Hoy que hay muchas diferencias entre nosotros, como por ejemplo, de afiliación política, religiosa y hasta cultural, sería bueno que buscásemos “algo” que nos identificara plenamente con los demás. Cuando vamos en un vagón lleno en el metro o manejando un automóvil en medio de un tráfico espantoso, bien podríamos preguntarnos qué valor tiene llevar todos los días una vida tan cargada de presiones. A la hora del desayuno, en familia o solitarios, de pronto podemos darnos cuenta de la organización que nos rodea: el servicio de agua, luz y teléfono siempre fluye, y cuando faltan es cuando notamos su valor. Lo mismo sucede en las calles, el asfalto, los semáforos. la basura y el alumbrado público. Pues bien: hace mucho tiempo, varias personas que vivieron antes que nosotros, se preocuparon por organizarse en torno a algún ideal. Uno de dichos ideales está en la política, y su fruto más alto es la Constitución que el 5 de febrero de 1917 se promulgó para que nuestra vida cívica sea más humana. Sería bueno que al disfrutar y al preocuparnos por nuestra vida en un México libre, hiciéramos conciencia de las ventajas de la democracia, las cuales a veces no notamos. Y de pronto, nos damos cuenta de ese “algo” que siempre nos acompaña y que se llama libertad.
Saludos cordiales, Enrique Arias ValenciaTags: Constitución, 1917, México, 2008