Según Paul MacLean, la evolución del cerebro humano puede advertirse como una serie de fases de dentro hacia afuera. Es así como el cerebro humano está formado por tres partes principales:
En la base está el tallo encefálico, que controla las funciones básicas, los latidos del corazón y la respiración.
Luego está el complejo R, donde residen los instintos de agresión, de territorialismo, de ritualismo y de jerarquía social. MacLean le llamó complejo R porque le recordó el cerebro de un reptil.
A continuación está el sistema límbico, donde residen las emociones y los estados de ánimo. MacLean lo comparó con el cerebro de los mamíferos "primitivos, pero no primates".
Rodeando todas las capas, y en una paz armada con los anteriores, está la corteza cerebral, que es la residencia de la intuición y el razonamiento.
En cambio, visto de frente o desde arriba, el cerebro tiene la siguiente estructura: un hemisferio cerebral derecho, digamos intuitivo y creativo, que reconoce formas, semejanzas y es extremadamente sensible. En contraste, el hemisferio cerebral izquierdo, que algunos han identificado con el pensamiento racional, crítico, matemático y analítico, se dedica a "encontrar las diferencias". Sin embargo, ambos hemisferios colaboran en la confección de nuestra vida diaria. Los hemisferios están divididos por la cisura longitudinal del cerebro, y están conectados en lo profundo por el cuerpo calloso, por medio de la línea media.
Si lo estudiamos de lado (longitudinalmente), el cerebro tiene lóbulo frontal, lóbulo parietal, lóbulo temporal, lóbulo occipital, cerebelo y médula oblongada.
Hoy se sabe que el lóbulo frontal controla muchos aspectos intelectuales, el lóbulo occipital controla la vista, en una zona intermedia del lóbulo parietal y el surco central se encuentra el córtex somatosensorial, donde tienen lugar muchas de las órdenes de movimiento y percepción del entorno, con base en los datos de los sentidos. El córtex motor se encuentra al lado del anterior, hacia el lóbulo frontal. El córtex auditivo se encuentra en un borde del lóbulo temporal.
La función del lenguaje está tan esparcida en el cerebro que no podemos hablar sólo de un área del lenguaje, sino de varias.
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