebatado, y as?, su Trist?n est? representado como un acorde que es disonante hasta el delirio: Fa, Si, Do sostenido, Sol sostenido. Es un acorde doloroso, porque, de acuerdo con la teor?a musical anterior, ninguno de sus tonos cuadra. Wagner nos incita as?, a querer escuchar y querer ir m?s all? de lo escuchado. Y su Credo nos advierte que m?s all? de la disonancia est? la muerte, la cual es la ?nica forma de resolver de manera magn?fica y pura las contradicciones de la vida. Wagner sostiene que para que la muerte pueda terminar con el conflicto que la vida plantea, el adepto debe ser redimido por medio del arte, al que Wagner considera como una entidad indivisa. Este arte es aquel que responde a la propuesta est?tica planteada por Beethoven. Un arte que sabe responder a la pregunta sobre la maravilla del mundo: el mundo encierra una tensi?n irresoluble si queremos permanecer en ?l.

Wagner en su Credo se refiere al creyente en el arte como un tono disonante, y tambi?n despliega un acorde que no es consonante para crear a Trist?n. A su vez, Nietzsche se refiere al ser humano como una disonancia: ?Si pudi?ramos imaginarnos una encarnaci?n de la disonancia ??y qu? otra cosa es el ser humano??, esa disonancia necesitar?a, para poder vivir, una ilusi?n magn?fica que extendiese un velo de belleza sobre su esencia propia?.[82]

?Qu? diferencia de opini?n, entre aquella que esgrimen el clasicismo y la Academia para referirse a la disonancia como un ?acorde desagradable? hasta la de Nietzsche, quien expresa que ?El placer que el mito tr?gico produce tiene id?ntica patria que la sensaci?n placentera de la disonancia en la m?sica?[83]!

Y al referirnos al hombre como una disonancia, ?y qu? es sino una disonancia inesperada? ?No se tratar?a acaso de una criatura que discrepa de su mundo circundante, un inconforme que resalta en medio de la consonancia general, la consonancia del clasicismo? Y desde su postura discordante, ?puede el hombre ver el fundamento del mundo?, porque la disonancia nos invita a distinguir su influencia como aqu?lla en la que ?queremos oir y a la vez deseamos ir m?s all? del oir?.[84]

III

S?lo obtendr? esta novia,
quien sea m?s libre que yo, que soy un Dios.
Wotan, La Valquiria, III, III.[85]

Cuando admiramos la maravilla que nos rodea, es inevitable preguntarnos ?cu?l es el fundamento del mundo? Varios fil?sofos a lo largo de los tiempos han encontrado variopintas respuestas a esta pregunta. Schopenhauer tuvo contacto con la filosof?a oriental; de ?sta extrajo la noci?n de que el fundamento del mundo est? cubierto por el velo de Maya, el velo de la ilusi?n desplegada ante nuestros ojos. El aspecto del mundo que advertimos por medio de nuestros sentidos no es sino un velo; al descorrerse, alcanzaremos a contemplar el fundamento del mundo. Cuando se descorre el velo de Maya, el mundo nos muestra su esencia, su modo real de ser. Schopenhauer llama voluntad al fundamento del mundo, pues ?sta preside a todos los fen?menos, sin ser ella misma fen?meno alguno:

?[...] el concepto de voluntad es el ?nico entre todos los conceptos posibles que no trae su origen del fen?meno de una simple representaci?n intuitiva, sino que viene del fondo mismo, de la conciencia inmediata del individuo, en la cual se reconoce ?l mismo en su esencia inmediatamente, sin forma alguna, ni siquiera la de sujeto y objeto, puesto que aqu? el que conoce y lo conocido coinciden?.[86]

Todo aquello que nos pueden mostrar nuestros sentidos est? cubierto por el velo de Maya, y mientras dicho velo nos cubra, la vida es sufrimiento, porque todo aquello que nos pueden mostrar nuestros sentidos es perecedero, y la muerte es generadora de dolor.[87]

El hombre en tanto que se sabe perecedero, es un ser que sufre, y mientras busca una explicaci?n a su sufrimiento, descubre que si algo le explica el sufrimiento, ese algo le explica el mundo, porque todo en el mundo es perecedero.

La antigua religi?n hab?a considerado el sufrimiento humano como una consecuencia de una falta moral, el pecado original, por medio del cual se pretend?a hacer responsable al hombre del sufrimiento del mundo; pero el siglo XIX experimenta con gran violencia, el declive de la fe, y el hombre necesitar? una nueva manera de comprender un mundo de donde se ha retirado el viejo Dios. Los poetas son unos de los primeros en advertir que Dios ha partido del mundo. Henri Heine escribe:

?Nada lo ha podido salvar. ?Oyes la campanilla? ?De rodillas!
Est?n llevando los sacramentos a Dios que agoniza?.[88]

El siglo XIX vive la premonici?n de un mundo nuevo, en el que Dios abandona el puesto que ten?a en el coraz?n humano. Y si Dios ha muerto, el arte viene a ocupar su reino, porque el fr?o de la soledad del trono vacante de Dios reclama un nuevo pr?ncipe. Un pr?ncipe que consuele al hombre, el asesino de Dios. Y tambi?n, un pr?ncipe que le ense?e al parricida a comprender la grandeza de su proceder. El arte le dice al hombre que bien puede convertirse en Dios. ?sta es la explicaci?n del arte.

Wagner aprende que el arte explica al mundo; cuando recibe esta ense?anza del romanticismo. Y si la vieja religi?n pretend?a explicar el mundo, deber? ceder su puesto frente al nuevo poder del arte. Wagner aprender? de Schopenhauer que el mundo, en tanto representaci?n, es dolor; pero el artista querr? a?adir al maestro que, el mundo en tanto voluntad, es amor. Giro rom?ntico que acompa?ar? las obras de Wagner. Por eso, al final del esbozo de El ocaso de los dioses que presentamos, al calcinarse el viejo mundo de los dioses, s?lo sobrevive el amor. ?Qu? fue lo que vio o quiso ver Wagner en la filosof?a de Schopenhauer? En una carta de diciembre de 1854, Wagner le comenta a Franz Liszt que

?[...] adem?s del ?lento? avance de mi m?sica, me he dedicado en el presente exclusivamente a un individuo que ha venido a m? en mi soledad ?aun cuando s?lo [sea] en forma literaria? como un regalo del cielo. Se trata de Arthur Schopenhauer, el fil?sofo m?s grande despu?s de Kant, quien ?seg?n ?l lo expresa? primeramente pens? sus ideas en forma completa hasta el fin. [...] Su idea principal, la final negaci?n de la voluntad de vivir, es de una tremenda gravedad, pero ?nica en su redenci?n. [...] Cuando pienso en las tempestades de mi coraz?n, en la tremenda convulsi?n con que se aferraba ?en contra de la voluntad? a la esperanza de vivir, m?s a?n, cuando todav?a esas tempestades degeneran en huracanes, he encontrado un ?nico sedante que en noches de insomnio me ayuda a conciliar el sue?o: es la entra?able e ?ntima a?oranza de la muerte: completa inconsciencia, total no ser, desaparici?n de todos los sue?os, ?la ?nica y final redenci?n! [...] pero dado que en la vida jam?s goc? la verdadera dicha del amor, erigir? un monumento a ?ste, el m?s hermoso de mis sue?os, en el cual este amor podr? hartarme desde el principio al fin. Tengo en mente el proyecto de un Trist?n e Isolda, la concepci?n m?s simple, pero m?s florida. Con la ?bandera negra? que ondea al final, me cubrir? para morir?.[89]

Wagner desea liberar al arte de la influencia de la sociedad moderna, y para conseguirlo, transforma al arte en la representaci?n de la vida misma, la cual cree que manifiesta su esencia en la filosof?a de Schopenhauer, filosof?a que le ense?a a Wagner que la tragedia es la obra que expresa mejor el mundo como voluntad, su car?cter doloroso, desgarrado. El arte es el medio para conocer y transformar el mundo, y como tal, recoge la esencia dolorosa de ?ste. Schopenhauer afirma que las contradicciones que plantea la vida son consustanciales a la vida misma, e incluso, a la esencia del seno de la voluntad, pues ?sta se encuentra enfrentada consigo misma:

?vemos en toda la naturaleza lucha, guerra y alternativas en la victoria, en lo cual hemos de reconocer el esencial desdoblamiento que se opera en el seno de la voluntad. [...] A trav?s de la naturaleza entera podemos seguir esta lucha, porque, en el fondo, el mundo no consiste m?s que de ella [...] y esta lucha no es otra cosa que la revelaci?n del esencial desdoblamiento que se opera en el seno de la voluntad misma?.[90]

Si la voluntad entra en conflicto consigo misma, y lo que sucede cuando un animal se come a otro, es que ?la voluntad de vivir se devora constantemente a s? misma y en distintas formas es su propio alimento?[91] entonces podemos concluir que, por as? decirlo, la voluntad tiene el coraz?n dividido. Cuando una mujer rechaza una petici?n amorosa, se trata simplemente de la voluntad despreci?ndose a s? misma. Schopenhauer advierte que el car?cter de la esencia de la voluntad era patrimonio de la tradici?n oriental: ?En China esta verdad es conocida desde los m?s remotos tiempos y se encuentra en la doctrina de la oposici?n entre yin y yang?.[92] En ?ltimo t?rmino, el yin simboliza la nada y el yang el todo; y a partir de aqu? es como esta doctrina china habla de los contrarios que, sin embargo, se dan vida mutuamente, porque son complementarios. De dichos contrarios brotan los dem?s: lo femenino (yin) y lo masculino (yang), la noche (yin) y el d?a (yang), lo pasivo (yin) y lo activo (yang), etc?tera. Schopenhauer quiere ver en esta doctrina un antecedente de su consideraci?n sobre la voluntad.

Y la m?s destacada manifestaci?n de la voluntad, que Schopenhauer identifica con el hombre lleva pues, grabada en el alma el conflicto que desdobla al n?cleo del mundo, el hombre es la contradicci?n en el mismo centro. Beethoven vive el desgarramiento de su existencia al despreciar un mundo que, sin embargo, es una invitaci?n a vivir. Beethoven llega a considerar la muerte como la ?nica forma de resolver esta contradicci?n y dirige a sus hermanos una carta conocida como ?El testamento de Heiligenstadt?, en la cual dice:

??Oh, compa?eros que me consider?is antip?tico, arisco y mis?ntropo, qu? injustos sois conmigo! Ignor?is la raz?n secreta que me induce a mostrarme de esa forma. Desde mi infancia mi coraz?n y mi pensamiento se sintieron inclinados a los tiernos sentimientos de la bondad; siempre me sent? en disposici?n de acometer grandes acciones. Pero pensad, por un momento, que durante seis a?os me he sentido afligido por una enfermedad incurable, que se ha visto agravada por la intromisi?n de m?dicos incompetentes. A?o tras a?o mis esperanzas de curaci?n han quedado gradualmente desvanecidas y, finalmente, me he visto forzado a aceptar la perspectiva de una enfermedad permanente... Mi infortunio me duele doblemente, ya que por su causa soy mal comprendido. Para m? ya no existe distracci?n en la sociedad humana, ni conversaciones delicadas, ni confidencias mutuas. Debo vivir solo, y si aparezco en sociedad lo hago ?nicamente cuando la necesidad me lo exige. Debo vivir como un proscrito... Estaba a punto de poner fin a mi vida. Lo ?nico que me retuvo fue mi arte. Verdaderamente, no me parec?a posible dejar este mundo antes de haber producido todas las obras que me sent?a urgido a componer; y as? me he arrastrado por esta miserable existencia... Patience, ?sa es la virtud (dicen) que debo escoger como gu?a; ahora que la poseo, espero persistir en mi resoluci?n de aguantar hasta el final, hasta que la Parca inexorable se decida a cortar el hilo; puede que mi condici?n mejore, puede que no; sea como fuere, hoy por hoy estoy resignado. A la temprana edad de veintiocho a?os me vi obligado a ser fil?sofo, cosa nada f?cil, ya que, en verdad, es m?s dif?cil para un artista que para cualquier otra persona. Dios todopoderoso que ves en lo m?s ?ntimo de mi alma, que ves a trav?s de mi coraz?n, sabes que rebosa de amor hacia la humanidad y de deseo de hacer el bien. [...] mi deseo es que teng?is una mejor y m?s despreocupada existencia que la que yo he tenido. Estimulad a vuestros hijos a ser virtuosos, ya que solamente la virtud puede hacer al hombre feliz. El dinero no lo logra. Lo digo por propia experiencia. Fue la virtud la que me sostuvo en mi miseria. Gracias a ella, y tambi?n a mi arte, no puse fin a mi vida mediante el suicidio. Adi?s y amaos el uno al otro... Gozosamente voy al encuentro de la muerte. Si viniera antes de darme la oportunidad de desarrollar plenamente mis dotes art?sticas, aun teniendo en cuenta mi duro destino, vendr?a demasiado pronto y, sin duda, me gustar?a posponer su llegada. A?n as?, estar?a contento, ya que ?acaso no me librar?a de una condici?n de sufrimiento continuo??[93]

La cat?strofe es muy parecida a la del destino del h?roe tr?gico: su suerte es la de un rebelde que se enfrenta al decreto inexorable de Dios; el personaje anhela y rechaza la muerte por igual, lo cual constituye una contradicci?n en los t?rminos, expresando as? una paradoja, la m?s radical de todas, la paradoja humana. Es el arte el que salva a Beethoven de suicidarse y es el arte el arma con la que pretende enfrentar el destino. El ?nimo del compositor fluct?a entre la resignaci?n y la esperanza.

Y sin embargo, hay contados ejemplos de individuos que muestren un grado similar de implacable coraje humano. Pareciera que la opini?n que uno tiene del mundo en general depende del car?cter espiritual que preside su sentido de identidad social. Por eso, Beethoven no puede inmolarse sin abandonar aquello que considera su identidad como persona en la sociedad: su m?sica es aquello por lo que vive, porque su m?sica es lo que le permite ?acometer grandes acciones? con las cuales puede expresar ?los m?s tiernos sentimientos de bondad? hacia la humanidad. Y en el sentido en el que Beethoven desea legar una obra a sus semejantes, comparte con Prometeo su af?n creador. El esp?ritu prometeico es aquel que busca redimirse en su creaci?n. Y considera la libertad de la voluntad como acci?n del hombre.

?C?mo vivir despu?s de escuchar la verdad de Sileno? Porque la verdad de Sileno nos evidencia que lo mejor es no nacer, y sin embargo, la tentaci?n de existir es muy grande; por ello, aunque Beethoven, en medio de su sordera ha escuchado la verdad de Sileno, la cual ha convencido al m?sico de que lo mejor es abandonar la vida; porque est? hundido en ese abismo del mundo que llamamos dolor; Beethoven, a pesar de todo, descubre un motivo para seguir viviendo: el arte musical que lo insta a componer aun cuando no escuchar? sus obras. Ante esta nueva perspectiva, que redime al artista de su dolor, Beethoven exclama: ??Ser?a tan maravilloso vivir!?[94]

La muerte es el acertijo principal que se presenta a cada uno de nosotros al nacer. Ahora que estamos vivos, nos damos cuenta de lo maravilloso que es este momento presente. Pero moriremos, sabemos que as? ser?. Saber que moriremos es espeluznante, lo suficientemente atroz como para suicidarse. Un suicidio as? ser?a producto del amor a la vida. No obstante, la voluntad humana bascula entre un extremo desolado y otro de esperanza. Schopenhauer, por su parte, considera el suicidio desde la perspectiva de su sistema filos?fico en los siguientes t?rminos:

?El suicidio, lejos de negar la voluntad de vivir, la afirma en?rgicamente. Pues la negaci?n no consiste en aborrecer el dolor, sino los goces de la vida. El suicida ama la vida; lo ?nico que le pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece. Al destruir su cuerpo no renuncia a la voluntad de vivir, sino a la vida?.[95]

Por lo tanto, el suicida no renuncia a la voluntad de vivir, sino que ?nicamente disuelve la manifestaci?n singular, es decir, su propia vida, sin disminuci?n alguna de la voluntad. Una vida en extremo desgarrada es deplorable, no puede soportarse. Y si no se termina con la vida, tal como lo hace Beethoven, entonces, surge la enorme necesidad de crear un mundo superior a ?ste, un mundo en el que las contradicciones de la existencia se resuelvan en la armon?a de los contrarios, o que incluso, queden veladas por una bella apariencia. El mundo del sue?o nos entrega la luminosa experiencia de los dioses; el mundo on?rico tiende un enga?o que llamamos arte, el cual nos hace creer que la vida es bella. Nietzsche sostiene que ?Tenemos el arte para soportar la verdad?. ?Qu? arte? El arte que muestra nuestro desgarramiento en toda su terrible grandeza es el arte tr?gico.
 
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[79] Cf. Andr?s S?nchez Pascual apud. F. Nietzsche, en la edici?n citada de El nacimiento de la tragedia: ?Lo que Nietzsche expone en este escrito es su intuici?n y su experiencia de la vida y de la muerte. Todo es uno, nos dice. La vida es como una fuente eterna que constantemente produce individuaciones y que, produci?ndolas, se desgarra a s? misma. Por ello es la vida dolor y sufrimiento: el dolor y el sufrimiento de quedar despedazado lo Uno primordial. Pero a la vez la vida tiende a reintegrarse, a salir de su dolor y reconcentrarse en su unidad primera. Y esa reunificaci?n se produce con la muerte, con la aniquilaci?n de las individualidades?. El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?g. 18.
80 Wagner apud. Charles Osborne, op. cit., p?g. 52.
81 Richard Wagner, Trist?n e Isolda, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1992, p?g. 473.
82 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?g. 190.
83 Ibid., p?g. 188.
84 Idem.
85 Richard Wagner, La Valquiria, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1992, p?g. 345.
86 Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representaci?n, M?xico, Porr?a, 1998, p?g. 99.
87 Esta apreciaci?n coincide con la primera de las cuatro nobles verdades del budismo: la vida es sufrimiento. El budismo admite cuatro nobles verdades, a saber: la vida es sufrimiento, la causa del sufrimiento est? en los deseos, la supresi?n de los deseos conlleva la eliminaci?n del sufrimiento y el modo de lograr esto est? en hacer las cosas de manera recta.
88 Henri Heine apud. Ren? Laurentin. ?Ha muerto Dios? Madrid, Ediciones Paulinas, 1968, p?g. 15.
89 Richard Wagner, Trist?n e Isolda, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1992, p?gs. 422-423.
90 Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representaci?n M?xico, Porr?a, 1998, p?gs. 124-125.
91 Ibid., p?g. 125.
92 Ibid., p?g. 122.
93 Beethoven apud. Marion M. Scott, op. cit., p?gs. 58-59.
94 Ibid., p?g. 57.
95 Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representaci?n, M?xico, Porr?a, 1998, p?g. 305.

Tags: Wagner, Schopenhauer, Beethoven, Heine

Publicado por Ariastoteles @ 5:54
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