S?bado, 16 de junio de 2007
III

En Ecce homo, Nietzsche reniega del wagnerismo, al que se hab?a afiliado tras disfrutar con la partitura de una reducci?n para piano de Trist?n e Isolda. Despu?s fue el conocer al Mago de Bayreuth, y el desarrollo de la amistad fue una p?gina de la historia de la m?sica y de la filosof?a.

No obstante, la flor de la amistad se marchit?, y ambos genios se distanciaron, y vivieron alejados, tal y como lo hacen las estrellas de una noche oscura. Y un d?a, el Mago de Bayreuth parti? en una g?ndola f?nebre para reunirse con su tan anhelada eternidad. Sin embargo, el coraz?n de Nietzsche guard? el recuerdo de Wagner e hizo de la memoria del maestro un muy severo motivo de reflexi?n. En Ecce homo Nietzsche sostiene que

?Para ser justos con El nacimiento de la tragedia (1872) ser? necesario olvidar algunas cosas. Ha influido e incluso fascinado por su aplicaci?n al wagnerismo, como si ?ste fuese un s?ntoma de ascensi?n. Este escrito fue, justo por ello, un acontecimiento en la vida de Wagner: s?lo a partir de aquel instante se pusieron grandes esperanzas en su nombre?.[185]

Nietzsche duda del m?rito cultural del wagnerismo, y afirma que cuando se desata una controversia en torno a la ?ltima producci?n dram?tica de Wagner, pesa sobre su conciencia la responsabilidad de la opini?n favorable en torno al m?sico, y se queja de que s?lo se haya atendido este aspecto de El nacimiento de la tragedia, pues s?lo se le ha visto como una contribuci?n al universo wagneriano. Y a continuaci?n, Nietzsche nos quiere hacer ver qu? tiene El nacimiento de la tragedia de valioso sin la intromisi?n de Wagner.

?Una ?idea? ?la ant?tesis dionisiaco y apol?neo?, traspuesta a lo metaf?sico; la historia misma, vista como el desenvolvimiento de esa ?idea?; en la tragedia, la ant?tesis superada en la unidad; desde esa ?ptica, cosas que jam?s se hab?an mirado cara a cara, puestas s?bitamente frente a frente, iluminadas y comprendidas unas por medio de las otras... La ?pera, por ejemplo, y la revoluci?n... Las dos innovaciones decisivas del libro son, por un lado, la comprensi?n del fen?meno dionisiaco en los griegos: el libro ofrece la primera psicolog?a de ese fen?meno, ve en ?l la ra?z ?nica de todo el arte griego?.[186]

En su ensayo de 1849, Arte y revoluci?n, Wagner presenta dos divinidades que habr?n de regir el esp?ritu del poeta tr?gico cuando ?ste crea el drama. No se trata de dos dioses enfrentados, pero s? de dos deidades que confluyen para la formaci?n de lo que Wagner llama el drama. En contraste con Nietzsche, Wagner llama a la escultura, voluptuosa, en tanto que Nietzsche ve en la talla ?ese sabio sosiego de dios-escultor?.[187] Wagner dice que el tr?gico es quien mira a Apolo sereno. Nietzsche sostiene que es el tr?gico quien puede ver unidos la terrible desmesura y la apariencia medida. No obstante, hay otras similitudes entre nuestros dos personajes, entre el m?sico y el fil?sofo.

?No debemos figurarnos a Apolo en el momento en que el esp?ritu griego extend?a, como el dios afeminado que gu?a la danza de las musas, tal como nos lo ha transmitido ?nicamente el arte posterior m?s voluptuoso, la escultura: es necesario represent?rnoslo hermoseado por los rasgos de una serena gravedad, bello, pero fuerte, tal como lo conoci? el gran tr?gico Esquilo. [...]

As? es como el poeta tr?gico, inspirado por Dioniso, vio al dios soberbio cuando dirig?a a todos los elementos exuberantes de las artes (surgidos espont?neamente y por una ?ntima necesidad natural), la ardiente palabra, la palabra copulativa, el sublime y po?tico lazo que reuni? a todos como en nupcial hogar para crear la obra de arte m?s elevada, la m?s intensa: el drama.

Cuantas veces he reflexionado sobre las raras creaciones de ciertos genios, he cre?do tener en mi poder un fundamento real para establecer el car?cter de mi ideal dram?tico-musical. La historia me transmite, en esta ocasi?n, un modelo t?pico de las relaciones ideales ente el teatro y la vida p?blica, tal como me los he representado siempre?.[188]

Por supuesto, en Wagner faltan muchos de los aspectos metaf?sicos que Nietzsche aporta a Apolo y Dioniso, como su car?cter que los hace enfrentarse para despu?s rendir el fruto que consiste en la tragedia; sin embargo, el germen de ?ste se encuentra en el pasaje wagneriano citado en la medida en que ambos, Apolo y Dioniso son inspiradores del arte. Wagner, por lo tanto, no es ajeno a la ?idea? que Nietzsche presenta en El nacimiento de la tragedia y los wagnerianos bien pueden reconocer a Apolo y Dioniso como elementos del lenguaje com?n que los distingue: el arte. Apolo y Dioniso, son por tanto, una aportaci?n al wagnerismo, adem?s de poseer un car?cter distinto, pero no ajeno a ?ste. Despu?s de todo, para Wagner, Apolo significa ?el pueblo griego en su m?s alta verdad y belleza?,[189] en tanto que Dioniso es el inspirador del poeta tr?gico. M?s sorprendente a?n es la manera en que Wagner cierra uno de los p?rrafos de Arte y revoluci?n:

?Esta flor es la obra de arte, su perfume de esp?ritu griego, que hoy todav?a nos abruma, y nos aclara su conocimiento del mundo, me gustar?a ante todo ser un mediod?a griego de la obra de arte tr?gica, como en eternidad ??el llegar a ser de un Dios no griego!?[190]

Wagner piensa en un dios no griego porque ya tiene en mente remitirse a los dioses germ?nicos para componer sus obras. Arte y revoluci?n es de 1849, y los primeros esbozos de El anillo de los nibelungos datan del a?o anterior.

Wagner y Nietzsche reconocen que el arte nos revela el conocimiento del mundo. El paralelo entre Wagner y Nietzsche es extra?o, pero efectivo. Wagner reconoce en Arte y revoluci?n a Apolo y Dioniso como pilares del arte dram?tico, y Nietzsche en El nacimiento de la tragedia, ve que el maridaje de ambas divinidades rinde como fruto la tragedia griega. Y es Wagner mismo quien emplear? a Apolo y Dioniso en sus ensayos para desarrollar sus teor?as est?ticas. As?, Wagner sostiene que la tendencia del poeta en el mundo antiguo era descubrir mitos para narrarlos en voz alta, para finalmente, escenificarlos en el drama vivo. Dicha tendencia quiso ser recogida por los poetas posteriores. Cuando escribi? las l?neas que siguen a continuaci?n, Wagner ya conoc?a por conversaciones con Nietzsche, la l?nea argumental de El nacimiento de la tragedia:

?Adoptar la ?tendencia? incluso al drama de representaci?n viva debi? parecer a nuestros grandes poetas cultos el camino m?s id?neo para dignificar el teatro popular ya existente; y a este respecto pudieron guiarse a trav?s de la observaci?n de las particulares caracter?sticas del drama antiguo. De la misma manera que ?ste se hab?a convertido, mediante un compromiso de los elementos apol?neo y dionisiaco, en peculiaridad tr?gica, pod?a fundirse aqu?, sobre la base de una l?rica que a estas alturas nos resulta poco menos que incomprensible, el himno sacerdotal did?ctico de la antigua Hellas con el ditirambo dionisiaco m?s reciente, en esa fuerza cautivadora tan espec?fica e incomparablemente privativa de la obra de arte tr?gica de los griegos?.[191]

Wagner y Nietzsche, pareja intelectual ins?lita, que comparte un instante perdido en la inmensidad del tiempo, aunque ambos guardar?n un recuerdo de su juventud y su amistad perdida. En torno a 1871 coinciden sus intereses: ambos aman a Beethoven, a Schiller y a Schopenhauer. Wagner ve un compromiso entre los fundamentos apol?neo y dionisiaco, Nietzsche advierte un maridaje entre instintos contradictorios: Apolo y Dioniso engendran la tragedia griega tras una batalla semejante a la guerra de los sexos. Al final, la noche se extiende sobre ambos. El arte como redenci?n se cumple s? y s?lo si alcanzamos a descorrer el velo de Maya para asomarnos al misterio de Dioniso. Y atrevernos a tanto, significa nuestra disoluci?n en su noche.

La Epifan?a es la manifestaci?n de Dios. La manifestaci?n de Dios es el cesar de la diferencia. El cesar de la diferencia es la noche. Por lo tanto, la Epifan?a es la noche.
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185 Friedrich Nietzsche, Ecce homo, Madrid, Alianza Editorial, 2000, p?g. 75.
186 Ibid., p?g. 76.
187 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?g. 43.
188 Richard Wagner, Arte y revoluci?n en Novelas y ensayos, M?xico, SEP, 1947, p?g. 82.
189 Richard Wagner apud. Silvia Silveira Laguna, op. cit., p?g. 65.
190 Richard Wagner apud. Silvia Silveira Laguna, op. cit., p?g. 65.
191 Richard Wagner, Sobre la determinaci?n de la ?pera, (1871) en Escritos y confesiones, Barcelona, Editorial Labor, 1975, p?gs. 160-161.

Tags: Nietzsche, Wagner

Publicado por Ariastoteles @ 19:27  | El arte redentor
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