lunes, 29 de octubre de 2007
Laura G. Garmendia

Caminado con los ojos cerrados, una madre es conducida por su hija de seis años en un parque. La niña está encantada con el juego, va diciéndole a mamá cuándo dar vuelta, cuándo hay escalón, cuándo hay que esquivar la resbaladilla, pero de vez en cuando la madre abre los ojos disimuladamente porque siente que a cada paso se va a estrellar con un árbol o a caer en un hoyo. La niña suele recordarle que no abra los ojos por nada, que confíe y se relaje. La madre le asegura que confía, aunque bien sabe que es un juego y que seguirá haciendo trampa, por si las dudas. Pero en una de esas, la niña la pesca abriendo los ojos y al sentirse engañada corre enojada y no quiere jugar más. La madre dice que no quiso abrir los ojos y que fue un descuido. “No es cierto –dice la niña–; ya te caché cinco veces”.
Si la magia tiene un obstáculo para madurar en el espíritu humano, seguramente es esa resistencia a dejarnos llevar, que traba su manifestación. Sentimos fuertes corazonadas, nos emociona un día ser o hacer algo y el visualizar lo que anhelamos comienza a entusiasmarnos, ese anhelo nos quiere tomar de las manos para llevarnos a su realización. Y los ojos se cierran al deseo pero en seguida se abren a la “realidad”, es como si no existiese un deseo verdadero de jugar este juego de la creación, quizá porque se considera en cierto modo infantil y cuando la magia pide relajación para activar el poder creativo y permitir que la magia rezagada guíe, simplemente no se hace del todo.

QUERER JUGAR
Cada vez que fantaseamos en algo que nos gustaría hacer o tener comienzan a moverse todos nuestros poderes creativos. El simple echo de fantasear es poderoso. El juego de crear comienza precisamente aquí, cuando nos sentimos emocionados de tener o hacer algo. La idea zumba en la cabeza cuando menos la esperamos o durante todo el día. Pero sucede que entonces, precisamente un día que decidimos compartir nuestro deseo con alguien o intentamos ponerlo en marcha nuestros ojos se abren y se dan cuenta que nuestro anhelo esta muy lejos de cobrar vida. Un poco por lo que nos dijeron acerca del anhelo, “ fantasías, pies en la luna, esta muy lindo todo eso pero ya vete a trabajar”, y otro poco por la lista de obstáculos que de pronto parecen caernos encima. Y preferimos seguir igual, estamos cómodos, mejor dejar esos “sueños” en el cajón de los calcetines.


ENTUSIASMO DORMIDO
¿Qué pasaría entonces si esa mañana de lunes que no queremos levantarnos alguien nos dijera al oído que hay un gran tesoro esperándonos en la sala? Correríamos a verlo, aunque quizá alguien contestaría molesto “déjame dormir, no fastidies”. Bueno. Así opera nuestra magia niña. Ella es la entusiasta que sí cree que podamos ser todo lo que queramos ser, el tesoro, y nuestro pensamiento ya condicionado es el que nos abre los ojos y nos muestra lo absurdo de la frasesita, o lo infantil de la broma, nos dice que al abrir el tesoro habrá un bonche de ropa por lavar. La magia niña se sienta a un lado y comienza, con el tiempo y la incredulidad, a no emocionarse con lo sencillo, con el juego de la creación, porque se siente lastimada cada vez que la aquietan. Un día y sin saber nos sentimos aburridos, fastidiados, apáticos. Pedimos cinco minutos en la cama y pasa media hora, al otro día nos quedamos una hora y luego todo un día porque estamos enfermos. Nuestra niña magia se ha vuelto apática, sabe que a fin de cuentas acabará esa parte controladora e insegura haciendo trampa y volviendo a lo de siempre. Y entonces la intuición comienza a dejarse de emocionar con su juego y cualquier cosa le parece simple y desabrida . La falta de confianza en el poder creativo agotaron el entusiasmo y el lugar de la espontaneidad lo ocupa una rutina mecanizada. La magia niña no encuentra ya el caso y prefiere vivir dormida en el alma mientras el adulto la arrulla diciéndole “¿Para qué jugar cuando puedo dormir?”, es decir, para qué emocionarme con un juego de fantasía cuando la vida ya es lo que es.


¿Por qué nos habríamos de emocionar con la magia en un mundo tan “real”? Hay muchas y ninguna razón. Yo doy una. Los celtas creían en el poder de los árboles y su vigor consistía en una comunicación directa con la naturaleza. Pero hay que ser honestos; si tenemos largas tareas que cumplir y no somos tan sensibles para percibir los encantos de la naturaleza, podemos pasar frente a 20 hermosos árboles y sentirnos peor. Y podría citar la magia del verbo, los conjuros y hasta el mismo pensamiento que goza de infinita lista de poderes. Yo concreto y comparto todos los puntos que alaban a la magia en una sola frase: magia es fuerza. Seguramente aquí Pitágoras pediría la palabra para decir que la razón es la fuerza. Bueno, sí. Es lo mismo. O casi. Lo cierto es que cada razón tiene un poco de magia dentro. Todas nuestras razones intentan llevarnos a crear algo: placer, dinero, salud, etc., y lo que sea que se elija, cuando esta apuntando a la vida, crece se expande y se multiplica. La razón que apunta a la vida esta llena de humedad y sol. Pero cuando la razón elegida apunta al lado contrario de la vida entonces la magia respeta esta dirección señalada y comienza a crear decadencia, depresión, enfermedad, no hay humedad ni sol y la vida se seca y contrae, no hay crecimiento sino agotamiento y no hay expansión. Es importante considerar por eso nuestras razones, ¿Cuál es la razón para que vayas a trabajar mañana? ¿Hay razón, es decir, alguna magia en tu trabajo para emocionarte?, ¿hay alguna razón en tu casa que emocione y apresure tus pasos de regreso ? ¿ qué hay de mágico en tu agenda que te haga desear los días como si fuesen tesoros? Con el simple echo de observar nuestras vidas podemos darnos una idea de hacia a donde ha estado apuntando nuestras razones y cuanta fuerza tienen. Todo esto es parte del juego, hacernos conscientes primero de donde estamos y luego enfocarnos en nuestro anhelo, soltarnos al poder creativo y realmente confiar que nuestro deseo es la brújula más sabia para conducirnos hacia lo que deseamos. Si no hay juego donde estamos, si no hay magia o razón poderosa, ese sitio en donde estamos se vuelve pesado y enajenante y si insistimos en hacer la magia a un lado corremos el riesgo de atascarnos en la rutina y de tirar a la basura las monedas de oro de nuestra habilidad creadora

FANTASÍA O REALIDAD
El juego de la magia no es un juego de fantasía. La magia tiene principios y leyes universales pero sobre todo es conocimiento donde la libertad es ya incluida. Desarrollar esta cualidad poderosa no es cosa de un día o dos, ni de esperar una varita mágica que nos resuelva el destino. La magia es un proceso de despertar la capacidad de reconocernos en todo momento como presencias creadoras, de aprender a seguir nuestras brújulas y a dejarnos guiar por nuestra esencia inspiradora. Soltarnos, escuchar lo que en verdad anhelamos y confiar realmente con los ojos cerrados que somos tan reales como mágicos, es amanecer con unos ojos nuevos que están entusiasmados por descubrir lo que no conocemos. Uno de los principios en que la magia juega es la emoción, no es necesario sentarse a esperar un anhelo, este fluye ya como un río a un aliento de distancia, solo hay que aquietarse y escucharlo. Y luego, no intentar ser mágicos sino serlo. No intentar ser esto o lo otro sino ser todo lo que podamos ser. Y no dejar que nada ni nadie nos arrebate esa verdad. Al principio es difícil, cuando apenas comenzamos a fortalecer este instinto creativo podemos abrir y cerrar los ojos muchas veces. Ver el poder y la insignificancia en un abrir y cerrar de ojos. Hay que aprender a caminar con los ojos bien anclados en nuestra magia y si aún no sentimos confianza de lo que somos, jugando se aprende. Por eso al principio el juego requiere discreción, cuando algo nos entusiasme hay que optar por guardar silencio: es sabio eso de que “el arroz no se abre hasta que se cuece”. Y mientras la magia comienza a operar con fuerza, tengamos sobre todo paciencia, entendamos el proceso del tiempo y reconozcamos que todos los problemas que puedan interferir en nuestro anhelo son nuestras mismas excusas y solo hay que resolverlas para ganar conocimiento. Y cuando sintamos no tener poder sobre las circunstancias, y veamos caminos fantasmas e inseguros, cerremos los ojos y reconozcamos nuevamente nuestro poder, que para eso es precisamente todo este juego, para que no perdamos el hilo de lo que somos, seres mágicos, y si apenas nos olvidamos un poco de lo que somos “alguien pisará fuerte, aunque sus pies sean pequeños”.

Hay que empeñarnos en recordar que la magia es sabiduría, experiencia, fuerza. Si nuestro mayor anhelo nos pide el sacrificio de algunas cosas es que necesitamos precisamente pasar esa experiencia que nos aportara la luz del conocimiento. Pero si aun sabiendo que somos seres mágicos nos resistimos y no creemos, o pensamos que un obstáculo es la seña del destino que quiere frenarnos o desviarnos, entonces cerremos los ojos, pidamos sabiduría a nuestro poder y luego sigamos. Un obstáculo puede ser el fortalecimiento de la fe, sentir el impedimento en lugar del reto debilita nuestra habilidad mágica.

EL PODER DEL JUEGO
Los niños eligen sólo los juegos que les traen placer, y si no están a gusto, se salen sin pensarlo y buscan otro que los complazca. He ahí la razón poderosa: buscar eso que nos complace y creer silenciosamente sin dejar de abrir los ojos al mundo que nos rodea. Un juego disfrutado da siempre una concentración tan profunda que ni el tiempo se siente, no se espera a que termine la semana ni hay algún apego con el resultado porque la principal misión del juego es el placer que sentimos cuando lo jugamos, con sus pérdidas, con sus enojos, pero es todo este juego de emociones, humildad y conocimiento que enriquece y nutre con lo necesario para esa maduración divina. Jugar a crear tiene una razón: disfrutar mientras hacemos conciencia de quiénes somos: seres mágicos y creadores. Hay que crear nuestras vidas porque es una necesidad y una responsabilidad hacer uso de todas nuestras facultades divinas.
Y conociendo esta herramienta divina de la creación muy atenta a nuestra elección, ¿le prestaríamos nuestra vida a la magia y cerraríamos los ojos para dejarnos llevar por ella?

Tags: Laura Garcés

Publicado por Ariastoteles @ 0:00
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