Estoy sentado en los escalones de la entrada del metro. De pronto, Lily me lleva el libro de su hermano Gerardo, aquel que alguna vez me hizo preguntarme sobre qué podría estar viendo con tanta atención la bebé en el regazo de su madre. La bebé abre el libro y comienza a señalarme los dibujitos que explican sencillas relaciones y cuyos breves textos hacen preguntas sobre los objetos tratados en las páginas. Es así que la bebé me comenta que en una página, de lo que se trata es de buscar los animalitos de una granja, en otra, hay que localizar los sombreros de cada personaje, en otra más, hay que hacer pasar a los protagonistas por una puerta adecuada a su tamaño. La bebé también quiere que la evalúe preguntándole si sabe cuáles son los números de cada capítulo: “¿Éste qué número es?” Ella, a cada pregunta que le hago, me contesta: “Éte”. Identifica a los marranos como “Uno maanos”, reconoce los números y casi llegamos al final del libro. La bebé sabe todas las respuestas.
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Lily juega el carrito de color violeta que le regalé.
Lily poco tiempo.
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Lily, Hugo, Gerardo y yo, mucho tiempo.
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Lily, Hugo, Gerardo y yo, con escudos.
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Maxie, Hugo, Lily y yo en video.
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S. C. Cantus Hominum.
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Mamá, papá, Alex y yo.
Alex regresó de Guadalajara.
Hugo, Gerardo y su papá. Sin Lily.