Lunes, 12 de noviembre de 2007

El Dios de Sor Juana


Enrique Arias Valencia

Tiempo que siglos son,
Selva que es mundo.
Sor Juana




La creación es el espejo donde Dios se refleja para recrearse en su belleza.

La presente historia no pretende ser fiel a los acontecimientos, es más bien una expresión de asombro ante la belleza que la décima musa cantó en todas sus obras, en especial en sus piezas teatrales.


Juana de Asbaje nació el 12 de noviembre de 1651 en un tranquilo pueblo del virreinato. La pequeña fue saludada por el signo de Escorpio, constelación que exhorta a la inteligencia a vivir.


Imaginemos una noche serena de hace unos trescientos años en la muy noble e insigne ciudad de México. En una casa señorial, a la luz de una vela, una niña de nueve años escribe sus primeros versos en latín. Los sonetos brotan como por encanto de la diminuta mano, pero en este caso la magia es producto de un muy temprano despertar interior, que la novel y brillante poetisa compartirá más tarde con sus lectores, pues ahora, el telón del sueño ha caído sobre los empeños de nuestra amiguita.


Algunos años después, la joven Juana de Asbaje es examinada por cuarenta doctores en diversas ciencias, y para asombro de todos, demuestra profundos conocimientos científicos, filosóficos y poéticos: la belleza se expresa por medio de una niña.
Juana fue llamada por la vocación religiosa (¿de qué otra manera podía continuar cultivando su espíritu en la Nueva España?), y entró en la Orden de las Carmelitas Descalzas, pero la rigidez de las reglas provocó que Juana se enfermara. Por ello, decidió mejor profesar en la Orden de San Jerónimo. A partir de que tomó los hábitos, como indican las normas religiosas, cambió su nombre por el de Sor Juana Inés de la Cruz.


Ahora bien, durante el Siglo de Oro era costumbre escribir piezas de teatro en las que se explicaban los misterios de la fe cristiana con un lenguaje poético. Dichas piezas recibían el nombre de autos sacramentales. La jerarquía eclesiástica y en especial la Inquisición, no veía con buenos ojos aquellas obras "Que despiertan una vida interior muy sospechosa del delirio herético".


Sor Juana compuso un auto sacramental donde se retrata el momento cuando Dios está a punto de crear el mundo. La palabra siempre fecunda comienza su labor creativa, y el ejercicio de Dios tiene como fruto el universo. Un acto de rebeldía pone en peligro la creación, incluido el tiempo, y cuando Dios se asoma para examinar al mundo, el creador descubre su reflejo en el universo. El alma humana, a pesar de la caída, producto de su rebelde corazón, aún es capaz a su vez de ver el reflejo de Dios que brilla en su interior. Sor Juana afirma tácitamente que con el sacramento de la eucaristía podemos descubrir el corazón como espejo de Dios.

Narciso es un personaje de las Metamorfosis del poeta latino Ovidio, en el que queda retratado el amor ensimismado. En Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, Octavio Paz escribió sobre El divino Narciso: "El auto convierte a la fábula de Ovidio en una alegoría de la pasión de Cristo y de la institución de la Eucaristía". Y en la canción de Narciso en busca de la oveja perdida, Paz manifiesta la identidad de Cristo con Narciso: "Sor Juana consigue lo más difícil: unir, sin esfuerzo, lo real y lo alegórico":


Ovejuela perdida,
de tu dueño olvidada,
¿adónde vas errada?
Mira que dividida
de mí, también te apartas de tu vida.
Por las cisternas viejas
bebiendo turbias aguas...


Y si en la obra de teatro Dios termina por identificarse con su creación, entonces nosotros podemos compartir, como reflejo, la belleza de Dios. Esta obra, El divino Narciso, nos dice que la belleza de Dios está reflejada en su creación, y la creación a su vez expresa una armonía artística que envía al Creador para su deleite. ¿Quién es el divino Narciso? Es Cristo, prendado de la belleza de su obra.

Lecturas recomendadas:


Autos sacramentales, Sor Juana Inés de la Cruz, UNAM, México.

La copa derramada, Sergio Fernández, UNAM, México.

Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, Octavio Paz, Editorial/Seix Barral, Barcelona.


Tags: Sor Juana, Dios

Publicado por Ariastoteles @ 2:00
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