lunes, 25 de junio de 2007
POST SCRIPTUM
2004


Enrique Arias Valencia

Durante las celebraciones de la Navidad de 2002, tuve ocasión de cantar en los coros de la Novena Sinfonía de Beethoven, obra interpretada por la Sociedad Coral Cantus Hominum en la Ciudad de México. Pude recordar entonces la crisis espiritual de Beethoven, quien se llegó a considerar a sí mismo como "El más infeliz de los hombres". Y sin embargo, Beethoven, con su carácter, se sobrepuso a la sentencia de un destino cruel que lo convirtió en un músico sordo. Eso es el arte redentor. El arte redimió a Beethoven de su dolor, y a mí, por un momento, le dio sentido a mi vida gris e insípida. Por un instante fui un hombre hermano de todos los hombres, y después, tras el relámpago del aplauso, volví a sepultarme en las oscuras regiones infernales del mundo ordinario para recuperar así mi forma demoniaca.

El amor se basa en la infidelidad. El artista no debe imitar a su maestro, antes bien, debe recorrer una senda que nadie ha recorrido. Si Mozart hubiese sido fiel a Haydn, las sinfonías de Mozart serían indistinguibles de las de Papá Haydn. Beethoven puso coros a la sinfonía, y Wagner hizo óperas con carácter sinfónico. Hoy en día podemos decir que la sinfonía en cuanto forma de componer, es un fósil viviente. ¿Supieron del concierto para rapero y orquesta compuesto por Sergio Cárdenas y estrenado en este 2004? La obra se llama Voces de los montes altos. Nada más lejos de Haydn, pero más cerca de la estética actual. El arte puede redimirnos de las más diversas formas.



Tags: Cantus Hominum, Beethoven, Novena Sinfonía, Enrique Arias Valencia

Publicado por Ariastoteles @ 4:30
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