Día del niño para compartir 2008
Enrique Arias Valencia
Aquel niño llegó al parque de la colonia con un flamante balón nuevo. Había entrenado toda la semana. Su instructor era un famoso jugador, hoy retirado. Sus compañeros de equipo eran muy hábiles y sabían responder al trabajo en común. Su alimentación era excelente, vigilada por atentos pediatras. Aquel niño, radiante y feliz, era el capitán de "Los Valientes".
En contraste, el capitán de "Los Truenos" el equipo rival, era un niño sin juguetes. Sus papás peleaban en su casa, y últimamente las cosas no habían ido muy bien desde el punto de vista económico. Al capitán de "Los Truenos" le gustaba la comida chatarra, y por eso, sus energías no estaban en su mejor momento. Sólo los miembros de su equipo lo hacían fuerte.
Y sin embargo, estos dos niños, que pertenecían a mundos tan distintos, ese día se enfrentaron en un partido feliz y lleno de emoción, pues la niñez no conoce las diferencias entre ricos y pobres, prosperidad y adversidad. Para la mente de un niño, sólo importa el juego.
Los niños se identifican con el momento, y tan sólo la competencia deportiva les llama la atención: quién es el que mete más goles, es lo que al principio comentan. Pero más tarde, quién es el que salta más alto, cuando ya todos están cansados, es lo que les emociona. Sólo son niños que juegan, que ríen, que corren y que, como dije, quieren saltar hasta el cielo. ¿Quién dará ese salto?
Y fue la tarde y el fin de aquel partido. No les contaré quién ganó, pero al final, el capitán de "Los Valientes" se acercó al capitán de "Los Truenos", y le extendió la mano. Ambos estaban llenos de lodo, las diferencias sociales se habían borrado. Las rodillas raspadas, las caras sonrientes. Cuando llegó a su casa, el niño sin juguetes estaba estrenando uno: el balón que su rival le había regalado. Por su parte, el capitán de "Los Valientes" con orgullo inocente, ánimo infantil, se puso la camiseta del equipo ganador. ¿La habría cambiado por su balón? Por cierto: todos los niños que habían jugado en ese partido sin igual recibieron un balón rojo como premio a su desempeño durante la final de la copa del barrio. Vista esta historia, ¿quién quiere regalar un juguete a un niño?
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