domingo, 19 de agosto de 2007

NOCHE DE EPIFANÍA
(fragmento)
Enrique Arias Valencia



Bendita sea la noche eterna.
Novalis 1


¡Maldito sea el día y sus resplandores!
Wagner 2


I



¿Qué es la Epifanía sino la manifestación de Dios en el mundo? Esta manifestación sucede cuando cesan todas las diferencias entre los hombres. Y dado que la noche anunciada por el poeta es el tiempo en el que todas las diferencias desaparecen, la noche es el tiempo en que Dios se manifiesta. Este Dios no es otro sino Dioniso, pues al corresponderle a Apolo ser “el resplandeciente”, a Dioniso, su contrapartida, le pertenece el imperio de la Noche.


Llamaremos Epifanía a la manifestación del Ser supremo en cada uno de nosotros. Ésta sucede cuando escuchamos directamente los latidos del corazón de la voluntad, cuando tenemos ante nosotros la ruina de la pareja constituida por Tristán e Isolda. En el drama que lleva sus nombres, el mundo como representación se derrumba frente al mundo como voluntad, por eso al comenzar a descorrerse el velo de las apariencias, podemos oir cómo la voluntad, que objetivada en su grado más alto, permite que los amantes se pregunten mutuamente:


“¿Soy yo?
¿Eres tú?
¿No es un engaño?
¿No es un sueño?” 3



Y después, cuando dos se hacen uno, entonces se disuelve irremediablemente la dualidad y se revela la plena oscuridad del fondo del mundo; por eso Tristán no puede sino enemistarse con el día, porque su luz es lo que revela la multiplicidad engañosa de los individuos, en tanto que “el vasto reino de la noche universal” es saludada como el mundo que no sabe de fronteras, y su amor universal no hace distinciones de ninguna clase. Incluso, esta palabra —amor— no es sino una licencia que Wagner se toma para intentar traducir el lenguaje de Schopenhauer a música, para tratar de ir más allá de este filósofo —quien no había visto el amor como núcleo del mundo—, con lo que el compositor se acerca con temeridad hacia la nada; pero es precisamente lo que quiere, porque “el anheloso Todo” está a punto de devorar a Tristán e Isolda, con lo que podemos poner en paralelo a éste Todo wagneriano con el Dioniso de El nacimiento de la tragedia:


“¿No lo perciben? ¿No lo ven?
Tan sólo yo oigo
esa voz
llena de maravillosa suavidad,
que cual delicioso lamento
todo lo revela
en su consuelo tierno.
Es cual una melodía
que al partir de él, me penetra
repercutiendo en torno mío, sus ecos graciosos.
Esa clara resonancia que me circunda
¿es la ondulación de blandas brisas?
¿Son olas de aromas embriagadores?
¡Cómo se dilatan y me envuelven!
¿Debo aspirarlas?
¿Debo percibirlas?
¿Debo beber o sumergirme?
¿O fundirme en sus dulces fragancias?
En el fluctuante torrente,
en la resonancia armoniosa,
en el infinito hálito
del alma universal,
perderse,
sumergirse
sin conciencia,
¡supremo deleite!4



La muerte de amor, Liebestod, de Tristán e Isolda, de Wagner


El día falaz es el enemigo a vencer; los personajes de Wagner nos dicen que no es la luz de la razón la que hace al hombre, sino la oscuridad infranqueable de su vida anímica. Wagner rescata el mito de los amantes desinhibidos por un filtro de amor para manifestar a Tristán e Isolda como objetivaciones (figuras) de la voluntad, y como tales, son arquetipos de la representación. Sin embargo, cuando la identificación de la pareja alcanza las cimas de la voluntad, entonces desaparecen las entidades individuales para dar paso a Dioniso, quien destruirá a sus criaturas para su propia satisfacción. Con Wagner, la voluntad se representa en la ópera. La tragedia gira en torno a la unificación total de estos dos personajes.


1 Novalis apud. Richard Wagner, Tristán e Isolda, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1992, pág. 486.
2 Richard Wagner, Tristán e Isolda, Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1992, pág. 305.
3 Ibid., pág. 185.
4 Ibid., págs. 377-379.


Puedes leer el texto completo en:
La sonrisa del universo

Tags: Enrique Arias Valencia, Wagner, Nietzsche

Publicado por Ariastoteles @ 0:00
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