Llamo feo a aquel hombre que no gusta a aquella mujer de la cual él gusta. Yo no le gusto a la mujer que me gusta y nunca le he gustado a ninguna que me gusta, por lo tanto, soy un hombre feo.
Ahora bien, debido a que ésa es una condición permanente en mí, porque en quince años de búsqueda, ninguna de las elegidas se animó a vivir la aventura de la correspondencia; por lo tanto, mi fealdad es esencial a mí.
Aparte: sólo soy sensible a la terrible grandeza de lo sublime.