Äriastóteles Platónico

sábado, 10 de mayo de 2008

Es un hecho indiscutible que si no hubiera sido porque una mujer aceptó llevarnos en su vientre, ninguno de nosotros estaría aquí. Más allá de cualquier apreciación, esto es tan evidente que el día de las madres es la única celebración que no es un invento comercial, ni de la televisión. Todos los pueblos del mundo, lo saben. Incluso, los orígenes del festejo a mamá están en la Grecia antigua, y quizá más atrás. En Grecia era a la diosa Rea a quien se festejaba por ser la madre de algunos de los dioses más importantes. El culto a la diosa Madre en Roma festejaba, quizá sin intención, a todas las madres del mundo.

Es verdaderamente conmovedor ver que algunas de las estatuas del antiguo Egipto representan al pequeño Horus en brazos de su madre Isis. Por eso podemos asegurar que el sentimiento materno es verdaderamente sagrado, y todas las culturas lo han reconocido así.

Los cuidados maternos nos moldearán con gran amor en nuestros primeros años de vida. Quizá algunos hasta aprendimos a leer en un libro sostenido frente a nosotros en su regazo.

Todos los seres humanos de todos los tiempos hemos sabido ver que honrar a la madre es el primer paso para el desarrollo de una sociedad feliz. Por eso, aunque hoy las rosas estén más caras que ayer, sabemos que nuestra intención es capaz de trascender los intereses comerciales para, este diez de mayo, decir: "¡Gracias mamá!" con una flor cultivada desde el fondo de nuestro corazón.


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