Había una vez un árbol que tenía muchas manzanas. Al árbol venía una niña todos los días y le arrancaba manzanitas, la niña se las comía, y como eran muy buenas la niña arrancaba y arrancaba cada día más y más, las llevaba y las compartía hasta con su abuelita, y cuando el árbol no daba muchas manzanas, la niña se molestaba: ¡Quiero más! .... un día, la niña llegó a necesitar tantas manzanas que le imponía al árbol, con cierta arrogancia, que le diera lo ella le pedía.
Un día el árbol ya no dio manzanas y la niña simplemente se fue, a buscar otro árbol, claro, porque ese ya no le complacía sus necesidades.
Y el árbol sin manzanas pensaba: si esta niña se hubiera dado cuenta de que los árboles dan manzanas a medida que quienes las comen dan las gracias.
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