Domingo, 17 de junio de 2007

5

CONCLUSI?N
I
?El hombre es un dios en ruinas?.
Emerson

En El mundo como voluntad y representaci?n, Schopenhauer cita los versos de Shakespeare que dicen: ?Estamos hechos de la misma tela que los sue?os y nuestra corta vida est? rodeada de un sue?o?.[192] Schopenhauer considera que este sue?o equivale al enga?o que nos produce el despliegue del velo de Maya. Por su parte, Nietzsche nos convence de que el hombre es un sue?o de un Dios sufriente. Este Dios es Dioniso. No se trata de un Dios personal, si por personal entendemos que es alguien a quien podemos dirigirnos y esperar de ?l una respuesta a nuestras aspiraciones humanas; antes bien al contrario, Dioniso es recalcitrantemente impersonal. Es el trasfondo indiferenciado que subyace en todos los fen?menos. Y dado que mi yo no es m?s que un fen?meno, pues adi?s a los anhelos de inmortalidad de mi yo individual. Por eso, mi coraz?n est? en luto perpetuo porque sabe que mi alma naci? muerta.

A esto le llamamos el descubrimiento del mundo como abismo. Los griegos conocieron los horrores de la existencia, nos dice Nietzsche. Horrores que tambi?n nos hacen ver el mundo como abismo. Los griegos irguieron a sus dioses para soportar los estremecimientos que la existencia puede provocarnos cuando la miramos tal cual es.

Y, ?c?mo es la vida tal cual es? La vida es puro dolor, en esto, Nietzsche sigue a Schopenhauer, quien sostiene que ?la vida est? tan llena de tormentos y penas, que, o se la debe prevenir por medio de acertados pensamientos, o se la debe abandonar?.[193] Si pasamos por la fase de la decepci?n, ?sta nos puede conducir a la consideraci?n del suicidio. Pero dicha fase es s?lo la primera parte de la sentencia: ?la vida es puro dolor?.

No obstante, el hombre en tanto que es una objetivaci?n del grado superior de la voluntad, participa del autodesdoblamiento de la voluntad: ?el g?nero humano encarna aquella lucha, aquel autodesdoblamiento de la voluntad, con la m?s terrible violencia en que el hombre llega a ser el enemigo del hombre: homo homini lupus?.[194] Y el hombre responde como objetivaci?n de la voluntad: ?En el fondo lo que encontramos es esto: que la voluntad se devora a s? misma, porque fuera de ella nada existe y es una voluntad hambrienta. De aqu? la caza, la angustia y el dolor?.[195] Terrible verdad: somos esclavos de una voluntad impersonal. A pesar de todo, bien puede suceder que tropecemos con una forma de expresi?n humana que nos regrese nuestra dignidad perdida.

?Sin embargo, ya veremos [...] c?mo en algunos hombres el conocimiento se emancipa de esta servidumbre, logra sacudir su yugo y, libre de todos los fines de la voluntad, puede subsistir por s? mismo como espejo claro y limpio del mundo, y entonces nace el arte?.[196]

Al descubrir el dolor que impera en este mundo, todo hombre sincero bien puede hacer un brindis por la miseria del mundo. ?Qui?n puede explicar la miseria del mundo? La salvaci?n de nuestra condici?n depende del enfrentamiento con la verdad. La Salvaci?n bien puede ser descubrir el arte. Y he aqu? una diferencia entre Schopenhauer y Nietzsche, pues, para el primero, la tragedia nos habla de sufrimiento y resignaci?n, en tanto que para el segundo, la tragedia nos habla de la afirmaci?n de la vida aun con todo su dolor. As? queda completa nuestra afirmaci?n: ?la vida es puro dolor que debe transformarse en alegr?a gracias a la salvaci?n que nos brinda el arte?. El arte sobreviene para salvarnos de la verdad, nos convence Nietzsche. Liber?monos, pues, de la verdad.

Y resulta que el discurso de Oriente, la religi?n, nos lleva a hablar de la liberaci?n de todo tipo de atadura, la libertad absoluta, el fin del trabajo espiritual, el objeto de lo que en la India se conoce como jivanmukta, ?que es aquel que alcanza la liberaci?n en esta vida?.[197]

Las religiones orientales hablan de la pr?ctica espiritual del hombre como un camino; as?, el budismo, por ejemplo, tambi?n es conocido como el camino de en medio. En la India se habla de caminos para referirse a las diferentes formas de acercarse a la divinidad. Uno de estos caminos es el Shaivismo. Elsa Cross en La realidad transfigurada encuentra varios paralelos entre el gozo que alcanza el jivanmukta, sustentado por el Shaivismo de Cachemira y la figura de superhombre nietzscheano:
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[192] William Shakespeare apud. Schopenhauer, El mundo como voluntad y representaci?n, M?xico, Porr?a, 1998, p?g. 29.
193 Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representaci?n, M?xico, Porr?a, 1998, p?g. 81.
194 Ibid., p?g. 125.
195 Ibid., p?g. 130.
196 Ibid., p?g. 129.
197 Elsa Cross, La realidad transfigurada. (En torno a las ideas del joven Nietzsche), M?xico, UNAM, 1985, p?g. 118.

Tags: Shakespeare, Schopenhauer, Elsa Cross, Emerson

Publicado por Ariastoteles @ 19:52  | El arte redentor
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