Jueves, 14 de junio de 2007

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NOCHE DE EPIFAN?A

Bendita sea la noche eterna.
Novalis[158]

?Maldito sea el d?a y sus resplandores!
Wagner[159]

I

?Qu? es la Epifan?a sino la manifestaci?n de Dios en el mundo? Esta manifestaci?n sucede cuando cesan todas las diferencias entre los hombres. Y dado que la noche anunciada por el poeta es el tiempo en el que todas las diferencias desaparecen, la noche es el tiempo en que Dios se manifiesta. Este Dios no es otro sino Dioniso, pues al corresponderle a Apolo ser ?el resplandeciente?, a Dioniso, su contrapartida, le pertenece el imperio de la Noche.

Llamaremos Epifan?a a la manifestaci?n del Ser supremo en cada uno de nosotros. ?sta sucede cuando escuchamos directamente los latidos del coraz?n de la voluntad, cuando tenemos ante nosotros la ruina de la pareja constituida por Trist?n e Isolda. En el drama que lleva sus nombres, el mundo como representaci?n se derrumba frente al mundo como voluntad, por eso al comenzar a descorrerse el velo de las apariencias, podemos oir c?mo la voluntad, que objetivada en su grado m?s alto, permite que los amantes se pregunten mutuamente:

??Soy yo?
?Eres t??
?No es un enga?o?
?No es un sue?o??[160]

Y despu?s, cuando dos se hacen uno, entonces se disuelve irremediablemente la dualidad y se revela la plena oscuridad del fondo del mundo; por eso Trist?n no puede sino enemistarse con el d?a, porque su luz es lo que revela la multiplicidad enga?osa de los individuos, en tanto que ?el vasto reino de la noche universal? es saludada como el mundo que no sabe de fronteras, y su amor universal no hace distinciones de ninguna clase. Incluso, esta palabra ?amor? no es sino una licencia que Wagner se toma para intentar traducir el lenguaje de Schopenhauer a m?sica, para tratar de ir m?s all? de este fil?sofo ?quien no hab?a visto el amor como n?cleo del mundo?, con lo que el compositor se acerca con temeridad hacia la nada; pero es precisamente lo que quiere, porque ?el anheloso Todo? est? a punto de devorar a Trist?n e Isolda, con lo que podemos poner en paralelo a ?ste Todo wagneriano con el Dioniso de El nacimiento de la tragedia:

??No lo perciben? ?No lo ven?
Tan s?lo yo oigo
esa voz
llena de maravillosa suavidad,
que cual delicioso lamento
todo lo revela
en su consuelo tierno.
Es cual una melod?a
que al partir de ?l, me penetra
repercutiendo en torno m?o, sus ecos graciosos.
Esa clara resonancia que me circunda
?es la ondulaci?n de blandas brisas?
?Son olas de aromas embriagadores?
?C?mo se dilatan y me envuelven!
?Debo aspirarlas?
?Debo percibirlas?
?Debo beber o sumergirme?
?O fundirme en sus dulces fragancias?
En el fluctuante torrente,
en la resonancia armoniosa,
en el infinito h?lito
del alma universal,
perderse,
sumergirse
sin conciencia,
?supremo deleite![161]

El d?a falaz es el enemigo a vencer; los personajes de Wagner nos dicen que no es la luz de la raz?n la que hace al hombre, sino la oscuridad infranqueable de su vida an?mica. Wagner rescata el mito de los amantes desinhibidos por un filtro de amor para manifestar a Trist?n e Isolda como objetivaciones (figuras) de la voluntad, y como tales, son arquetipos de la representaci?n. Sin embargo, cuando la identificaci?n de la pareja alcanza las cimas de la voluntad, entonces desaparecen las entidades individuales para dar paso a Dioniso, quien destruir? a sus criaturas para su propia satisfacci?n. Con Wagner, la voluntad se representa en la ?pera. La tragedia gira en torno a la unificaci?n total de estos dos personajes. Y sobre las palabras de Isolda ?Y nuestro amor, ?no se llama Trist?n e Isolda??[162] Kurt Pahlen sostiene que

?[...] se enlazan las melanc?licas meditaciones de los amantes sobre la unidad eterna e inseparable de sus vidas, de sus muertes. La conjunci?n no los separa, los une, hace uno de los nombres, uno de los individuos. Si desde el punto de vista gramatical fuera posible, tal vez Wagner hubiera llamado a su obra de buena gana Tristaneisolda o m?s sencillo a?n Tristanisolda para se?alar esta unidad perfecta...?[163]

La bendici?n de Novalis y el anatema de Wagner alcanzan su m?s pura s?ntesis en el Zarathustra, pues Nietzsche tambi?n se hace eco de esta tendencia del romanticismo cuando exclama: ?Luz soy: ?ay, si fuera noche!?[164] La uni?n del saludo que consagra a la noche y la invectiva al d?a rinden un fruto neutro, porque no hay sino nostalgia en la exclamaci?n nietzscheana... una nostalgia acompa?ada por una deuda cuyo pago es a costa del alma. Isolda era prisionera del d?a y Zarathustra lo ser? de la noche. La noche es el mundo de lo informe, el origen abismal del mundo, y es el d?a el que da nacimiento a los individuos. Por lo tanto, dirigirse a la noche eterna es reencontrarse con el origen, pero el costo del viaje hacia la noche es la disoluci?n irremediable del individuo. Poco antes de que la locura termine con su vida intelectual, Nietzsche escribe una postal a su amigo Peter Gast que dice: ?Mi maestro Pietro: C?ntame una nueva balada: el mundo se ha oscurecido y todos los cielos se regocijan de ello?.[165]

El arte tr?gico es aquel que nos permite escuchar el ?ventr?culo cardiaco?[166] de la voluntad, y dado que la voluntad tiene el coraz?n dividido, enfrentado consigo mismo, el arte tr?gico mostrar? dicho enfrentamiento en la escena. Y tambi?n, dado que la voluntad es el centro del mundo en tanto cosa en s?, el arte trasciende la representaci?n para alcanzar la voluntad. Y no nos quedemos rezagados cuando, mediante la imaginaci?n, nos representemos al artista de inspiraci?n tr?gica, porque ser? ?ste quien nos muestre la esencia del mundo. Y es Wagner quien con paso firme se dirige desde las bambalinas al teatro para presentar su papel, y as?, con sus dotes de histri?n, nos dice:

?Solamente veo que el estado normal de mi naturaleza es la exaltaci?n, mientras que la calma com?n es un estado anormal. Efectivamente, s?lo me encuentro bien cuando estoy fuera de m?.[167]

?ste es el estado que hemos identificado con el entusiasmo de los adeptos de Dioniso, estado del alma que nos lleva a vivir los sufrimientos y alegr?as del dios desconocido. Este estado, como hemos visto, nos lleva a la negaci?n de la voluntad de vivir, como es el caso de Trist?n e Isolda. Los personajes de esta obra son mostrados en El nacimiento de la tragedia tanto como modelos de personajes tr?gicos como de elementos musicales.

Aquel que tiene la gran dicha de participar de la representaci?n de una tragedia musical, como lo es Trist?n e Isolda, advierte que ?Con una claridad y belleza ?picas, ve ante s? al h?roe tr?gico, y sin embargo se alegra de su aniquilaci?n?.[168] ?Por qu? nos alegramos de la muerte de Trist?n? Porque su destino es el de todo lo que existe; y sin embargo, en vez de negar la fatalidad, la afirmamos desde lo m?s ?ntimo de nuestro ser. La inmovilidad de esta ?pera es tal, que el desarrollo esc?nico es casi nulo.

?Es dif?cil medir Trist?n e Isolda en la ?dimensi?n interior?. Ninguno de los dramas musicales de Wagner est? tan plenamente concentrado en un solo tema, renuncia en tan vasta medida a la acci?n teatral y cuida de una manera tan exclusiva la expresi?n de los m?s profundos sentimientos: el amor de dos seres humanos que va hasta la muerte?. [169]

Y sin embargo, mientras la escena es la m?s fastuosa imagen del reposo, la pasi?n interior es tal que s?lo puede culminar con la muerte. El mito se mueve delante de nosotros, recreado con la pureza de nuestra imaginaci?n. En este caso, es el mito de la redenci?n por el amor que s?lo puede realizarse con la aniquilaci?n de quienes lo experimentan. Es as? como el arte nos recuerda el car?cter conflictivo del esp?ritu humano, porque la quietud de la escena oculta la efusi?n an?mica, y la tragedia culmina sin recurrir a la acci?n violenta, pues el coro impide que la pasi?n se desborde, y el argumento, a su vez es s?lo una exposici?n pr?cticamente sin acci?n dram?tica. Con respecto a este punto en Trist?n e Isolda, Kurt Pahlen sostiene:

?Con Trist?n e Isolda Wagner se alej? a la mayor distancia de la ?pera tradicional. Este drama pose ciertamente una estructura bien clara, una gran forma primordial, pero se distingue respecto a otras obras, por su considerable est?tica, que ya no deber?a encontrase m?s desde los tiempos del barroco. Los instantes en los que la acci?n est? conformada por movidas escenas ?teatrales? son contados y breves. El d?a de amor, en extremo extenso, del segundo acto se realiza en una inmovilidad casi total y en la oscuridad. Aun la misma irrupci?n violenta de Marke, Melot, Kurwenal, Brangania y varios cortesanos hacia el final del acto, trae s?lo breves momentos de acci?n y un amanecer gris, muy lento. Esto significa, pues, en total, poco menos de una hora y media de acontecer puramente po?tico y musical. ?Qu? fuerte debe ser para constituir para muchos amigos de la ?pera una culminaci?n absoluta de su arte preferido! El tercer acto tambi?n se caracteriza por su total quietud: los prolongados delirios de Trist?n, su fluctuar entre la desesperaci?n y la esperanza, el ?xtasis y el colapso. Aqu? se requiere un cantante-actor del m?s grande formato para lograr que el p?blico viva con el personaje esta escena bastante est?tica en lo exterior, pero agitada y en extremo tr?gica en lo interior. Lo ?oper?stico? en el sentido tradicional s?lo aparece excepcionalmente en esta partitura?.[170]

As? como Pahlen advierte una ?considerable est?tica? en Trist?n e Isolda, as? tambi?n Nietzsche sostiene que ?en su origen la tragedia es s?lo ?coro? y no ?drama??.[171] Trist?n e Isolda es as? una manifestaci?n po?tica antes que dram?tica. Al principio, en la tragedia no hay drama. Tambi?n podemos observar que la manifestaci?n del amor acompa?a la disoluci?n de la dualidad, los individuos se confunden en uno. Recordemos que en La Celestina, Calixto, refiri?ndose a su amada Melibea, afirma exaltado lo siguiente: ??Yo? Melibeo soy y a Melibea adoro y en Melibea creo y a Melibea amo?.[172] Wagner dar? un paso m?s audaz, desea confundir a las dos personas, a tal punto que, como vemos, en opini?n de Pahlen, el m?sico hubiera preferido llamar Tristanisolda a su obra. El m?s all?, refugio del amor, ser? el lugar donde se identifiquen los seres plenamente; y, cuando aqu? es all?, entonces sucede la Epifan?a. Los amantes dejan de preguntarse, ?c?mo es que estoy aqu? y no all??, porque ahora son uno, y donde est? el amante ah? est? la amada, ya no hay ni aqu? ni all?, ni antes ni despu?s, tan s?lo eternidad, una sola voz, expresada por medio del canto en forma de dueto.

?Los aut?nticos duetos, o sea el canto simult?neo de dos voces, se intercalan por cierto en algunos momentos emotivos culminantes, pero estos se distinguen fundamentalmente de pasajes similares en ?peras surgidas m?s o menos en la misma ?poca (en Meyerbeer, Gounod, Verdi, pero tambi?n en compositores alemanes como Nicolai, Goetz, Cornelius). Wagner hace cantar a Trist?n e Isolda en com?n y lo mismo, s?lo en aquellos momentos en que se hacen completamente uno a trav?s de su amor: es significativo que el primero de estos duetos haya sido incorporado despu?s de beber los amantes el filtro; reci?n entonces, los amantes se compenetran tanto en su amor que Wagner considera justificados una melod?a com?n, un texto igual para ambos?.[173]

Wagner pone a celebrar la alegr?a de los amantes a d?o, ?nicamente cuando se tornan plenamente una sola voluntad gracias a su amor. Es un movimiento sinf?nico en el que los dos sujetos musicales, Trist?n e Isolda, se confunden en una sola melod?a. Es el finale del teatro sinf?nico, cuando el primer sujeto y el segundo sujeto se resuelven y entrelazan en el mismo tono. La negaci?n de la voluntad de vivir y la afirmaci?n festiva de la vida coinciden en una sola m?sica de amor delirante, acompa?ado por la suave enso?aci?n de la ternura po?tica. Es revelador que el dueto inaugural se presente enseguida de que los amantes escancian el filtro de amor, que para Wagner es un mero emblema de la pasi?n y no el origen de la pasi?n. A partir del derrumbe de las inhibiciones, Trist?n e Isolda se enlazan tanto en su entusiasmo que el compositor considera correcto presentarlos con una l?nea mel?dica id?ntica (Dioniso), y un discurso po?tico (Apolo) igual para ambos. Adem?s, con su cuidadosa elecci?n de los recursos mel?dicos, Wagner rinde tributo a la opini?n que tiene Schopenhauer sobre las posibilidades de la melod?a, pues Schopenhauer nos asegura que:

?El infinito n?mero de melod?as posibles guarda correspondencia con la inagotable variedad de seres, fisonom?as y existencias que produce la naturaleza?.[174]

Y el compositor de este oc?ano infinito de melod?as, ha puesto a dos siluetas del oleaje a moverse al un?sono poco antes de que la rompiente termine por disolverlas de nuevo en el fondo de la voluntad. Por un instante, dos seres coinciden, para a continuaci?n ceder su individualidad al Todo que aguarda recibirlos de nuevo en su mar de composiciones ejecutables.

Wagner nos habla de la alegr?a de Trist?n, la cual consiste en negar la voluntad de vivir porque Trist?n cree que Isolda, el bien amado, es presa de la opresi?n del d?a. Y dado que la muerte puede salvarla de la luz del d?a, Trist?n desea negar su propia vida y la de Isolda, quien, fiel, le seguir? gustosa. Aun en la alegr?a m?s inmensa por el encuentro con la amada, resuena el grito de tristeza precisamente por la p?rdida del ser amado.
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[158] Novalis apud. Richard Wagner, Trist?n e Isolda, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1992, p?g. 486.
159 Richard Wagner, Trist?n e Isolda, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1992, p?g. 305.
160 Ibid., p?g. 185.
161 Ibid., p?gs. 377-379.
162 Ibid., p?g. 235.
163 Kurt Pahlen apud. Richard Wagner, Trist?n e Isolda, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1992, p?g. 491.
164 Friedrich Nietzsche, As? habl? Zarathustra, Barcelona, Planeta-Agostini, 1992, p?g. 125.
165 Fernando Savater, op. cit., p?g. 55.
166 Ver p?g. 168 de la edici?n citada de El nacimiento de la tragedia.
167 Josef Rufer, M?sicos sobre m?sica, en cartas, diarios y apuntes, Buenos Aires, EUDEBA, 1954, p?g. 54.
168 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?g. 174.
[169] Kurt Pahlen, ?A prop?sito de este libro?, en Richard Wagner, Trist?n e Isolda, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1992, p?g. 3.
170 Kurt Pahlen apud. Richard Wagner, Trist?n e Isolda, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1992, p?gs. 491-492.
[171] Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?g. 86.
172 Fernando de Rojas, La Celestina, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1968, p?g. 22. ?Asombrosa inversi?n del misticismo representado por san Juan de la Cruz! Si ?ste dec?a ?Amada en el Amado transformada?, aqu? es el amado en la amada transformado.
173 Kurt Pahlen apud. Richard Wagner, Trist?n e Isolda, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1992, p?g. 492.
174 Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representaci?n, M?xico, Porr?a, 1998, p?g. 207.

Tags: Trstán e Isolda, Wagner, Nietzsche, Así habló Zaratustra, Fernando de Rojas

Publicado por Ariastoteles @ 17:51  | El arte redentor
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