Domingo, 10 de junio de 2007
?Qu? diferencia tan enorme entre un bodeg?n y la tragedia de Prometeo! El primero es un mero remedo de la naturaleza, el segundo, es un ejemplo del ansia de libertad humana. Veamos esto. La estampa tr?gica de Prometeo encadenado no es solamente la del sufrido protagonista, sino tambi?n la p?rdida de Zeus, pues la causa ?ltima por la que el Padre de los dioses castiga a Prometeo es la negativa del hijo de J?peto a revelarle a Zeus el secreto de la ruina de este ?ltimo. La tensi?n entre estos dos aspectos est? matizada por el ansia que sentimos por la libertad de Prometeo. ?C?mo consumaremos esa ansia de libertad? ?Eliminando al Coro tr?gico? No. M?s bien, al contrario: nos situamos aparte, precisamente como un Coro b?quico, para recordar que algo, ?el propio Coro?, est? ah? para atemperar las violentas pasiones de la escena.

En el caso que nos ocupa, la imitaci?n de la naturaleza nos llevar?a a eliminar el Coro, cosa que constituir?a un dem?rito m?s que una ventaja est?tica, pues el Coro es uno de los elementos que nos revelan la Idea del mundo de dolor que ahora atendemos. Nietzsche reprocha a Eur?pides el que ?ste haya subido a escena a un espectador concienzudo, el cual paraliza el mundo tr?gico del Coro, para, a continuaci?n, sustituirlo por un mundo de pura l?gica, que pretende ser una ?m?scara fiel de la realidad?.[108] Por eso, el mero naturalismo lleva al esquematismo de la l?gica, y ?En el esquematismo l?gico la tendencia apol?nea se ha transformado en cris?lida?.[109] Y esto resulta en que el hombre de la vida cotidiana, trepado en el escenario s?lo ?reproduce concienzudamente tambi?n las l?neas mal trazadas de la naturaleza?.[110] Por el contrario, la libertad del artista es la que dicta su obra, y no la copia de la realidad, la deduce de la naturaleza. Por eso, la libertad es la verdad del artista y el coro dice la verdad. En este sentido, el asunto de la tragedia es la verdad y la libertad. Schiller es el poeta de la libertad creadora, y expresa su opini?n sobre las relaciones entre el arte libre y la mera copia de la naturaleza en el pr?logo a La novia de Mesina.

?Cuando la naturaleza ha dotado al artista de una comprensi?n exacta y un sentido ?ntimo adecuado, rehus?ndole el don de una fantas?a creadora, pintar? fielmente lo real y representar? con verdad los fen?menos accidentales; pero no, por consiguiente, el esp?ritu de la naturaleza. S?lo nos ofrecer? su materia exterior, pero no ser? la suya una obra propiamente art?stica, la libre creaci?n de nuestro esp?ritu en esa esfera; y carecer? del bienhechor car?cter del arte, que tan s?lo debe consistir en la libertad. [...] Aquel otro, al que, por el contrario, toc?le en suerte una viva fantas?a, pero sin car?cter ni sentimiento, curar? poco de la verdad y mucho del mundo exterior; y s?lo buscar? sorprendernos por lo singular y fant?stico de sus combinaciones; y como su obra toda no pasa de ser espuma y vana apariencia, nos divertir? unos instantes, pero sin dejar en nuestro ?nimo nada perdurable?.[111]

Si el artista posee una gran capacidad para comprender con precisi?n el sentido apropiado de los fen?menos accidentales, pero tiene negada la facultad de la imaginaci?n, entonces retratar? fielmente la naturaleza y la representar? como un remedo y no como una creaci?n propia; el artista s?lo nos presentar? las apariencias del mundo, mas no aquello que est? m?s all? de ?stas. Si el artista se excede en su fantas?a, nos ofrecer? s?lo quimeras, vanas esperanzas, producto de enso?aciones sin car?cter, que tampoco podr?n acceder a aquello que est? m?s all? de los fen?menos, aunque ahora, ancl?ndose en el mundo de lo singular y fant?stico.

En cambio, el artista que sepa trascender los fen?menos sin dejarse sorprender por las ilusiones, podr? gozar de libertad creadora, la cual es el sello distintivo del arte. En las bellas artes, tr?tese de la pintura, la escultura, la arquitectura, el teatro, la poes?a o la m?sica, han de estar presentes los principios de belleza natural en la composici?n del artista; pero, a menos que ?sta se realice agregando algo decisivo, no pasar? de ser una mera descripci?n de la naturaleza, no ser? una obra creadora, ni por consiguiente, una obra de arte. El agregado es la libertad del artista que celebra la expresi?n de las facultades creadoras del ser humano individual; ?se algo decisivo que agrega el artista permite la visi?n del fundamento del mundo, porque si se alcanza a ver m?s all? de los fen?menos, y m?s all? de los fen?menos est? su fundamento, entonces el artista puede expresar el fundamento del mundo, aquel que est? oculto tras los fen?menos, y que s?lo puede descubrirse con el esp?ritu. Schiller tambi?n sostiene que

?La naturaleza misma es una idea del esp?ritu, que no cae bajo el dominio de los sentidos. H?llase oculta entre los fen?menos, y jam?s se hace visible. S?lo al arte ideal le es l?cito penetrar en ese dominio, o mejor dicho, s?lo a ?l se le ha abandonado, con la condici?n de que se apodere del esp?ritu de ese todo y lo revista en forma corporal?.[112]

S?lo el artista puede asomarse a ese mundo, pero puede compartirnos su visi?n, prest?ndonos sus ojos. Miremos con los ojos del poeta las palabras del Coro que Esquilo hace visitar a Prometeo, y con esta ?ptica consideremos c?mo al final de La novia de Mesina el coro decreta que lo mejor es no nacer, sentencia que se ve matizada por la fantas?a coral. ?Puede el coro de la tragedia responder qu? es hombre? S?, el coro tr?gico nos dice, por medio de su intervenci?n qu? es el hombre, aunque lo hace mostrando una expresi?n simb?lica:

?personajes ideales y s?mbolos de una especie que expresan en toda su profundidad lo que es el hombre. La intervenci?n del coro que, como testigo y juez los oye, reprimiendo los estallidos violentos de su pasi?n, influye en la moderaci?n de sus actos y en la dignidad de su lenguaje. Est?n, hasta cierto punto, en un teatro natural, puesto que act?an y hablan ante espectadores; y, por tanto, son m?s id?neos para hablarle al p?blico en un teatro art?stico?.[113]

El coro, en tanto que evita que se desaten las pasiones, cumple, pues, un papel de mediador, es, por decirlo en un lenguaje nietzscheano, tambi?n apol?neo, en vista de su lenguaje, que busca la medida de las acciones y la forma bella.

?Puede el arte responder qu? es hombre? S?, el hombre es un desdoblamiento extremo, es una voluntad con el coraz?n dividido para deleite y venganza de los dioses. El coro nos dice a d?nde vamos, a qui?n pertenecemos. Mutatis mutandis, Wagner quiere rescatar el sentido de la solidaridad del coro, coro que padece junto con su se?or en El holand?s errante. Ah?, un capit?n maldito es seguido por su tripulaci?n en un buque fantasma, y as?, el largo lamento del capit?n tiene respuesta entre sus hombres, que sin actuar en el escenario son s?lo personajes et?reos que secundan a su se?or. El fragmento del drama dice as?:

El Holand?s: ???Aniquilamiento eterno, ac?geme!?
La tripulaci?n fantasma (invisible, desde el nav?o y como sordo eco):
???Aniquilamiento eterno, ac?genos!?[114]

La tragedia nos une para participar de los sufrimientos de Dioniso. Su sufrimiento es nuestro destino, eso es lo que proclama el coro. En esto consisten, tanto la sabidur?a del coro como el car?cter verdadero del arte musical que atiende, tanto a la palabra de Apolo, como a la verdad terrible de Dioniso. Nietzsche afirma sobre la solidaridad del coro b?quico:

?Este coro contempla en su visi?n a su Se?or y maestro Dioniso, y por ello es eternamente el coro servidor: ?l ve c?mo aqu?l, el dios, sufre y se glorifica, y por ello ?l mismo no act?a. En esta situaci?n de completo servicio al dios el coro es, sin embargo, la expresi?n suprema, es decir, dionisiaca de la naturaleza, y por ello, al igual que ?sta, pronuncia en su entusiasmo or?culos y sentencias de sabidur?a: por ser el coro que participa del sufrimiento es a la vez el coro sabio, que proclama la verdad desde el coraz?n del mundo?.[115]

El Coro tr?gico sufre ante el padecimiento del h?roe, de quien Nietzsche sostiene que no es otro sino Dioniso. El Coro tr?gico es una afirmaci?n que nos exhorta a soportar el dolor, porque con su ofrecimiento de fraternidad, busca ayudarnos a sostenernos en medio de nuestro padecer.

Sobre la alegr?a embriagadora que envuelve al coro b?quico, Nietzsche nos recuerda que ?En la alegr?a m?s alta resuenan el grito del espanto o el lamento nost?lgico por una p?rdida insustituible?.[116] Y en la medida en que el coro de la Novena sinfon?a de Beethoven es un coro pagano, participa de esta dualidad, la cual hemos querido retratar en aquello que llamamos la importancia mayor de los acordes menores: dicha sinfon?a de Beethoven est? en un modo menor, y ?stos modos musicales son capaces de despertar en el oyente sentimientos elegiacos; y si bien es cierto que en cuanto interviene la voz humana en la sinfon?a del Sordo de Bonn se interrumpe dicho modo menor para dar paso a otro mayor, los tres movimientos anteriores abundan en modos menores.

Beethoven abandera la idea de que el hombre puede intentar un enfrentamiento con el destino, con la certeza, sin embargo, de que el h?roe no podr? vencerlo. El hombre, formado con la imagen de la estirpe de los dioses, desea soportar la verdad por medio del arte; pero, una vez que los dioses nos han abandonado, parece que bien podemos ocupar su trono. Fernando Savater se pregunta: ??Y si la muerte de Dios en la cual todos hemos colaborado y colaboramos, nos exigiese un esfuerzo mucho mayor que el de apoyar en nuestros hombros lo que ?l soportaba en los suyos??[117]

Wagner quiso seguir su divisa rom?ntica que dec?a ?arte para conocer y transformar el mundo?; y frente a una de las situaciones que el siglo XIX vive con gran intensidad, el declive de la religi?n tradicional, el arte adquiere un car?cter participativo, y Wagner dirigir? los valores est?ticos para comprender y renovar un mundo de donde ha partido el viejo Dios. En una de las versiones de 1862 que el m?sico consider? para El ocaso de los dioses, Wagner esboz? las palabras finales de Brunhilda, la hero?na, de la manera siguiente:

?Pas? como un soplo la estirpe de los dioses.
Si dejo al mundo de nuevo sin se?or,
tambi?n revelo al mundo el tesoro de mi divina sabidur?a:
ni bienes, ni oro, ni la pompa de los dioses.
Ni palacios, ni dominios, ni la ostentaci?n de los amos.
Ni los enga?osos lazos de sombr?os pactos.
Ni la dura ley de hip?critas costumbres...
Dejad que, en el dolor y en la alegr?a, exista s?lo el amor?.[118]

La protagonista de la obra, Brunhilda, ha disuelto el sistema que reg?a al mundo, para librarlo de todo aquello que el viejo Se?or hab?a decretado en favor suyo. Ahora es el ingenio humano, representado por el fuego purificador, el que dominar? el nuevo mundo nacido de las cenizas del viejo orden. Un nuevo mundo regido por el amor, y no por las convenciones sociales. El oscuro pacto del viejo orden del mundo, el mundo de los convencionalismos, el mundo de las reglas escler?ticas, llega a su fin cuando se enfrenta con la figura art?stica.

Casi veinte a?os despu?s de que Wagner celebrara la muerte del Se?or del mundo y de los dioses, Nietzsche aborda el tema de la muerte de Dios en La gaya ciencia. La muerte de Dios marca la hora en que el hombre puede elevarse sobre s? mismo. Todos hemos matado a Dios: quienes profesamos el ate?smo pero anhelamos la llegada de un nuevo Dios, y quienes profesan alguna religi?n pero sus obras revelan que son ateos de coraz?n, por inclinaci?n o por ineptitud. Y pese a sus consecuencias, sus riesgos, v?rtigos y sus equivocaciones, la muerte de Dios es una invitaci?n para vivir en un mundo naciente.

??No hab?is o?do hablar de aquel hombre fren?tico que en la claridad del mediod?a prendi? una l?mpara, corri? al mercado y gritaba sin cesar: ??Busco a Dios, busco a Dios!?? Puesto que all? estaban reunidos muchos que precisamente no cre?an en Dios, provoc? una gran carcajada. ??Es que se ha perdido??, dijo uno. ??Se ha extraviado como un ni?o??, dijo otro. ??O es que se mantiene escondido? ?Tiene temor de nosotros? ?Se ha embarcado en un nav?o? ?Ha emigrado?? ?as? gritaban y re?an confusamente. El hombre fren?tico salt? en medio de ellos y los traspas? con su mirada. ??A d?nde ha ido Dios??, grit?, ??yo os los voy a decir! ?Nosotros lo hemos matado! ?vosotros y yo! ?Todos nosotros somos sus asesinos! ?Pero c?mo hemos hecho esto? ?C?mo fuimos capaces de beber el mar? ?Qui?n nos dio la esponja para borrar todo el horizonte? ?Qu? hicimos cuando desencadenamos esta tierra de su sol? ?Hacia d?nde se mueve ahora? ?Hacia d?nde nos movemos nosotros? ?Lejos de todos los soles? ?No caemos continuamente? ?Y hacia atr?s, hacia los lados, hacia adelante, hacia todos los lados? ?Hay a?n un arriba y un abajo? ?No erramos como a trav?s de una nada infinita? ?No nos sofoca el espacio vac?o? ?No se ha vuelto todo m?s fr?o? ?No llega continuamente la noche y m?s noche? ?No habr?n de ser encendidas l?mparas a mediod?a? [...]??.[119]


La muerte de Dios nos hace sentir el v?rtigo de descubrir el abismo del mundo, y advertir la naturaleza del fondo de este abismo acarrea la zozobra de nuestro coraz?n en la m?s completa oscuridad, aunque nuestro coraz?n no puede dejar de reconocer en el fondo de este abismo el origen del mundo. ?Y no es esto errar en un mundo conocido y desconocido a la vez? Conocido para el fondo de nuestro coraz?n y desconocido para nuestra individualidad. No obstante, aquel que se acostumbre a esta oscuridad bien podr? descubrirla como el fondo primordial del que todo brota y al que todo vuelve, el oc?ano insondable de lo inmanifestado, Dioniso, voluntad ilimitada, el inocente trasfondo del horror, origen y fin del mundo manifiesto. Aquel arte que quiera ocupar el trono de Dios deber? enfrentar las consecuencias de la muerte de Dios. Por eso, dado que el arte de Wagner pretende ocupar el sitial abandonado por Dios, es una celebraci?n de la noche universal, un presagio del ocaso de los dioses.

Dios ha muerto, pero la Virgen Mar?a est? de nuevo encinta, y ahora, dar? a luz a una ni?a: Euterpe.
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108 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?g. 102.
109 Ibid., p?g. 121.
110 Ibid., p?g. 102.
111 Friedrich Schiller, pr?logo a La novia de Mesina en Teatro completo, Madrid, Aguilar, 1973, p?g. 972.
112 Ibid., p?g. 973.
113 Ibid., p?g. 976.
114 Richard Wagner, El holand?s errante, Buenos Aires, Javier Vergara Editor. 1992, p?g. 33.
115 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?g. 85.
116 Ibid., p?g. 49.
117 Fernando Savater, Idea de Nietzsche, Barcelona, Ariel, 1995, p?g. 54.
118 Richard Wagner, apud. ?ngel Fernando Mayo, op. cit., p?g. 29.
119 Friedrich Nietzsche, La ciencia jovial ?La gaya scienza?, Caracas, Monte ?vila Editores, 1985, ? 125, p?gs. 114-115.

Tags: Prometeo Encadenado, Nietzsche, Schiller, Wagner

Publicado por Ariastoteles @ 6:22  | El arte redentor
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Comentarios
Algo influye la realidad, el entorno, en la obra de arte. El artista no es tan genial como para inventarse todos y cada uno de los detalles, creo yo
Publicado por Senocri
Lunes, 11 de junio de 2007 | 16:32