Martes, 12 de junio de 2007
II

Ahora bien: Beethoven prest? su ?nimo a los versos de Schiller para hacer cantar al coro en el ?ltimo movimiento de la Novena sinfon?a la reuni?n en una sola obra, de la verdad y la belleza. Es as? como el genio de Bonn le entrega la palabra final al coro. Schiller recupera el valor del coro tr?gico, y para expresar su decisi?n sabemos que escribe un pr?logo para una obra en la que reinstala esta figura del teatro cl?sico, porque ?S?lo el coro autoriza al poeta tr?gico para elevar su tono, llenar el o?do, interesar al esp?ritu y recrear el ?nimo?.[131]

La verdad ontol?gica es el fondo del mundo, es decir, Dioniso, verdad terrible y abismal, el misterioso Uno primordial del que todo brota y todo vuelve, el orden del horror. Es por eso que la verdad tiene que soportarse, tenemos que ser redimidos de esa verdad terrible. ?Qu? arte permite soportar la verdad de nuestra condici?n abismal? El arte que hace soportable el hecho de que venimos de la nada y a la nada volveremos. Este arte es la tragedia, el maridaje de Apolo (la individuaci?n) y Dioniso (lo indiferenciado). Al primero corresponde la forma, al segundo corresponde lo informe; Apolo se identifica con la bella poes?a; Dioniso, con la verdad terrible que habr? de soportarse mediante el maridaje con su instinto antit?tico. Y el coro es la expresi?n donde resuena la intenci?n de ambos instintos: hacer la plenitud del o?do e interesar el ?nimo por medio de un consuelo.

III

?Creo que a trav?s de este arte todos los hombres est?n salvados?.
Credo de Richard Wagner.[132]

?C?mo es la redenci?n anunciada por el arte tr?gico? S?lo la bella forma de la palabra apareada con el ?xtasis dionisiaco puede redimirnos del mundo como representaci?n. Y al suceder esto, se manifiesta de inmediato el mundo como voluntad, la cual es s?lo Una, y en tanto que es Una, barre con todas las diferencias entre los hombres, diferencias que s?lo pueden existir en la representaci?n, mas no en la voluntad misma. Dice Nietzsche en El nacimiento de la tragedia:

?Transf?rmese el himno A la alegr?a de Beethoven en una pintura y no se quede nadie rezagado con la imaginaci?n cuando los millones se postran estremecidos en el polvo: as? ser? posible aproximarse a lo dionisiaco. Ahora el esclavo es hombre libre, ahora quedan rotas todas las r?gidas, hostiles delimitaciones que la necesidad, la arbitrariedad o la ?moda insolente? han establecido entre los hombres. Ahora, en el evangelio de la armon?a universal, cada uno se siente no s?lo reunido, reconciliado, fundido con su pr?jimo, sino uno con ?l, cual si el velo de Maya estuviese desgarrado y ahora s?lo ondease de un lado para otro, en jirones, ante lo misterioso Uno primordial?.[133]

Advi?rtase que Nietzsche se refiere al himno A la alegr?a de Beethoven, y no de Schiller, pues aunque este ?ltimo es el autor de este poema, sin m?sica, no aporta la aproximaci?n a lo dionisiaco. Lo dionisiaco consiste en advertir que todo el mundo como representaci?n es una obra de arte: desde las infinitas luces estelares que podemos ver en una noche oscura, hasta los seres humanos, transfigurados por la magia del canto y el baile con los cuales nos hacemos miembros de una ?comunidad superior?, el coro dionisiaco.

Quienes vivimos bajo el hechizo de la ?moda insolente? desplegada por el velo de Maya queremos ver el mundo ordinario como un gran espacio hueco ?un monumental ?objeto?? lleno de numerosos objetos limitados por el espacio y el tiempo. Tal idea del mundo parece tan obvia e inmutable que de muy mala gana admitir?amos otra. Transitamos por la vida, ?perm?tasenos decir? con un objeto en la cabeza al que queremos hacer corresponder con el mundo.

No obstante, aquel que traspasa el velo de Maya trasciende el mundo como representaci?n. Y aquel que trasciende el mundo como representaci?n descubre que el universo no es un objeto. Por lo tanto, aquel que traspasa el velo de Maya descubre que el universo muestra un aspecto distinto al de un objeto. El universo se muestra como un proceso de creaci?n m?s all? del velo de Maya: no es un objeto ni un conjunto de objetos, porque es una obra de arte, una composici?n eterna que hace presentir a su creador.

?El ser humano no es ya un artista, se ha convertido en una obra de arte [...]. El barro m?s noble, el m?rmol m?s precioso son aqu? amasados y tallados, el ser humano, y a los golpes de cincel del artista dionisiaco de los mundos resuena la llamada de los misterios eleusinos: ??Os postr?is, millones? ?Presientes t? al creador, oh mundo???[134]

Participando en la tragedia se alcanza el entusiasmo. No nos resignamos ante el dolor de la vida; antes bien, a pesar de que somos finitos afirmamos la vida individualizada. As?, el fondo ?nico de las cosas es dionisiaco-apol?neo. Entusiasmo significa ?en-theos?: ?Dios en m?, y el milagro de Dios en m? se consigue por medio de la experiencia de la tragedia, cuando participo del misterio del coro:

?Con este coro [...] se consuela el heleno dotado [...] de una capacidad ?nica para el sufrimiento m?s delicado y pesado, el heleno que ha penetrado con su incisiva mirada tanto en el terrible proceso de destrucci?n de la denominada historia universal como en la crueldad de la naturaleza, y que corre peligro de anhelar una negaci?n budista de la voluntad. A este heleno lo salva el arte, y mediante el arte lo salva para s? ?la vida?. [135]

?Qu? es lo que viene al final, cuando la verdad nos abruma? ?Cu?l es el remedio que tenemos para soportar la vida? ?Con qu? podemos enfrentar la realidad, la realidad de la vida? El arte sobreviene para salvarnos de la verdad, nos dice Nietzsche; arte como suprema consolaci?n de la filosof?a, que nos habla no de una resignaci?n, sino de una afirmaci?n de nosotros como individuos.

Es en el arte dram?tico que llamamos vida, donde el dios desconocido se encuentra a s? mismo, y con ?l, nosotros descubrimos nuestra identidad. Este trasfondo ?ltimo usa la aparici?n del fen?meno para auscultar su propia voluntad y con este producto art?stico de su impulso est?tico se redime en la figura del mundo. ?Qu? papel jugamos nosotros en este gran juego del mundo? Un papel contradictorio, que nos hunde y nos eleva a la vez; pues la tragedia pone al descubierto nuestro car?cter contradictorio, ya que si bien creemos ser personas con plena condici?n de existencia, en realidad tenemos tanta como la de los r?gidos personajes de un cuadro: s?lo somos figuras que la voluntad proyecta en el mundo. Sin embargo, el fondo primordial recurre a la apariencia como el medio de encontrarse consigo misma. En esto consiste nuestro digno car?cter, en manifestar las enso?aciones del artista que genera el mundo para redimirse. Recordemos que en la Comedia del arte cultivada por los actores italianos, tan s?lo se especifica el asunto de la obra, y cada personaje improvisa el di?logo sobre la marcha. Eso es la vida desde nuestra humana perspectiva; no obstante, la voluntad encuentra motivo de deleite al producir una obra que s?lo se presenta para su festejo. La naturaleza manifestada no es sino un poema dram?tico, aquel en el que la voluntad regresa a s? misma tras su libre examen en su plenitud. ?Es el arte el destino del hombre o es el hombre el destino del arte? Y m?s bien, ?No es acaso la representaci?n del mundo algo que no es puesto en escena en nuestro honor?

?Tiene que quedar claro sobre todo, para humillaci?n y exaltaci?n nuestras, que la comedia entera del arte no es representada en modo alguno para nosotros, [...] m?s a?n, que tampoco somos nosotros los aut?nticos creadores de ese mundo del arte: lo que s? nos es l?cito suponer de nosotros mismos es que para el verdadero creador de ese mundo somos im?genes y proyecciones art?sticas, y que nuestra suprema dignidad la tenemos en significar obras de arte ?pues s?lo como fen?meno est?tico est?n eternamente justificados la existencia y el mundo:? mientras que, ciertamente, nuestra consciencia acerca de ese significado nuestro apenas es distinta de la que unos guerreros pintados sobre un lienzo tienen de la batalla representada en el mismo?.[136]

?En honor de qui?n se pone en escena la comedia del mundo? ?Qui?n es el creador ?ltimo del mundo? Sobre el regreso de la obra de arte con su creador ?ltimo, Beethoven confi? a su amiga Bettina von Armin unas palabras que podemos confrontar con el pasaje anterior de El nacimiento de la tragedia. Sin embargo, donde Beethoven dice m?sica en particular, Nietzsche se refiere al arte en general (el arte visto con la ?ptica de la vida); y que el drama universal se representa no para nosotros, sino para el ?verdadero creador del mundo?.[137] Aqu? nos interesa destacar que seg?n Nietzsche, dicho drama universal sobrepasa al artista humano, y as?, tanto Nietzsche como Beethoven coinciden en se?alar el car?cter independiente de la obra de arte con respecto a su creador. Para corroborar lo dicho, veamos la opini?n de Beethoven, dada a su amiga Bettina von Arnim:

?Cuando abro los ojos tengo que lamentarme, ya que lo que veo es contrario a mi religi?n, y debo despreciar un mundo que no sabe que la m?sica es una revelaci?n m?s elevada que toda la sabidur?a y la filosof?a... Pues yo s? que Dios est? m?s cerca de m? que de otros artistas; me asocio a ?l sin temor; siempre le he reconocido y le he comprendido y no tengo miedo por mi m?sica. ?No puede planear sobre ella ning?n hado mal?fico. Quienes la comprendan deben verse liberados, gracias a ella, de todas las miserias que las otras personas arrastran consigo... La m?sica, verdaderamente, es la mediadora entre la vida intelectual y la sensual... H?blale a Goethe de m?; dile que escuche mis sinfon?as y te confesar? que tengo raz?n al decir que la m?sica es el ?nico camino incorp?reo para entrar en el mundo m?s elevado del conocimiento comprensivo de la humanidad, pero que la humanidad no puede comprender... No sabemos qu? es lo que nos aporta este conocimiento... Toda creaci?n art?stica verdadera es independiente de su autor, incluso m?s poderosa que ?l, y vuelve a lo divino a trav?s de su manifestaci?n. Forma unidad con el hombre solamente en cuanto se convierte en testimonio de la mediaci?n con lo que hay de divino en ?l?.[138]

Cuando Beethoven se vuelve sordo, queda excluido de buena parte del mundo como representaci?n; entonces, deber? dirigirse hacia el interior. As? es como el compositor descubre el mundo como voluntad, y as? es como Beethoven contrapone al mundo de la ?costumbre austera? la experiencia del mundo como voluntad. ?l hace patente el car?cter metaf?sico de la m?sica relevando la sola representaci?n por el lenguaje directo de la voluntad, es decir, la m?sica. Beethoven no escucha m?s los sonidos f?sicos, sino los sonidos metaf?sicos.

?Qu? nos dice el conocimiento que nos proporciona la m?sica? La palabra de Apolo y la alegr?a desenfrenada de Dioniso se complementan en un juego de la verdad. ?Por qu? la m?sica es una revelaci?n m?s elevada que toda la sabidur?a y la filosof?a? Beethoven afirma que aporta un conocimiento, pero tambi?n dice ignorar qu? es lo que nos aporta dicho conocimiento musical; en tanto que Schopenhauer nos hace ver que aquello que sea una objetivaci?n directa de la cosa en s? ser? m?s potente que el mundo como representaci?n. Nosotros creemos que en esto radica el conocimiento musical; Schopenhauer afirma que la m?sica se encuentra aparte de la jerarqu?a de las artes porque ?sta no depende del mundo en tanto representaci?n de las Ideas, sino que es una objetivaci?n directa de la voluntad, y por ello la m?sica reproduce las esencias. ?Qu? son las Ideas? Schopenhauer, siguiendo el planteamiento plat?nico, nos dice que las Ideas son ajenas a la multiplicidad, son los modelos de las cosas individuales, sus imperecederas formas:

?las eternas formas de las cosas, no apareciendo en el tiempo y en el espacio, medium del individuo, sino inm?viles, no sujetos a cambio alguno, siendo siempre y no deviniendo nunca, mientras los individuos nacen y mueren, siempre est?n llegando a ser y nunca son [...]?[139]

Schopenhauer sostiene que la voluntad se objetiva por grados, y los diversos grados de objetivaci?n de la voluntad son otras tantas Ideas. Las Ideas determinan nuestro mundo, pero la m?sica no est? determinada por ideas, sino que es un lenguaje paralelo a nuestro mundo.

?[...] la m?sica es una objetivaci?n tan inmediata y una imagen tan acabada de la voluntad como el mundo mismo, y hasta podemos decir como lo son las Ideas, cuya varia manifestaci?n constituye la universalidad de las cosas singulares. Por consiguiente, la m?sica no es, en modo alguno, la copia de las Ideas, sino de la voluntad misma, cuya objetividad est? constituida por las Ideas; por esto mismo, el efecto de la m?sica es mucho m?s poderoso y penetrante que el de las otras artes, pues ?stas s?lo nos reproducen sombras, mientras que ella esencias?.[140]

La m?sica no habla de cosas en particular, sino de la alegr?a y del pesar en general, por lo que nos comunica no con ?sta o aquella alegr?a; ?ste o aqu?l pesar, sino que nos comunica directamente con la esencia de la alegr?a y la esencia del pesar. La m?sica, en tanto objetivaci?n directa de la voluntad nos pone en contacto con los sentimientos esenciales sin ning?n contenido propio. Y en vista de que no trata con ning?n pesar o alegr?a en particular, sino de ?stos en general, y dado que la metaf?sica es una ciencia que se ocupa de principios general?simos, los principios del ser; entonces la m?sica es una labor metaf?sica, pero dado que esto no lo sabe nuestra raz?n, entonces la m?sica es una pr?ctica instintiva de metaf?sica, en la cual nuestra conciencia ignora que est? haciendo filosof?a.

?Qu? nos dice el conocimiento que nos aporta la m?sica? Necesitamos soportar la verdad ontol?gica, una terrible y abismal verdad, la cual nos revela que de la nada venimos y a la nada retornaremos; y en tanto esto ocurre, el horror de la exuberancia de la vida se manifiesta por doquier. En esto radica el car?cter metaf?sico de la m?sica, porque si la filosof?a y la m?sica tratan con principios general?simos, entonces ambas son ejercicios de metaf?sica, dado que ?sta s?lo se ocupa de principios generales.

Todo lo que forma parte de la voluntad est? por encima de la raz?n, porque la raz?n es un fen?meno, en tanto que la voluntad es la esencia del mundo. Y dado que la esencia es aquello que hace ser a algo, la voluntad es lo que hace ser al mundo. Si el mundo estuviera fundado en la raz?n, entonces, ?cu?l ser?a la raz?n de ser del dolor que no cesa, y la raz?n de ser del deseo insatisfecho? En cambio, bien puede verse que la voluntad es una tendencia sin fin, ajena a la raz?n. La voluntad precede a la raz?n, al tiempo y al espacio, que son fen?menos, meras objetivaciones de ella. No obstante, seguir los dictados de la voluntad produce dolor.

La raz?n necesita estar mediada por el pensamiento discursivo. Al no necesitar de mediaci?n alguna, aquello que nos habla al inconsciente es m?s poderoso que aquello que nos habla a nuestra raz?n, porque nuestra raz?n se ocupa de meros fen?menos, en tanto que nuestro inconsciente est? en contacto con nuestro coraz?n, que s?lo sabe de dicha y sufrimiento, tal como sucede con la voluntad. La filosof?a nos habla a nuestra raz?n, en tanto que la m?sica nos habla al inconsciente, por lo que la m?sica es m?s poderosa que la filosof?a, porque la raz?n juzga, en tanto que el coraz?n siente. Sin embargo, la metaf?sica bien puede hacer que la filosof?a acceda al reino de la m?sica. Leibniz afirma que ?la m?sica es un ejercicio inconsciente de metaf?sica en el que la mente no sabe que est? filosofando?.[141]
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131 Friedrich Schiller, op. cit., p?g. 971.
132 Charles Osborne, op. cit., 1986, p?g. 52.
133 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?gs. 44-45.
134 Ibid., p?g. 45.
135 Ibid., p?g. 77.
136 Ibid., p?g. 66.
137 Ver ed. cit. de El nacimiento de la tragedia, p?g. 66.
138 Ludwig van Beethoven apud. Marion M. Scott, op. cit., p?g. 117.
139 Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad, y representaci?n, M?xico, Porr?a, 1998, p?gs. 111-112.
140 Ibid., p?g. 204.
141 Gottfried Leibniz, apud. Arthur Schopenhauer, ?La m?sica en la jerarqu?a de las artes?, en Pensamiento, palabras y m?sica, Madrid, EDAF, 1998, p?g. 169.

Tags: Schiller, Nietzsche, Wagner, Schopenhauer, Leibniz

Publicado por Ariastoteles @ 17:45  | El arte redentor
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