En el caso de la S I he advertido ya que no estoy buscando obsesionarme con la S I, sino ver quién me la paga. La falacia es: “La S I es la culpable de que yo esté obsesionado con ella”. No hay culpables de esa obsesión: yo soy el responsable de todo lo que le atribuya a la S I, y al reconocerlo, he descubierto que la obsesión comiensa a ceder, y por momentos, incluso, se desvanece casi por completo.
Lo cual quiere decir que la SI no es en modo alguno culpable de que esté obsesionado con la propia S I, sino que yo soy el único responsable de querer hacer culpable a la S I de mi comportamiento obsesivo.
La obsesión es como la venganza: al final el más perjudicado es el sujeto que la perpetra.
La S I tiene vida propia: es un ser humano, con afectos y aversiones, y ella es libre de ser adversa a mí.
Yo soy libre en la medida en que reconozco que yo he estado labrando el camino de la obsesión con la S I. He atribuido a la S I demasiados poderes. En realidad, la imagen de la S I es muy diferente de la S I real. La S I de mi obsesión no tiene ninguna relación con la realidad. La S I de mi obsesión sólo es un montón de pretextos disfrazados de la propia S I.
Retirad el disfraz de la S I y aparecerán tus verdaderos impedimentos “interiores”.