Mi trabajo es muy parecido a mi casa. Cada tocayo es como un hermano para mí. Por su parte, Monique, Rebeca, la señora Gail, Ady, Mónica, Frida y Paty tienen calor maternal. Laura era tan bonita como la mujer que quisiera llegar a amar, y Ricardo es tanto o más estricto que mi padre, y yo sigo siendo el niño malcriado que siempre se pregunta: ¿Por qué es malo no creer en Dios? En la editorial he podido declarar abiertamente la muerte Dios, pues soy periodista. Me han dado así un espacio para compartir mis ideas. Quizá sea cierto que Dios es omnisciente y omnipotente, pero es más cierto aún que Dios no es omni agradable.