Valemos por lo que somos, y no por lo que hacemos. Esa es nuestra integridad. Pues yo creo que no tiene ningún caso juzgar el mérito de un acto moral, pues el mérito sólo es un "concurso" y nos solazamos con el perdedor y envidiamos o exaltamos al ganador; pero este regocijo sólo es un vano artificio del cuidado. El mérito es insulso, y gozar con sus resultados es sólo una gran metáfora del concurso, y nada más.