Un Edipo esteta
Enrique Arias Valencia
El Edipo griego yace en el lecho con su madre. Edipo esteta sabe que eso no es de buen gusto, y busca a una chica como mamá sin ser idéntica a mamá para formar una pareja.
Al intelecto no se le puede engañar. El subconsciente quizá se conforme con sucedáneos, pero el intelecto siempre sabe lo que quiere, y no descansará hasta que lo obtenga. Y mi intelecto es esclavo de la belleza. No tengo ni idea de dónde salió esa obsesión, pero ahí está. Para superarla, a veces me gusta pensar, tal y como dijo Krishna: “No durará”.
Yo sé muy bien que si de mamá dependiese, ella me conseguiría una novia tal y como yo la quiero. Pero eso no depende de mamá. Eso depende de mí. Así, pues me aventuro fuera de los brazos de mamá para buscar un amor tan tierno, dulce y amable como el de mamá. ¿Y qué sucede? ¡Oh, desilusión! No hay ni puede haber nadie mejor que mamá. Muy al contrario, las mujeres del mundo real son más bellas que mamá, pero su corazón está reservado para hombres que no son como yo.
Soy un hombre delgado, sin rasgos bellos, desaliñado y muy desgarbado en el habla, en el trato y en los modales. Y por experiencia sé que las mujeres bellas prefieren a los hombres que son más gordos, más exitosos y más educados que yo. Yo no me pondré un abrigo negro para decir quién es mi padre ideal; yo saldré a bailar desnudo porque mamá no se dio cuenta de que me salí sin bufanda a la calle.Tags: Enrique Arias Valencia, mamá, madre. complejo, Edipo