Viernes, 15 de junio de 2007
II

?S?lo los que sue?an podr?n soportar la gloria de aquel otro mundo?.
Novalis

La vida es una alegre reflexi?n cuando advertimos que s?lo es un sue?o. El reino del sue?o es el elemento de la tragedia que aporta la belleza de la obra, y el artista, por medio de este instinto, puede figurarse sus h?roes en tanto modelos individuales que no se basan en la naturaleza, y cuyo destino es la disoluci?n; pero quien sea capaz de soportar su enso?aci?n tendr? frente a s? la alegr?a original del arte creador. Un producto del arte figurado y, por lo tanto, impermanente, pues todo lo que tiene forma ser? presa de la disoluci?n.

?As? es como gui?ndonos por las experiencias del oyente verdaderamente est?tico, nos imaginamos nosotros al artista tr?gico mismo, nos imaginamos c?mo crea sus figuras cual si fuera una exuberante divinidad de la individuatio, y en este sentido dif?cilmente se podr?a considerar su obra como una ?imitaci?n de la naturaleza?, ?c?mo luego, sin embargo, su enorme instinto dionisiaco se engulle todo ese mundo de las apariencias, para hacer presentir detr?s de ?l y mediante su aniquilaci?n, una suprema alegr?a primordial art?stica en el seno de lo Uno primordial?.[175]

Por tanto, imaginemos a Wagner creando sus h?roes como si fuese un dios prometeico, y en ese sentido es dif?cil que sus figuras sean una mera ?imitaci?n de la naturaleza?. La pasi?n interior del h?roe nos lleva a plantear el car?cter festivo de la representaci?n de las pasiones del h?roe wagneriano, y toda representaci?n de esta naturaleza debe celebrar la unidad de la vida. La org?a es la celebraci?n de la vida. Y no hay mejor vida celebrada que aquella sobre la cual puede reflexionarse. La reflexi?n sobre el deber nos lleva al planteamiento de la ?tica para una org?a, porque si la ?tica estudia los juicios sobre el obrar correcto, la ?tica para una org?a estudiar? los juicios sobre el obrar correcto durante una org?a.

Y es el momento de pasar de Wagner a Beethoven . recordemos que el primero sostuvo que todas sus obras proced?an de la Novena del Genio de Bonn. Y es en la Novena sinfon?a donde se realiza el ideal de la org?a que planteamos:

?A la alegr?a marcial sucede el ?xtasis religioso; luego, una org?a sagrada, un delirio de amor. Toda una Humanidad temblorosa extiende los brazos hacia el cielo, lanza clamores poderosos y lo abraza contra su coraz?n?.[176]

El anuncio de Beethoven se presenta en forma de ?tica expresada por medio de s?mbolos religiosos que celebran la vida. La reflexi?n sobre la manera de forjar una moral durante una org?a es lo que llamaremos ?tica para una org?a. Y lo que distinguimos como ?tica para una org?a es lo que nos hace descubrir que todo es Uno.

?[...] el mensaje de Beethoven no se expresa en un terreno pol?tico, sino en una dimensi?n ?tica descrita con met?foras religiosas, donde la imaginer?a [...] no excluye la celebraci?n vitalista de la ?org?a sagrada? y ni siquiera el ?furor demoniaco??.[177]

Beethoven nos muestra, con el coro, que el arte es la llave que abre las puertas del mundo como voluntad: ?todo es uno? es lo que nos ense?a el coro. Wagner aprender? mucho del material tem?tico de la Novena sinfon?a de Beethoven, para utilizarlo en sus obras vocales. Un drama de Wagner como Trist?n e Isolda tambi?n quiere evocar la verdad de que todo es uno. Por lo tanto, reflexionar sobre el drama de Trist?n e Isolda es a su vez, la ?tica para una org?a.

La moral es producto de la forma de vida. ?C?mo viven los personajes wagnerianos? Los colores de la orquesta y las voces nos muestran unos violentos orgasmos determinados con precisi?n. Cada parte est? puesta en escena de tal forma que los protagonistas no pueden sino descubrir al ?anheloso todo? que aguarda la disoluci?n del mundo como representaci?n. Si en una org?a todos los cuerpos se hacen uno, eso es lo que descubren los h?roes wagnerianos: todos los cuerpos son uno; y, en realidad, no hay cuerpos: todo es uno.

No obstante, hay que advertir que ?sta es una org?a a la que est? invitado Apolo, y su palabra es escuchada. Una org?a es una celebraci?n de la vida, de la periodicidad y fecundidad de las fuerzas naturales. No se trata de una org?a b?rbara, al contrario, se trata de una org?a donde no tiene cabida lo b?rbaro dionisiaco. Se trata de una org?a con mesura apol?nea. Nietzsche se opone a lo b?rbaro dionisiaco en El nacimiento de la tragedia:

?No precisamos, en cambio, hablar s?lo con conjeturas cuando se trata de poner al descubierto el abismo enorme que separa a los griegos dionisiacos de los b?rbaros dionisiacos. En todos los confines del mundo antiguo ?para dejar aqu? de lado el mundo moderno?, desde Roma hasta Babilonia, podemos demostrar la existencia de festividades dionisiacas, cuyo tipo, en el mejor de los casos, mantiene con el tipo de las griegas la misma relaci?n que el s?tiro barbudo, al que el macho cabr?o prest? su nombre y sus atributos, mantiene con Dioniso mismo. Casi en todos los sitios la parte central de esas festividades consist?a en un desbordante desenfreno sexual, cuyas olas pasaban por encima de toda instituci?n familiar y de sus estatutos venerables; aqu? eran desencadenadas precisamente las bestias m?s salvajes de la naturaleza, hasta llegar a aquella atroz mezcolanza de voluptuosidad y crueldad que a m? me ha parecido siempre el aut?ntico ?bebedizo de brujas??.[178]

La org?a b?rbara tiene s?lo el elemento embriagante, en cambio, si Apolo es invitado a nuestra org?a, y atendemos a sus palabras, entonces nuestra org?a contar? con la divina proporci?n que la har? una celebraci?n de la fatalidad de la vida.

?Contra las febriles emociones de esas festividades, cuyo conocimiento penetraba hasta los griegos por todos los caminos de la tierra y el mar, ?stos, durante alg?n tiempo, estuvieron completamente asegurados y protegidos, seg?n parece, por la figura, que aqu? se yergue en todo su orgullo, de Apolo, el cual no pod?a oponer la cabeza de Medusa a ning?n poder m?s peligroso que a ese poder dionisiaco, grotescamente descomunal?.[179]

Para participar en una org?a es necesario replantear el objeto de la moral. Ahora, el objeto de la moral es descubrir que todo es uno, para lo cual hay que estar m?s all? del bien y del mal; aunque esto nos lleve a la m?s completa oscuridad. Por lo tanto, para disfrutar del instante orgi?stico, es necesario evitar la barbarie. Dioniso ha de aparecer acompa?ado por la proporci?n: la raz?n te?ida de conciencia pasional. ?sta es la moral que permiti? a Beethoven abrazar y besar a todo el mundo despu?s de haber mostrado desd?n por los poderosos, el d?a del estreno de la Novena sinfon?a: ?es el Beethoven liberal quien grita para abrazar a millones, despu?s de haberse abierto paso, hasta el emperador, seg?n Goethe, con el sombrero puesto?.[180]

Este cap?tulo est? hecho para ensalzar una org?a; no cualquier org?a, sino aquella que se consumar? tan pronto terminemos de exponer esta obra, pues este escrito es nuestra org?a. ?sta es, pues, no la ?tica para todas las org?as, sino una ?tica para una org?a, es decir, una fiesta para Dioniso, s?, pero sometida a la medida y consejo de la poes?a que brota de la c?tara de Apolo.

El mundo es un juego inocente de un dios desconocido: derriba piedritas que antes hab?an sido sus peque?as construcciones. Es un dios pueril[181] que parece que desea revelarnos un mundo nuevo cuando sepamos mirar todo lo que es grato. Y dado que el arte de la m?sica embriagadora es un arte grato, ?ste bien puede mostrarnos el regocijo y ense?arnos los caminos que hemos recorrido muchas veces sin conocerlos. El Dioniso de Nietzsche nos revela un camino por recorrer, un sendero que cruzaremos sin caminar, un recorrido en el que nos moveremos con pasos de baile:

?Cantando y bailando manifi?stase el ser humano como miembro de una comunidad superior: ha desaprendido a andar y a hablar y est? en camino de echar a volar por los aires bailando. Por sus gestos habla la transformaci?n m?gica. Al igual que ahora los animales hablan y la tierra da leche y miel, tambi?n en ?l resuena algo sobrenatural: se siente dios, ?l mismo camina ahora tan est?tico y erguido como en sue?os ve?a caminar a los dioses?.[182]

Como vimos antes, Nietzsche cita a continuaci?n a Schiller porque ?ste habla de los estremecimientos de aquellos que presagian la manifestaci?n divina, la noche de Epifan?a del dios que mora m?s all? de las estrellas. El camino hacia Dios se recorre bailando. El universo como juego divino, el gozo que siente aquel que alcanza a conocer a Dios por medio del juego del baile.

Y hubo una vez en Europa unos estudiantes y monjes errantes que atravesaban el mundo cantando, bailando y tocando diversos instrumentos musicales, adem?s de llevar una vida licenciosa, digna s?lo de aquellos que soportar?an el extra?o matrimonio entre la poes?a y la irreverencia. Nos referimos, por supuesto, a los goliardos del siglo XII:

?[...] se dice que el origen de esta palabra (goliardos) tiene que ver con los seguidores de Golias, un hombre de fant?stica cultura, pero que compart?a el amor a las artes y las letras con aquel de la gula y los placeres carnales. Otro de sus posibles or?genes (y que se marca como el m?s factible), viene de una derivaci?n francesa de la palabra ?gula?. [...] los goliardos, arrojados con toda diversi?n a los bajos placeres, gustaban de exhibirse desnudos por la calle, visitaban con frecuencia tabernas y prost?bulos. Adem?s, su ?fina? personalidad estaba adornada por la blasfemia, aunque ello no era impedimento para que siguieran cultivando sus estudios?.[183]

Uno de los lugares donde mejor florecieron los goliardos fue el territorio que hoy es Alemania, y uno de los documentos m?s famosos que los goliardos nos legaron es Carmina Burana, o Canciones de Beuren, nombre que tienen porque fueron descubiertas por J. A. Schmeller en el monasterio de Beuren en 1800. Los poemas que componen la obra encomian la vida, la sensualidad, el vino y la m?sica. El compositor alem?n Carl Orff compuso m?sica para los poemas de Beuren, con lo cual hizo c?lebres muchos de estos cantares. Uno de las estrofas reza: ?Hacia el amor se precipita el amor de los hombres/ Y el dios pueril impera sobre todo lo que es grato?. Un dios travieso que juega al mundo. Nietzsche se refiere elogiosamente a los poetas vagabundos de la Edad Media alemana:

?Tambi?n en la Edad Media alemana iban rodando de un lugar para otro, cantando y bailando bajo el influjo de esa misma violencia dionisiaca, muchedumbres cada vez mayores: en esos danzantes de San Juan y San Vito reconocemos nosotros los coros b?quicos de los griegos, con su prehistoria en Asia Menor, que se remontan hasta Babilonia y hasta los saces orgi?sticos?.[184]

Los goliardos nos legaron una de las muestras m?s interesantes de la tradici?n dionisiaca de la Edad Media: Carmina Burana, documento precioso que retrata las opiniones de poetas vagabundos que asum?an la ambivalencia de la existencia humana, capaz de moverse desde la ternura hasta la procacidad, y no dudaban en retratarla en una crudeza que revela con impudicia el amor devoto a la exuberancia de la vida. Para poder soportar la doctrina de los goliardos, necesitamos la ayuda de la ense?anza de Apolo, la poes?a que atempere los violentos estados que los goliardos expresaban.
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175 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?g. 175.
176 Romain Rolland apud. Esteban Buch, op. cit., p?g. 295.
177 Esteban Buch, op. cit., p?g. 294.
178 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?gs. 47-48.
179 Ibid., p?g. 48.
180 Henry Raynor Una historia social de la m?sica. Desde la Edad Media hasta Beethoven, M?xico, Siglo Veintiuno, 1987, p?g. 7.
[181] La figura del dios pueril aparece en la literatura de los goliardos. Celebra a la naturaleza inocente, y parece presagiar ?la inocencia del devenir? manejada por Nietzsche en El nacimiento de la tragedia. Ver m?s adelante.
[182] Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?g. 45.
183 Jos? Mar?a ?lvarez, notas al programa de mano de la Orquesta Sinf?nica de la Universidad de Guanajuato, M?xico, 28 de junio de 2001, Auditorio del estado, p?gs. 6-7.
184 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?g. 44.

Imagen

Enrique Arias Valencia en su examen profesional


Tags: Beethoven, Wagner, Enrique Arias Valencia

Publicado por Ariastoteles @ 19:50
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