9. Jamás se me ocurrió pensar en el Dios de los cristianos como un abusador; yo más bien lo veo como un amante ausente: un fanfarrón mortal que lo promete todo, pero no es capaz de dar nada. Te contaré parte de mi historia: estudié en escuelas privadas, pero laicas. Ahí conocí las letras y las ciencias. En contraste, en el catecismo me encantó la idea de un Dios que me amaba, quien al pedirle, me daría. Así que pedí y pedí hasta que me decepcioné frente al cadáver de mi amante. No abusó de mí, simplemente murió, consumido por el movimiento de la evidencia. Y sin embargo, mi madre siempre fue, en mi primera infancia, algo más que un Dios visible: insustituible, pero no para siempre. Por eso, parte de ese amor insatisfecho para con Dios aquí está, en forma de duda perentoria.