Micro Reseñas 23
La magia del número 13
Ángel Raúl López
Hoja Casa Editorial
México, 282 págs.
Corre por las venas de nuestro México un importante torrente de sangre heredada de los indígenas que se ha sabido reunir con la corriente que viene de España. Para los indígenas el número 13 tenía una importancia capital, porque los ciclos de cosechas, los años iban inevitablemente a desembocar en el guarismo de trece elementos.
Hay que señalar que los indígenas manejaban varios calendarios al mismo tiempo. Los sabios sabían empalmarlos todos. Uno de los calendarios que se usaban en Mesoamérica tenía 364 días, es decir, 28 trecenas. El siglo en Mesoamérica se alcanzaba al transcurrir 52 años, un múltiplo de 13. El orden de los astros y de la Tierra estaba presente tanto en la siembra como en la religión. Así, si el trece se encarga de entregarnos un calendario perfecto, el trece será también un elemento importante de lo sagrado. El día trece es muerte porque la muerte es el final de un ciclo para que comience otro. Por eso cada 52 años el mundo podía terminar y debían ofrecerse oblaciones para que los dioses nos dispensaran otro siglo. Pero los dioses no podían hacerlo solos, y necesitaban honrarse con sacrificios. Juegos de trece escalones componían el graderío de los templos, cuyas masas también se referían al número mágico.
Con la llegada de los españoles el trece continuó su marcha entre los edificios y las tradiciones. Muchos templos católicos tienen trece nichos, en el templo de San Juan de Dios así sucede, y hasta la fiesta de San Juan de Dios es el 8 de marzo, trece días antes de la primavera. Por supuesto, en este caso coincide el trece indígena con el trece europeo, pero eso es precisamente, el mestizaje.