Lunes, 18 de junio de 2007
?Es Shiva mismo, de voluntad sin traba y de conciencia di?fana quien siempre centellea en mi coraz?n. Es su misma Shakti m?s alta, quien siempre juega al borde de mis sentidos. El mundo entero fulgura como el deleite portentoso de la conciencia del Yo puro. En realidad, no s? a qu? se refiere la palabra mundo?.[198]

Y aunque aqu? no trataremos el tema del superhombre nietzscheano, no podemos dejar de advertir que el estado del jivanmukta es aquel de quien ha traspasado el velo de Maya, y que ahora puede contemplar la Verdad: todo es uno. Y de eso s? hablamos. El arte puede hacer eso: mostrarnos el camino para descubrir la unidad del mundo. ?ste es el papel transfigurador de la Novena sinfon?a de Beethoven. La m?sica como salvaci?n. El ?ltimo movimiento de la Novena sinfon?a de Beethoven es el coro del alba del regreso de la tragedia a la m?sica. El coro nos dice a d?nde vamos, a qui?n pertenecemos.

Todos los artistas dionisiacos son compositores que nos muestran el n?cleo del mundo. Nietzsche sostiene: ?He de dirigirme tan s?lo, por el contrario, a quienes est?n emparentados directamente con la m?sica, a aquellos, que, por decirlo as?, tienen en ella su seno materno y se relacionan con las cosas ?nicamente a trav?s de relaciones musicales inconscientes?.[199]

La s?ntesis de estos planteamientos, creemos, la presenta Wagner con su Trist?n e Isolda, pues ah? se desploman las diferencias entre el mundo como representaci?n y el mundo como voluntad, y lo hacen de una manera tr?gica: Apolo termina por hablar la lengua de Dioniso. El arte, y en concreto, la m?sica puede decirnos ad?nde vamos, y pueden hacernos gozar con su revelaci?n. Y vamos a enfrentarnos con la disoluci?n de nuestro yo.

Cuando, gracias al arte puedo traspasar el velo de Maya, me doy cuenta de que yo soy la esencia de toda realidad; mas no en modo alguno, el ego que afirma esta revelaci?n, sino la voluntad que se oculta tras la representaci?n. Y sin embargo, en la medida en que participo de mi cuerpo, soy en todo y por todo, representaci?n. Y en la medida en que participo de la voluntad, soy en todo y por todo, voluntad.

?Es el hombre un sue?o, de aquel que al despertar s?lo puede descubrir que todo es uno?


II

?Vuelve!
Con todos tus tormentos, ?pero vuelve! [...]
Son mis l?grimas un r?o
que corre hacia ti;
aviva el coraz?n los ?ltimos rescoldos para ti.
?Ay! ?Vuelve
t?, mi dios desconocido! ?mi dolor!
?mi felicidad postrera!

Nietzsche [200]


Si el coro dionisiaco fue la causa de la tragedia, el coro de la Novena sinfon?a fue causa eficiente de El nacimiento de la tragedia, v?a Schiller y Wagner como intentamos mostrar antes. Y es en este momento crucial en el que todas las fuerzas est?ticas se re?nen en torno al pensamiento para renovarlo. Se efect?a as? la transfiguraci?n de la est?tica en el arte de pensar bellamente sobre el fondo terrible que constituye al mundo: un pensamiento tr?gico, como apunta Nietzsche en ?La visi?n dionisiaca del mundo?.[201]

En El nacimiento de la tragedia la metaf?sica ha sido replanteada desde una nueva ?ptica, que podemos llamar art?stica, porque es a partir del arte que se manifiesta: ?[...] el arte no es s?lo una imitaci?n de la realidad natural, sino precisamente un suplemento metaf?sico de la misma, colocado junto a ella para superarla?.[202]

Si la metaf?sica es la ciencia que trata sobre el ser en tanto que ser, sobre el fundamento del mundo, ?qu? descubre el pensador ahora que busca este fundamento por medio del ?ptica del arte? Se?ala Crescenciano Grave en El pensar tr?gico:

?Divagamos, discurrimos, buscamos con ardoroso anhelo un ?algo? a qu? aferrarnos para sostener nuestra presencia. Y, sin embargo, ese ?algo? que buscamos nos amenaza con ser ?l mismo abismado, con estar ?l mismo divagando; con carecer de fundamento?.[203]

La voluntad tiene el coraz?n dividido; nuestra metaf?sica de artista, que Nietzsche anuncia en El nacimiento de la tragedia, ha descubierto que lo ?nico permanente son las leyes del cambio, tal como lo se?alaba Her?clito: ?El sol es nuevo cada d?a?.[204]

?C?mo se le da forma al mundo abismado y terrible? Por medio del principio de individuaci?n, Apolo, quien esculpe un mundo de sue?os para representar la vida particular. Sin embargo, esta vida es mortal. ?C?mo podemos soportar esto, si el mismo fundamento es abismado? Por medio de la tragedia, el maridaje entre Apolo y Dioniso, donde la verdad terrible se expresa como belleza y forma. Entonces somos redimidos de nuestro descubrimiento metaf?sico e incluso el pensar transfigurado, el pensamiento tr?gico, participa del consuelo metaf?sico de saber que aunque la vida no conduce sino al fondo abismal de donde una vez brot?, merece afirmarse como el juego de la individuaci?n de un artista primordial del que s?lo somos im?genes art?sticas. La vida merece vivirse tal como es, una expresi?n de una tragedia.

Y sin embargo, en el himno A la alegr?a, Schiller nos dice, con c?lido j?bilo, que la alegr?a es un don del que pueden gozar tanto los buenos como los malos, por lo que concluimos que este estado del esp?ritu est? m?s all? del bien y del mal. En su Novena sinfon?a, Beethoven hace cantar al tenor y al bajo solistas, primero, y al coro despu?s, los versos de Schiller que dicen:

?Alegr?a beben todos los seres
en los senos de la naturaleza,
todos los buenos, todos los malos
siguen su senda de rosas.
Besos nos dio ella y las vides
y un amigo fiel hasta la muerte.
Hasta el gusano siente el goce
y el querub?n llega ante Dios?.[205]

El hombre, la criatura m?s d?bil del universo, es transformado por el gozo que emana de la alegr?a. Y cuando se disuelve la oposici?n entre bien y mal, est? el hombre preparado para ce?irse la corona de flores de Dioniso. Este Dios, de origen oriental, fue recibido en el pante?n heleno para que pudiera presidir el simposio de la alegr?a. Apolo, el dios de la palabra, est? listo para reunirse con su contraparte para dar nacimiento al arte que consuela. Dice Wagner:

?El esp?ritu griego, tal como se manifiesta en el arte y el Estado en el momento de su mayor expansi?n, despu?s de haberse elevado sobre la ruda religi?n natural de la patria asi?tica, y despu?s de haber colocado en la c?spide de su ciencia art?stica al hombre libre, fuerte y bello, encontr? la expresi?n adecuada en Apolo, el dios principal y nacional de las razas hel?nicas?.[206]

Este contraste entre horror y alegr?a es producto de la influencia de lo parad?jico en el arte, que como aforismo oriental, est? m?s all? del bien y del mal. El arte busca redimirnos, afirma Wagner.

No obstante, cuando Wagner desat? a los demonios del cromatismo, tuvo necesariamente que hacer de la disonancia la regla, y no la excepci?n. Beethoven, a?n en su muy heterodoxa Novena sinfon?a, respet? las reglas cl?sicas de composici?n, y s?lo recurri? a la disonancia para resaltar el car?cter tr?gico de la obra en aquellos pasajes que as? lo requirieron. En contraste, el cromatismo wagneriano tiene mucho que ver con la disoluci?n del legado musical de Occidente.

Wagner emprende una cr?tica despiadada al concepto de m?sica que hab?a prevalecido en Occidente desde los tiempos de Bach hasta bien entrado el siglo XIX. Bach sent? las bases de la composici?n musical basada en la sucesi?n de sonidos propios de la estructura de las escalas mayores y menores, la cual se conoce como escala diat?nica, cuyo ejemplar m?s famoso, es la escala de do mayor, que dice: do, re, mi, fa, sol, la, si, do. Las relaciones entre las notas son tales que, s?lo una de ellas debe presidir a las otras en el discurso musical. Dicha nota es llamada t?nica; en el caso de la escala que nos ocupa, dicha nota es do. Sin embargo, Bach descubri? que la nota que ocupa el quinto grado de la escala en cierta forma dominaba sobre las dem?s. Sol, en el caso de la escala de do mayor. La tensi?n entre la t?nica y la dominante pod?a resolverse volviendo a tocar la t?nica, o al menos, recuperando el tono original.

De hecho, cada nota de la escala se relacionaba de manera distinta con la t?nica; pero estaba claro que la melod?a ten?a un tono principal. Wagner lleva a cabo una revoluci?n contra el sistema arriba expuesto. Para explicar lo que hizo, se?alemos, en primer lugar, que entre algunas notas se encuentran otras que no forman parte de la escala. Hay un do sostenido, un re sostenido, un fa sostenido, un sol sostenido y un la sostenido; en realidad, notas m?s agudas que aquellas de las que toman su nombre.

Wagner toma toda la paleta de las notas, incluidas las naturales y sus sostenidos. La escala que resulta tiene doce pelda?os, y dado que incluye todas las notas, se le llama escala crom?tica, pues se trata de la serie completa de sonidos que pueden ejecutarse en el piano.

Por supuesto, otros compositores, como Liszt, Berlioz, Chopin y el mismo Beethoven tambi?n se valieron de este recurso; pero Wagner lo lleva hasta sus ?ltimas consecuencias. Wagner dec?a adorar a Beethoven como un dios; pero, ?no es su est?tica contraria a la Beethoven en la medida en que ?ste hace de la disonancia una herramienta entre muchas, en tanto que Wagner hace de la disonancia una obligaci?n para el escucha? Las disonancias que Wagner plantea en su partitura no se resuelven en consonancias, son paradojas sin soluci?n. Por eso queremos decir que es Wagner quien reniega del Credo wagneriano, y no Nietzsche, porque Nietzsche continu? tratando el tema del Credo, el arte, la m?sica. Nietzsche, fiel al primer Wagner, al hombre que supo hacer de la disonancia una regla, escribe en Ecce homo, cuando la luz de la raz?n est? a punto de extinguirse en la cabeza del fil?sofo:

?Desde el instante en que hubo una partitura para piano del Trist?n ??muchas gracias se?or Von Bulow!? fui wagneriano. Las obras anteriores de Wagner las consideraba situadas por debajo de m?, demasiado vulgares todav?a, demasiado ?alemanas?... Pero a?n hoy busco una obra que posea una fascinaci?n tan peligrosa, una infinitud tan estremecedora y dulce como el Trist?n, ?en vano busco en todas las artes. [...] Esa obra es absolutamente el non plus ultra de Wagner; con Los maestros cantores y con El Anillo descans? de ella?.[207]

A pesar del ?xito de su m?todo crom?tico, Wagner en Los maestros cantores regresa a la tonalidad, por eso Nietzsche dice que con esta obra, el compositor descans? de Trist?n, un tanto como Dios descans? el s?ptimo d?a de la creaci?n. Por supuesto que a lo largo de Ecce homo hay una cr?tica a Wagner, como la que se?alamos sobre Los maestros cantores, pero este vaiv?n es fruto de la traici?n al Credo que Wagner esboz?: Desde el punto de vista formal, Los maestros cantores es s?lo una comedia, y adem?s, tonal, como hemos apuntado.
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198 Abhinavagupta apud. Elsa Cross, op. cit., p?g. 120.
199 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?g. 168.
200 Friedrich Nietzsche, ?Lamentaci?n de Ariadna?, de los Ditirambos dionisiacos en Ivo Frenzel, Nietzsche, Barcelona, Salvat, 1988, p?g. 178.
201 Ensayo incluido en la ed. cit. de El nacimiento de la tragedia, p?gs. 230-ss.
202 Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, M?xico, Alianza Editorial, 1997, p?g. 187.
203 Crescenciano Grave, El pensar tr?gico, M?xico, Facultad de Filosof?a y Letras, UNAM, 1998, p?g. 11.
204 Her?clito, fragmento 6, op. cit., p?g. 197.
205 Friedrich Schiller apud. Kurt Pahlen, La m?sica sinf?nica, Buenos Aires, Emec? Editores, 1963, p?g. 126.
206 Richard Wagner, ?Esquilo y los tr?gicos? en Novelas y ensayos, M?xico, SEP, 1947, p?g 81.
207 Friedrich Nietzsche, Ecce homo, Madrid, Alianza Editorial, 2000, p?g. 53.

Tags: Elsa Cross, Nietzsche, Yug, Crescenciano Grave, Schiller

Publicado por Ariastoteles @ 19:57
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