La mamá de Cristóbal Colón
Enrique Arias Valencia
Fiel al viejo cuento anticlerical que trata de convencernos de la supuesta misoginia del cristianismo, Richard Dawkins sostiene sumariamente que Dios es: “posiblemente el personaje más desagradable de toda la ficción. Celoso y orgulloso de ello, un mezquino, injusto e implacable enloquecido fuera de control, un vengativo limpiador étnico sediento de sangre, un misógino, homófobo, racista, infanticida, genocida, filicida, pestilente, megalómano, sadomasoquista, caprichoso y malévolo matón”.
La tradición hispánica demuestra que todas las acusaciones de Dawkins son meros infundios. Veamos un ejemplo. Si Dios y el cristianismo fueran misóginos, ¿por qué pudo gobernar España una mujer como Isabel la Católica? Fue ella quien creyó en Cristóbal Colón, y a ella debemos el financiamiento del viaje del descubrimiento de América. Así también, Isabel la Católica dictó leyes que protegían a los indios de los abusos de los conquistadores del Nuevo Mundo, por lo tanto en los territorios bajo la Corona Española no hubo un genocidio como el que tanto asusta a Dawkins, genocidio que sí se efectuó en las colonias inglesas.
Si Dios fuera sadomasoquista, las palabras de Cristo “Aparta de mí este cáliz” y que se refieren a su tristeza por su futuro sacrificio, carecerían de sentido: “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Si los católicos que conquistaron México hubieran sido racistas, no se habría presentado el mestizaje. Por eso, a pesar de las enloquecidas pamplinas de Dawkins, parece que el megalómano caprichoso es el pseudocientífico, y a Dios lo que es de Dios.
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