Domingo, 02 de diciembre de 2007
Mi hermano el magno 2/4
Esa? no quiere nada con Dios

Enrique Arias Valencia

?D?nde est? tu hermano?
G?nesis


Mi hermano y yo vivimos una infancia entre algodones. Nuestra piel siempre estaba en contacto con lo m?s suave, lo m?s dulce y lo m?s agradable. Nuestros padres nos prodigaron un amor que bien podr?a rivalizar con el Dios, si realmente existiera Dios, por supuesto. Pero Dios no puede existir para alguien que no necesita la religi?n, y la religi?n sale sobrando cuando uno se siente unido con lo divino, y en eso consisti? el amor de mis padres. La infancia es lo m?s parecido al Para?so que he vivido, y desde entonces, todos sus rivales se han ca?do por su propio peso.
Parece que las cosas empezaron a ir mal m?s o menos cuando hice mi primera comuni?n. Recuerdo que la ostia me supo a cart?n. Ignoro cu?l fue la opini?n de mi hermano sobre la comuni?n. Durante un tiempo me pregunt? si era normal no sentir nada ni en misa ni durante los rezos, pero como la religi?n era cosa que me trat? de inculcar mam?, procur? hacer un valiente esfuerzo por tragarme el cristianismo, si bien los procesos digestivos me obligaron a vomitarlo gracias a los efectos de una poderosa medicina llamada Nietzsche, que la naturaleza tuvo a bien recetarme m?s o menos cuando estaba en la preparatoria. Dios estall? en un delirante hechizo de fuegos artificiales, y su pirotecnia estuvo ardiendo todav?a durante algunos a?os m?s, para finalmente extinguirse casi por completo cuando redacto con cierto sonrojo estas l?neas (despu?s de todo, la religi?n es la herencia de mam?, y ya ve el lector lo que he decidido hacer con su herencia).
Soy el mayor de dos hermanos. Muchos de los juegos infantiles yo los propon?a, y en muchos de los juegos infantiles participaron nuestros primos y sobrinos. Desde ni?o me gust? la ciencia, y as? recuerdo que con una prima, cuando ten?amos siete a?os, llegamos a jugar con un peque??simo laboratorio de qu?mica para ni?os. La ciencia fue una tentaci?n en mi cabeza, era muy divertido ver la efervescencia del bicarbonato de sodio en un tubo de ensayo donde hab?amos agregado unas gotitas de lim?n. En contraste, en el catecismo la idea era memorizar y recitar como perico una serie interminable y aburrid?sima de plegarias a un Dios in?til, lejano, y en todo caso, indemostrable.
Tambi?n me gustaban los bloques de pl?stico del estilo Lego, y llegu? a construir verdaderos alc?zares con las piececillas. Mi hermano, mi primo y yo jugamos durante a?os con los personajes de un pueblito ideal llamado San Roque en el que volcamos nuestra imaginaci?n y esperanzas de ni?os. Ya he se?alado en otro lugar que mi madre nos escribi? a mi hermano y a m? unos cuentos donde la imaginaci?n era la reina y la alegr?a era el rey.
?Qu? es pues, lo que sali? mal, y por qu? estoy tan confundido? No lo recuerdo bien, pero hay quienes me cuentan que una vez le dije a un amiguito del jard?n de ni?os: ???sa que va ah? es mi mam?, pero mi hermanito siempre me la gana!? D?mosle la raz?n al infante, pero ahora consideremos las consecuencias de una historia alternativa que me hubiera permitido conservar los brazos de mam? s?lo para m?. Si yo hubiera sido un hijo ?nico, seguramente me hubiera consumido en la soledad, pues mi temperamento siempre me ha pedido socializar. De hecho, esa fue una de las razones por las que tard? en abandonar la iglesia, en vista de que muchos de mis amigos son cristianos.
No obstante, parece que a?os despu?s tendr?a que enfrentarme de nuevo con la desagradable experiencia de verme despojado de mis privilegios de primogenitura en las entra?as de la iglesia. Nunca me ha parecido agradable la par?bola del hijo pr?digo porque en ella el hermano menor es preferido al mayor. Tampoco me parece bonita la historia de Jacob y Esa? porque el hermano menor compra la primogenitura del hermano mayor por un miserable plato de lentejas. Una y otra vez el mensaje de la iglesia es: ?los ?ltimos ser?n los primeros y t? eres irremediablemente el primero?.
Quiero hacer destacar el hecho de que este tipo de interpretaciones no tiene nada que ver con mis sentimientos concientes, y que s?lo son la base del sistema simb?lico al que me hab?a estado refiriendo al principio de este ensayo.
?Qui?n es mi hermano? Espero que mi hermano entienda que en el horizonte simb?lico la palabra ?hermano? no s?lo significa consangu?neo, sino que se refiere a todo aquel que hemos reconocido que comparte con nosotros la condici?n humana. Schiller lo afirma en el himno A la alegr?a: ?Todos los hombres se hacen hermanos bajo el suave cobijo de tus alas?. El subconsciente, menos avispado que la raz?n, no sabe hacer gran cosa con los s?mbolos, y parece que lo ?nico que hace es estorbar el noble despliegue de la raz?n. Por eso, si bien para la raz?n la palabra ?hermano? tiene un significado de fraternidad, para las torpezas de la mente subconsciente la misma palabra tiene un significado especial. Tratar? de analizar algunos de esos significados.

Tags: Enrique Arias Valencia, hermano

Publicado por Ariastoteles @ 0:00
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