sábado, 24 de noviembre de 2007
Elogio de la razón pura

Enrique Arias Valencia

La pregunta crucial es: ¿qué es lo que no me dio mi madre que busqué en la señorita innombrable? Y la respuesta es: belleza física. Ahora bien, como ya he visto que es imposible que encuentre a alguien con belleza física, que ame y que me ame, no podré satisfacer esa carencia. Y como la obsesión es fruto de la carencia, por lo tanto la obsesión no va a irse nunca. No se trata de que me ponga a rezar a un poder superior, porque yo sólo lo haría por conveniencia, y tampoco lo haría porque ese poder superior me parece que ha estado mudo desde hace mucho tiempo. ¿Cómo confiar en mis emociones y en mis instintos si fueron ellos los que me metieron en este lío? Además de que han pasado los meses y no han dicho “esta boca es mía”. No obstante, si le doy una oportunidad a la razón, quizá sea ella quien me rescate, tanto de la obsesión como de la carencia. No creo contar con un mejor recurso para enfrentar el problema.
Ha llegado la hora de que anuncie de nuevo, junto con Hegel, la muerte del arte porque no me entusiasman ni la música sacra (sobre todo la coral: “¡Buuuuuuh!”), ni el cine, ni la literatura. Mi entusiasmo está en la concepción de la idea, el nacimiento del concepto. Por lo tanto, el arte es cosa del pasado, y no puedo esperar que el arte me redima. Muere con el arte el insoluble problema de la belleza, si bien la belleza puede vivir en el mundo ordinario todo el tiempo que quiera.

Tags: Enrique Arias Valencia, madre, mamá

Publicado por Ariastoteles @ 1:00
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