Por Arias_Ciencia @ 3:00
Nuestra madre lavó nuestra primera ropa: los pañales. Nos esperó con un baño caliente cuando jugábamos futbol en la calle, y así nos procuró un buen hábito: la higiene.
Los cuidados maternos nos moldearán con gran amor en nuestros primeros años de vida. Quizá algunos hasta aprendimos a leer en un libro sostenido frente a nosotros en su regazo.
Nuestra madre nos enseña a compartir: jugando nos demuestra que la vida es seria, porque ella nos dio la existencia. Y así nos alimentó la responsabilidad.
Por eso hoy, al repasar nuestros primeros años de vida, y una vez alcanzada nuestra madurez, podemos advertir que una madre que envejece siempre será bella a los ojos agradecidos de sus hijos, y siempre besaremos con cariño su rostro surcado de arrugas.
Todos los seres humanos de todos los tiempos hemos sabido que honrar a la madre es el primer paso para el desarrollo de una sociedad feliz. Por eso, aunque hoy las rosas estén más caras que ayer, sabemos que nuestra intención es capaz de trascender los intereses comerciales para, este diez de mayo, decir: "¡Gracias mamá!" con una flor cultivada desde el fondo de nuestro corazón.
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