S?bado, 02 de junio de 2007
1
LAS CRIATURAS DE PROMETEO



I

?Qu? quimera es, por consiguiente, la del hombre?

?Qu? novedad, qu? monstruo, qu? caos,

qu? contradicci?n, qu? prodigio!

Juez de todas las cosas, imb?cil gusano de la tierra,

depositario de la verdad;

cloaca de incertidumbre y de error;

gloria y desecho del universo.



Pascal, Pensamientos,[8]



El hombre es un sue?o brumoso recreado por un Dios desconocido; todos los sue?os de los dioses son mera apariencia, est?n formados en la niebla.[9] Y sin embargo, la apariencia se asume como real, y gracias a eso, la apariencia se sabe separada de lo que la rodea, y la separaci?n es causa de dolor. Por eso, a medida que pasa esta enso?aci?n, el hombre formado en la niebla manifiesta toda suerte de contradicciones: esta criatura desear? mucho y disfrutar? poco, y as? enfrentar? el monstruoso caos de su coraz?n, alimentado por la soledad y los conflictos con sus semejantes. Porque lo primero que sucede ante la manifestaci?n es la pluralidad: el hombre sabe que hay otros hombres.



Y un aciago d?a el hombre pensar?: ??Qui?n soy? ?Qu? estoy haciendo aqu?? ?Es esto todo lo que hay? ?Qui?n de entre nosotros no ha so?ado alguna vez con un mundo donde la alegr?a se realiza y no es un sue?o infructuoso??



Podr?amos continuar as?, y sin embargo, no alcanzar?amos siquiera a columbrar el car?cter de lo humano, aunque algo de ?ste quiz? empieza a esbozarse en el relato del p?rrafo anterior, cuando dice: ?el hombre manifiesta toda suerte de contradicciones?. ?Qu? es el hombre?



El hombre es un sue?o de la naturaleza. El compositor alem?n Richard Wagner present? en El ocaso de los dioses una sentencia de Erde, la Tierra, en la que afirma: ?Mi dormir es so?ar. /Mi so?ar es pensar. /Mi pensar es la sabidur?a?.[10] Podemos concluir que la Tierra manifiesta: ?Mi dormir es la sabidur?a?, para as? formar un silogismo wagneriano. Y el hombre le debe todo a la Tierra, desde su alimento, hasta su ?ltima morada. El hombre es un juego de la sabidur?a de la naturaleza. El juego de la sabidur?a de la naturaleza es el tiempo. Y el hombre es la forma del sue?o de la naturaleza. Si el hombre es un sue?o de la naturaleza, ?qu? significa esto? ?Qu? es el hombre? Quien conozca la respuesta tiene en su poder las palabras de pase al templo de la sabidur?a. Por su parte, Pascal repara en que el hombre es una quimera, y una quimera es producto de la ficci?n, es un sue?o. Pascal considera que el hombre es una contradicci?n, pues en ?l se enfrentan multitud de motivos, entre ellos, la verdad y el error, lo m?s glorioso del universo y tambi?n lo m?s repugnante; por eso, parece que la lucha entre las tinieblas y la luz tiene en el coraz?n humano su m?s grandioso escenario. Esto puede llevarnos a advertir lo que es el hombre. El abanico de lo humano es vasto y complejo, y sus l?mites se escapan a nuestra vista, pues pertenecen tanto al bien como al mal, la certidumbre y la incertidumbre, lo negativo y lo positivo. Por eso, estar frente al hombre es tener frente a uno a la criatura donde se re?nen innumerables posibilidades, que se pueden enfrentar unas a otras. Acerca de la contradictoria condici?n del hombre, se pregunta Pascal: ??Qui?n desenredar? este embrollo??[11] Esta pregunta sobre el embrollo que es el hombre, s?lo puede ser formulada por un hombre, por lo que parece que el hombre es un extra?o para s? mismo. Y al tratar de desenredar la madeja, al decidirse tanto por un camino como otro, el hombre no deja de pertenecer al g?nero humano. Los l?mites de lo humano no pueden encontrarse. Her?clito afirm?: ?No hallar?s los l?mites del alma, no importa la direcci?n que sigas, tan profunda es su raz?n?.[12]



S? que soy un hombre, pero no s? lo que es el hombre. ?Un grumo de prote?na que tan s?lo por azar, evolucion? hasta convertirse en un Homo sapiens? Y, en verdad, ?se distingue el hombre por su sabidur?a? El otro no est? apartado de m?, antes bien, est? tan cerca, que puedo identificarme con ?l; el otro soy yo mismo. Este car?cter de extra?eza frente a nosotros mismos ha quedado inmortalizado por las minor?as celosas por conservar su identidad. La agudeza del pueblo jud?o es c?lebre por su piadoso acuerdo con respecto a lo que el hombre tiene de singular. As?, hay una historia que cuenta de un desdichado jud?o que un d?a lanz? la siguiente exclamaci?n: ?Se?or, t? que ayudas a tantos extra?os, ?por qu? no a m???[13]



En vista de que el hombre se sabe hombre, y sin embargo, no sabe lo que es el hombre, pareciera que el hombre es una paradoja, porque seg?n el Diccionario de la Lengua Espa?ola de la Real Academia Espa?ola, la paradoja es una ?Especie extra?a u opuesta a la com?n opini?n y al sentir de los hombres?.[14] ?Qui?n sino un hombre se pregunta sobre la paradoja que es el hombre? Y nada m?s opuesto a la opini?n de los hombres que admitir que, con seguridad, no sabemos qu? es el hombre; pues quiz? el com?n de los hombres sabe qu? es el hombre, m?s no as? nosotros.



Y a pesar de todo, o mejor dicho, no a pesar de todo, intentemos una respuesta, para lo cual insistiremos en nuestra pregunta y respuesta: ?Qu? es el hombre sino una paradoja?, porque lo que advertimos en el hombre es una contradicci?n en los t?rminos: el hombre es la criatura donde reside la certidumbre, y el hombre es la criatura donde se aloja la incertidumbre, por lo que el hombre es una criatura donde confluyen la certidumbre y la incertidumbre. S? que soy un hombre, pero no s? lo que es el hombre. Cuando el sabio Bodidarma fue a China, se entrevist? con el emperador, quien le pregunt?: ??Qui?n eres??, y Bodidarma contest?: ?No lo s?. A continuaci?n, el sabio abandon? para siempre aquel pa?s.



?Cuando el emperador habl? de este asunto con el pr?ncipe Chih (su mentor espiritual) ?ste le pregunt?: ??No sabe su majestad qui?n es ese hombre?? El emperador dijo: ?No lo s?. El pr?ncipe dijo: ?Es el [...] que trae a nuestro pa?s el sello de la mente b?dica?.[15]




Pero aquel que tra?a la ense?anza budista nunca volvi?. ?En qu? consist?a su ense?anza? La mente b?dica es aquella que puede ver el mundo tal cual es: puro deseo producto de una limitaci?n que acarrea dolor. El dolor es producto de los contradicciones de los seres, y para extinguir el dolor hay que extinguir los deseos; cosa que muy pocos hombres hacen, por lo que el hombre, en general, se vuelve as? en el ser donde confluyen muchos elementos contradictorios. Aquello donde confluyen elementos contradictorios es incompatible con la opini?n establecida, y en vista de que en el hombre se dan cita los extremos m?s sorprendentes, como el ser la gloria y la verg?enza del universo, es por eso que advertimos que el hombre es una contradicci?n extremosa que nos lleva a reflexionar m?s all? de los criterios establecidos, pues hay que advertir que la contradicci?n humana puede acarrear la antipat?a de los intereses del orden y la tranquilidad determinados por la opini?n general, porque se trata de una contradicci?n din?mica que es capaz de desafiar y aun de disolver la mentalidad cotidiana, pues reclama que se llegue a resolverla o aceptarla como una cuesti?n incontestable. Las opiniones ins?litas llevan la contraria a la opini?n establecida en un determinado tiempo y lugar, se mueven a contracorriente.



En vista de que Bodidarma se sab?a hombre, pero no supo decir qui?n era, pareciera que Bodidarma es part?cipe de la paradoja humana, pues ?l era quien deb?a llevar a China la ense?anza budista, pero nunca volvi? a aquel pa?s. ?C?mo saber qu? es lo representativo del g?nero humano?



As?, por ejemplo, hay cierta opini?n com?n que destaca los actos buenos como representativos del g?nero humano, en tanto que descalifica los malos como inhumanos. Pero el hombre es capaz de realizar actos monstruosos, y no por eso deja de pertenecer al g?nero humano; de hecho, es una de las condiciones del hombre el ser capaz de hacer las peores canalladas. Por eso, incluso el m?s despiadado de los asesinos sigue siendo un hombre. Si no advertimos esto, estamos ignorando que tambi?n nosotros tenemos la capacidad de actuar como ?l. Por supuesto, ?sta es tan s?lo una de las caras de la moneda, pues en tanto que somos hombres, tambi?n puede manifestarse en nosotros la posibilidad de realizar los actos m?s representativos de la bondad humana. Pero, ?qu? suceder?a si no supi?ramos cu?les son los actos buenos y cu?les los malos?



II



Aquel que reconozca el siguiente problema filos?fico, entender? la broma que hacemos a continuaci?n sobre las clases de hombres que pueblan el mundo. El objetivo es intentar contestar a la pregunta sobre qu? es el hombre desde un argumento parad?jico. Por eso, quien infiera el argumento, podr? juzgar la contradicci?n en el mismo centro de ?sta: el hombre.



Los hombres honrados dividen a los hombres del mundo en dos clases: los honrados y los bribones. Los bribones, en cambio, creen que todos los hombres del mundo son bribones, y por lo tanto, no dividen a los hombres en clases. Ahora bien, nosotros suscribimos la observaci?n de Goethe que reza: ??L?stima que la Naturaleza hiciera de ti un hombre solo, pues tienes madera para que hubiera sacado una persona honrada y un brib?n!?[16]



Si la observaci?n de Goethe est? dirigida a todos los hombres, entonces Goethe pertenece a la clase de hombres que no dividen a los hombres en dos clases, porque hay una sola clase de hombres, en la que todos los hombres bien pueden tener madera suficiente para ser honrados o bribones. Y nosotros, al suscribirla, tambi?n pertenecemos a la clase de hombres que no divide a los hombres en dos clases. Por lo tanto, estamos seguros de que existen dos clases de hombres en el mundo, aquellos que dividen a los hombres del mundo en dos clases y los que no lo hacen. Y nosotros, seg?n vimos, pertenecemos a la segunda de estas clases.



El hombre no est? acotado por los par?metros del bien y el mal, sino que el hombre acota los par?metros del bien y el mal.



El hombre es un embrollo que busca desatarse; una vez que lo consigue, la paradoja humana queda expuesta y no puede sino aceparse o desaparecer. ?Acaso ser? que el hombre es tan s?lo un enga?o, y por lo tanto, una apariencia? Hasta el momento nos hemos referido al hombre como un ?embrollo? de manera no problem?tica, como si esto fuera algo evidente, y por lo tanto, indudable. Desde luego, esto ser?a falso, pero con ello en mente intentaremos ahora apuntar al problema que se presenta cuando afirmamos que la actividad filos?fica del hombre arranca con el supuesto de que el mundo ordinario no es todo lo que hay.



En vista de que el mundo ordinario es precisamente, ordinario, resulta insatisfactorio, porque en el mundo ordinario est? desterrado el contento permanente. Pero resulta que el hombre bien puede albergar la esperanza de que el contento puede realizarse en alg?n lado. Y el hombre insatisfecho cede a la tentaci?n irresistible de asumir la creencia de que existe un mundo distinto del mundo ordinario, y lo que es m?s, el mundo ordinario es falso, en tanto que el mundo distinto del mundo ordinario es verdadero. La particularidad y la multiplicidad son los rasgos distintivos del mundo ordinario, Y dado que el mundo ordinario est? habitado por hombres, es posible que ?stos, tanto el mundo ordinario como los hombres no sean m?s que apariencias de un mundo distinto del mundo ordinario, en el que, en vez de la multiplicidad y la particularidad, se enfatizar? progresivamente la generalidad y la unidad. Esto bien puede desembocar en que el hombre resalte la idea de que el yo personal es una caracter?stica del mundo ordinario y por consiguiente, falso, como todo lo que hay en el mundo ordinario. El hombre, uno de los habitantes m?s conspicuos del mundo ordinario, es una falacia al igual que su mundo.



Sin embargo, a?n as?, el mundo ordinario sigue estando frente a nosotros, y el hombre, tambi?n. Parece que la totalidad del mundo que presentamos como alternativa al mundo ordinario no puede ser representada, m?s que en forma de aproximaciones y apariencias.



Muchas obras de arte se valen de apariencias para expresar la intenci?n de su autor. As?, una escultura de Apolo es una representaci?n de un dios en una piedra. ?Qu? nos dicen el arte y las apariencias del hombre?



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[8] Blaise Pascal, Pensamientos, Madrid, Sarpe, 1984, p?g. 150.
[9] Hay un mito hind? que sostiene que el mundo es un sue?o nocturno de Brahma, el dios creador. Cada noche de Brahma dura 4320 millones de a?os. Al respecto, el astr?nomo Carl Sagan comenta: ?Hay en esta religi?n el concepto profundo y atrayente de que el universo no es m?s que el sue?o de un dios que despu?s de cien a?os de Brahma se disuelve en un sue?o sin sue?os. El universo se disuelve con ?l hasta que despu?s de otro siglo de Brahma, se remueve, se recompone y empieza de nuevo a so?ar el gran sue?o c?smico. Estas grandes ideas est?n atemperadas por otra quiz? m?s grande todav?a. Se dice que quiz? los hombres no son los sue?os de los dioses, sino que los dioses son los sue?os de los hombres?. Carl Sagan, Cosmos, M?xico, Planeta, 1985, p?g. 258.
[10] Wagner, apud. ?ngel Fernando Mayo, op. cit., p?g. 81.
11 Blaise Pascal, op. cit., p?g. 150.
12 Her?clito, fragmento 45, Fragmentos, Madrid, Ediciones Orbis, 1984, p?g. 215.
13 Citado por William Davis en El humorismo, Barcelona, Salvat, 1975, p?g. 17.
14 Diccionario de la Lengua Espa?ola, Real Academia Espa?ola, Madrid, Espasa -Calpe, 1970.
15 Philip Kapleau, El despertar del Zen en Occidente, Barcelona, Kair?s, 2000, p?g. 136.
16 Johann Wolfgang Goethe apud. Sir Arthur Conan Doyle, Obras completas II, Orbis, p?g. 202.

Tags: Wagner, Pascal, Carl Sagan, Heráclito, Goethe, paradojas

Publicado por Ariastoteles @ 21:27  | El arte redentor
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