martes, 20 de noviembre de 2007
El bebé gerbo

Enrique Arias Valencia

Mi madre no es una santa, porque la santidad es cosa de seres celestiales, y sé de buena fuente que mi mamá nació en la Tierra. Yo nací entre algodones. Con una madre tierna e inocente es natural ser un hombre desvalido. Por eso yo aún a mis treinta y cuatro años de vez en cuando sueño ser un bebé gerbo, una pequeña rata de campo cuyo corazón se agita con violencia frente a la intangible presencia del mundo. Yo no tengo un niño interior a quien sanar, más bien soy un niño caprichudo que debe aprender a madurar.
Los defectos de mamá son fruto de los vaivenes de la evolución. Amar a un hijo es lo único que sabe hacer una madre, pero el amor también empalaga, y en exceso, puede llegar a enfermar. El amor de la madre, el verdadero amor, el amor de los seres humanos no es omnipotente y por eso no es perfecto.
Si uno está sólo acostumbrado a lo mejor, desarrollará poca tolerancia al dolor. Y no hay nada más doloroso que lo feo. Y el mundo el mundo de afuera, el mundo real fuera de los brazos amorosos de mamá, es el mundo gobernado por el horrible trueno de Jehová. Y sin embargo, creerse Dios es la convicción natural de un hijo amado.
La pregunta cuya respuesta los terapeutas esperan escuchar de su paciente es: ¿qué es lo que no te dio tu madre? Y yo en mi caso, también tengo una respuesta. La disciplina de la belleza, lo cual significa que mamá está fea.

Tags: Conchita Valencia, Enrique Arias Valencia

Publicado por Ariastoteles @ 1:00
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