Magos y viajeros
Enrique Rojas G.
Tal vez cuando lea esta nota la película que reseñamos ya habrá salido de cartelera pues, hasta donde sabemos, se exhibió en un solo cine de la ciudad de México. Con dirección, argumento, música y actores butaneses y fotografía, postproducción y edición australianas, esta película es un caso excepcional dentro de las que se presentan en nuestro país. En ella el director Khyentse Norbu teje dos historias narradas totalmente en dzongka, el idioma oficial de Bután.
LAS HISTORIAS
En la primera, situada en la época actual, el universitario Dondup, funcionario menor del gobierno de Bután
(pequeño reino al sur de los Himalaya donde se practica el budismo tibetano), que ha vivido en la gran ciudad y ha estado en contacto con la cultura occidental, quiere llevar a cabo su sueño: viajar a Estados Unidos y trabajar de lo que sea, lavando platos o recolectando fruta, para ganar los anhelados 20 mil dólares anuales a los que cualquier trabajador tiene derecho en el país de las oportunidades. Dondup, de unos treinta años, vive una especie de delirio americano: escucha rock, fuma cigarrillos con filtro, usa tenis, admira a las estrellas pop y lleva el cabello largo. Para alcanzar su sueño tiene que encontrarse con alguien que lo ayudará a cruzar la frontera dentro de dos días en Thimphu, la capital veraniega del país. Pero convencer al alcalde del pequeño pueblo donde trabaja y escapar de la amabilidad de quienes celebran un festival tradicional en honor a un falo de madera es otra cosa, por lo que ve con horror cómo se aleja el camión que le llevaría hasta su destino anhelado y con ello la oportunidad de su vida. Caminar hasta Thimphu es casi imposible, así que Dondup decide pedir aventón. Para su disgusto, otros personajes se le agregan en el camino a la capital: un humilde vendedor de manzanas, un animoso lama, un fabricante de papel de arroz acompañado de su bella hija. El lama en especial le resulta antipático pues representa todo aquello que Dondup aborrece: la espiritualidad tradicional, la pobreza voluntaria, las costumbres antiguas. El lama es más o menos de la edad del funcionario o quizá un poco más joven; también es cordial, conversador y hasta un tanto entrometido. A la menor provocación toca un instrumento parecido a un laúd o a una guitarra de largo brazo y para hacer más llevadera la espera cuenta de manera episódica un relato, mismo que conforma la segunda historia y hace que la película se asemeje a las cajas chinas.
En esta segunda historia, situada en una época indeterminada, Tashi es un joven aprendiz de mago que estudia con un lama experto, pero, a diferencia del personaje de Goethe y Dukas, Tashi no gusta del estudio, lo aburre ir a la escuela y realmente no le interesa ni el saber ni el poder, requisito indispensable para todo mago. Es flojo, se duerme en las clases y solamente piensa en escapar hasta el pueblo más cercano para enamorar mujeres. En cambio, su hermano menor es inteligente y desearía estudiar magia, pero está a cargo de todas las labores de la casa paterna y de llevar el almuerzo a su hermano mayor. Cada vez que llega hasta la escuela de Tashi representa una oportunidad para, a hurtadillas, escuchar al lama-maestro y aprender un nuevo secreto mágico. El día de nuestro interés el maestro enseña a sus alumnos cómo hacerse invisible. Como muchos de los grandes conocimientos mágicos el secreto es sencillo; simplemente hay que conservar en contacto con el cuerpo una varita obtenida en un nido de golondrina, aunque éste tiene que ser especial, “como solamente se encuentra uno cada muchos años”. Ansioso por ver cómo es la varita, el hermano menor toca accidentalmente la campana de la escuela y provoca la ira del maestro. Poco después vemos a los hermanos sentados en una colina mientras comparten el almuerzo: arroz remojado en un guisado caldoso acompañado de aguardiente de cebada. Pero el menor ha decidido darle una lección a su hermano. Aprovechando sus conocimientos mágicos, ha preparado previamente el aguardiente con ciertas hierbas y una tintura azulosa. Cuando el hermano mayor lo bebe advierte que los colores cambian, las formas se diluyen y el burro que carga los enseres de trabajo y la comida de los hermanos ahora es un poney blanco. Borracho y sonriente, el aprendiz de mago monta sobre el caballo, el cual sale disparado y sin control. Tras leguas y leguas de loca carrera, después de atravesar parajes ignotos, el animal derriba a su jinete. Tashi no sabe dónde se encuentra, sólo acierta a reconocer que está perdido en un bosque que jamás ha visto antes, que se ha herido la pierna izquierda y que cae una lluvia que le cala hasta los huesos. Trastabillando, Tashi llega hasta una cabaña donde Agay, un hombre mayor, le permite quedarse una sola noche hasta que pase la tormenta. El viejo tiene por esposa a Deki, una joven y sensual mujer, de la que queda prendado el aprendiz de mago. Éste, sin embargo, sale al día siguiente en busca de la ruta que le lleve hasta la casa paterna. Pasan las horas y agotado, Tashi cae en cuenta que ha caminado en círculo y está de vuelta en la cabaña de Agay y Deki, quienes lo reciben con el fin de que se cure completamente. El joven vive con ellos días y semanas hasta que se restablece; en tanto, la atracción ha dado paso al deseo y éste a la pasión. A espaldas del viejo, Tashi y Deki viven una intensa vida amorosa hasta que ella descubre que está embarazada y le dice a Tashi que si se entera su marido la matará a ella o a ambos. Casi sin proponérselo, los amantes deciden matar al viejo. Aunque lleno de dudas, el aprendiz de mago prepara un veneno pero, al fin mal estudiante, no sabe realmente si la dosis será mortal para Agay ni qué sucesos antecederán su muerte.
Después de una angustiosa noche dominada por los gritos de agonía del viejo y a pesar de los ruegos de su amante, Tashi, rebasado por el arrepentimiento, decide darle la espalda a la situación. Finalmente ha encontrado el río que conduce al pueblo más cercano donde, a decir de Agay, alguien podría ayudarlo a llegar a su casa. Mientras atraviesa las piedras que permiten vadear la poderosa corriente, el aprendiz de mago escucha los lamentos de su amada, mismos que son interrumpidos por un chillido y el golpe de un cuerpo cayendo al agua helada que baja de la montaña. Tashi vuelve sus pasos, pero sólo acierta a ver cómo el río arrastra las ropas de Deki. Lo ha perdido todo: amor, virtud y dicha. Gruesas lágrimas escurren por sus mejillas, las cuales resbalan hasta un cuenco de aguardiente, donde bebe Tashi frente a su hermano. Parece que todo ha sido producto de una ilusión, provocada por la bebida mezclada con hierbas. La confusión, el placer y el dolor de Tashi perdido en el bosque, de Tashi enamorado y de Tashi asesino no eran más que un espejismo.
El lama ha terminado su relato, pero mientras han pasado dos días con sus noches y el funcionario por primera vez aprecia el mundo que quiere abandonar; ya no ve con desprecio al vendedor de manzanas ni aborrece al lama y comienza a enamorarse de Sonam, la hija del vendedor de papel de arroz, pero no sólo de su evidente belleza sino de su interior, pues ella compasivamente ha abandonado una promisoria carrera universitaria para cuidar de su padre anciano y viudo. Dondup ya no fuma y parece que no le importa si su grabadora ya no reproduce sus cintas de rock, es más, ni siquiera le interesa llegar a tiempo a Thimphu. Mientras se aleja por el camino junto con el lama, éste le dice que ahora le contará otra historia, la de un funcionario de gobierno que quiere ir a los Estados Unidos, pero conoce a una hermosa joven y se enamora de ella…
El final no es complaciente ni edulcorado y, como los paisajes japoneses, es la mirada del espectador la que lo complementa.
LA PELÍCULA
En la elaboración de este filme intervinieron butaneses, australianos, alemanes, indios, canadienses y estadounidenses. Muchas de las decisiones sobre la película fueron determinadas mediante el mo, un antiguo método de adivinación utilizado por lamas especializados. A través de este método se determinaron el reparto, el equipo y aún los primeros días de filmación. Y a propósito del reparto, los actores que intervinieron en la cinta no son profesionales, lo que imprime frescura a su trabajo. De acuerdo con la tradición budista del director, se llevaron a cabo pujas o rituales de veneración durante la producción para remover obstáculos, arrojar los demonios locales e incrementar lo auspicioso. Travelers and Magicians ha sido presentada con gran éxito en diversos festivales cinematográficos, entre ellos el Primer Festival Cinematográfico Budista celebrado en noviembre del 2003.
EL DIRECTOR
Acerca del director, quien firmó la película como Khyentse Norbu pero cuyo nombre budista es Dzongsar Khyentse Rinpoche, se trata de un lama butanés que es reconocido como rinpoche, es decir, encarnación de un gran maestro tibetano. Nacido el año del búfalo de metal (1961) en una familia de poetas y yoguis, es hijo de un connotado maestro budista y también rinpoche y nieto del lama Sonam Zangpo, un yogui tántrico. A la edad de siete años fue reconocido como la tercera encarnación de Jamyang Khyentse Wangpo, santo, académico y lama principal del monasterio Dzongsar del Tíbet, famoso por contar como maestros a representantes de todas las escuelas budistas tibetanas incluyendo la tradición bon. Dzongsar Khyentse Rinpoche, quien recibió una educación privilegiada por parte de algunos de los más grandes maestros del budismo tibetano, ha fundado diversos centros de retiro, institutos budistas y organizaciones caritativas alrededor del mundo, e imparte cursos en Asia, América, Europa y Australia. Vive en Paro, al oeste de Bután, y si bien es gran conocedor de su cultura natal y del budismo tibetano en particular, gusta de la ópera, las canciones de Billy Holiday y la música electrónica. Sin embargo, se opone a intentar modernizar el budismo para hacerlo más adaptable a Occidente o al mundo moderno, dado que “el mensaje del Buda es eterno y escapa a cualquier marco temporal” por lo que “todo aquel que trata de modernizar el buddhadharma está cometiendo un grave error”.
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