Por Arias_Ciencia @ 1:00
La madre que va a tener un hijo procurará su bien por encima del bien propio, pues solamente ella sabe del cariño, del dolor y de la alegría que entraña llevar un niño en el vientre. Si no hubiera sido porque una mujer quiso concebirnos, ninguno de nosotros estaría aquí. Al principio, mamá nos enseñó a amar la vida, prendidos aún del cordón umbilical. Y fue la tarde y la mañana de nuestros primeros pasos.
Nuestra madre lavó nuestra primera ropa: los pañales. Nos esperó con un baño caliente cuando jugábamos futbol en la calle, y así nos procuró un buen hábito: la higiene.
Los cuidados maternos nos moldearon con gran amor en nuestros primeros años de vida. Quizá algunos hasta aprendimos a leer en un libro sostenido frente a nosotros en su regazo. Cuando llegó el momento, nos llevó a la escuela, y esa misma tarde nos recibió de vuelta en sus brazos tras el primer día de colegio. Nuestra madre nos enseñó a compartir: jugando nos demostró que la vida es seria, porque ella nos dio la existencia. Y así nos alimentó la responsabilidad.
Por eso hoy, al repasar nuestros primeros años de vida, y una vez alcanzada nuestra madurez, sabemos que una madre que envejece siempre será bella a los ojos agradecidos de sus hijos, y entonces besaremos con cariño su rostro.
Todos los seres humanos de todos los tiempos hemos intuido que honrar a la madre es el primer paso para el desarrollo de una sociedad feliz. Por tanto, aunque hoy las rosas estén más caras que ayer, este diez de mayo, es una fortuna decir: "¡Gracias mamá!" con una flor cultivada desde el fondo de nuestro corazón.
Tags: mamá
COMENTARIOS