domingo, 30 de diciembre de 2007
26 de Marzo de 2007


Apreciables padres de Gerardo, Hugo y Liliana
Estimados vendedores del barrio
Estimado señor o señora:

Desde que a mi exnovia le fue diagnosticada esquizofrenia, he estado sumido en una depresión que me llevó a cuestionarme sobre el sentido de mi vida. He pasado mucho tiempo paseando por la salida del Metro, pensando en las amarguras de la existencia. Así he pasado varios días de aburrimiento. Un día, sin embargo, una pequeña se acercó a mí y me saludó con una sonrisa. Fue así como conocí a Lily, una niña muy simpática. Poco después también conocí a sus hermanos Gerardo y Hugo.
Los niños tienen cierta magia que puede hacer descubrir de nuevo las bondades de la vida. Es así que he podido ver, en silencio, los juegos de Lily, Hugo y Gerardo. Por ejemplo, una vez los niños estaban en el puesto de su abuelita, cuando pasó una muchacha con un girasol. La chica se detuvo frente al puesto y preguntó: “¿Son sus nietecitos?” La señora contestó que sí. La joven dijo: “¿Puedo regalarles un pétalo?” La abuelita contestó que sí; y la muchacha desprendió tres pétalos, uno para cada niño. La joven dijo entonces a la señora: “Que Dios le conserve siempre sanos a sus nietos”, y se fue. Los niños estuvieron entretenidos con los pétalos un rato, hasta que se secaron. Lily sostenía su pétalo con cuidado, lo mantenía entre sus pequeñas manos mientras jugaba en los alrededores del puesto, hasta que el petalito se marchitó.
También he podido ver a Lily y a su mamá recorriendo las páginas de un libro de su hermano mayor. Por eso sé que Lily se interesa por los libros, aunque sólo tiene tres años, y todavía no sabe leer. En sus ojos brillan las ganas de aprender. Lily es muy tierna y siempre recibe feliz a su hermano Gerardo cuando él regresa de la escuela.
También he visto algunos de los juguetes que Lily y sus hermanos tienen. Pelotas, globos y billetes de juguete. Lo mejor de ser niño está en la felicidad de las cosas pequeñas.
Ser testigo de las sencillas alegrías de la vida puede ser una gran luz en el corazón humano. Es un consuelo. Los niños y sus juegos ayudan a sanar el alma. Por eso, no he querido dejar de agradecer a sus niños lo que han hecho por mí. Por lo tanto, de vez en cuando les regalo trompos o alguna galleta. La cara de felicidad de un niño es una señal de que Dios todavía se ocupa de este mundo.
Sé que soy un hombre solitario y que nunca habla. Mi silencio es mi símbolo. Mi símbolo es solitario, porque me cuesta mucho trabajo comunicarme con los demás; pero Lily, Gerardo y Hugo siempre me saludan cuando me ven.
La felicidad tiene su mejor expresión en la risa de un niño, que es una fuente de gloria repentina. La risa de Gerardo, Hugo y Lily es un tesoro. Sólo puedo desear el mejor futuro para Gerardo, Hugo y Lily.

Gracias.
Ariastóteles Platónico
El filósofo de
La sonrisa del universo





Ensayo sobre la amistad 1/4

Tags: Ulises, James Joyce

Publicado por Ariastoteles @ 1:00  | Ulises Lily
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